Relato: Sonrie.

SONRÍE.

Hacía tiempo que no tenía un encargo de éste tipo y, además, he chafardeado las redes del cliente y es bien apuesto.

Estoy emocionada, tengo muchas ganas de este trabajo. Son los que más me gustan, pena que nunca acabe como en las películas.

Me tomo el desayuno, cojo todo el equipo que dejé preparado ayer noche y me voy para la casa de este don juan.

Hoy hace frío y la calle está bastante solitaria. Aunque quizá siempre esté así, es el primer encargo que tengo tan pronto.

Aparco el coche frente al bloque donde vive el cliente. Bajo, voy hacia el portal y pico.

—¿Diga? —dice una voz varonil.

—Soy la fotógrafa —y no sé porque lo digo guiñando un ojo y sonriendo.

—Oh, que puntual. ¡Ya te abro!

Y tanto, como para no serlo con las ganas que tenía de un trabajo así.

Suena ese ruido electrónico zumbante y abro la puerta. 

La entrada es ancha y las escaleras suficientemente espaciosas para todo el equipo pero me pesa demasiado así que tiro del ascensor.

Sin embargo, antes de que éste baja parece un chico bajando los escalones.

—Imaginaba que irías cargada —dice, con una hermosa sonrisa—. Deja que te ayude.

Me quedo un segundo en shock, sorprendida, hasta que caigo que ese chico es el cliente.

—Oh, oh. Muchas gracias, ya he picado al… —*Pip* Se abre el ascensor— ¿Subes? —le digo, guiñando el ojo.

Sonríe.

—Claro —dice, dejando escapar un sonoro “Je”.

Dejo el equipo en una parte del ascensor y después entro yo. El, que es algo más alto que yo, entra después de mí y nos quedamos bastante pegaditos por el espacio que ha quedado.

—Buenos días, por cierto —me dice, se le nota nervioso.

—¿Es la primera vez que te hacen foto? —pregunto.

—Bueno… de éste tipo sí —contesta — y también la primera vez que me las hace una chica tan guapa en mi casa —añade.

Más directo de lo que esperaba por el nerviosismo mostrado al principio pero… para directas, las mías.

—Pues ya te digo que te va sobrando algo de ropa —Le digo mientras le hago un choque de caderas.

Se ríe algo cortado, incluso se ha sonrojado. ¿Será esta la mía? Me muerdo el labio mientras le miro y veo que de reojo me va echando un vistazo.

—Es aquí —dice cuando el ascensor empieza a frenar de esa forma tan extraña que suelen hacer a la hora de parar.

—¿Tienes vecinos? —pregunto mientras se abren las puerta.s

—Sí pero este es un bloque donde casi todo son segundas residencias. En mi planta ahora mismo no hay nadie más que yo.

—Oh, entiendo —digo mientras me giro para coger las cosas.

—¿Por qué? ¿Tanto ruido hace esto? —pregunta mientras se pone detrás de mí, pegado, alargando el brazo para acoger marías de mis cosas —. Deja que te ayude.

Noto su miembro en mis nalgas, está duro y diría que incluso palpitante. ¿Se refiere a eso con el ruido? ¿O es tan inocente que cree que las cámaras hacen mucho ruido? Dios, estoy calentándome.

—Bueno, eso dependerá de lo que hagamos —digo mientras me aparto, rozando mis nalgas en él, para salir primera mientras acaba de coger mis cosas.

Y vaya si está dotado para ser fotografiado y lo que no es fotografía. Voy a tener que trabajármelo pero incluso me ha parecido notar que empujaba al pasear mis nalgas por su miembro.

—¿Qué?

—Lo del ruido, que dependerá de lo que hagamos —le digo, sonriendo y guiñándole un ojo de nuevo.

Está sonrojado pero mantiene la mirada y sonríe. ¿Confianza? ¿Ganas? Espero que ambas.

—¿Qué puerta es?

—Es que tienes a la derecha —me dice.

—Dame las cosas que así no podrás abrir —le digo, ponienodme delante de él, notando su olor y su firme cuerpo.

—Ten —dice mientras me las pasa. Meto el brazo por las tiras y me giro rápidamente para que cuelguen en mi espalda.

En ese movimiento mis pechos golpean su mano y él se aparta rápidamene.

—Lo, lo siento —dice, sonrojando.

—No hay nada que disculpar, tranquilo —le digo, guiñando el ojo— ¿Pero las sentiste bien? —pregunto entre risas.

—Eh, eh, quería decir disculpas.

—Lo sé, solo te preguntaba —añado con una sonrisa picarona mientras le miro de arriba abajo. —Cuando quieras.

—¿Qué? ¿Eh?

—La puerta, digo… —contesto sonriendo aunque no solo me refiero a la puerta.

—Oh, perdona. Ya voy, esto te pesara.

—Tranquilo —digo, mientras compruebo que a él le está pesando otra cosa y no puedo evitar morder el labio al ver ese palpitante bicho queriendo salir de su pantalón.

Abre la puerta y me deja pasar primero. Le sonrío el gesto y entro.

Pasillito pequeño directo a un comedor-cocina y con tres puertas: una al balcón y las otras imagino a la habitación y baño respectivamente.

—Es pequeña pero más que suficiente para mí —me dice, apareciendo tras de mí tras entrar y cerrar la puerta.

—Oh, es perfecta —le digo—. ¿Dónde vas a querer hacerte las fotos?

—En la habitación, si no es problema.

—¿En la habitación?

—Sí, ¿Por?

—Por nada, por nada. Yo encantada, además es perfecto para un trabajo de éste tipo —le digo girándome hacia él, sonriéndole.

—Es muy temprano, ¿Has desayunado? ¿Quieres algo antes de empezar? —me pregunta muy amablemente. Me ofrece alimento, la cosa pinta bien.

—Contigo tengo más que suficiente —le digo, sonriéndole y sacándole la lengua.

Me sonríe. No dice nada pero me sonríe.

—Cuando tú digas —le añado.

—Oh, ¿Ya? Claro.

—¿Pensabas hacer algo antes?

—No, no. Perdona, no suelo madrugar tanto —me dice, riéndose.

—Siempre se puede hacer después —le digo, aunque también durante.

Sonríe de nuevo.

—Sí… —susurra al pasar por mi lado y con la tontería estoy más caliente que el sol que está saliendo.

Entramos en la habitación. Es pequeña, con cortinas rojas, pero tiene una cama grande. No es de matrimonio pero tranquilamente caben dos personas y hay espacio para hacer lo que uno –o dos- quieran.

—Luz roja… va a quedar perfecto. Sí que estás preparado.

—Oh, no. Eso venía con el piso y ni lo he cambiado —dice, rascándose la cabeza.

Enciendo la luz, sin preguntar, para ver cómo queda la mezcla entre luz blanca y roja y me encanta. Aunque, con alguien como él, pocas cosas se necesitan.

—mmm me gusta, me gusta como quda.

—¿Sí? Me alegro.

—Bueno, preparo el equipo y emepzamos. Ves pensando poses.

—Va-vale —dice mientras me giro e intento moer lo máximo posible mis caderas mientras pongo el equipo —Lo de la ropa…

—No te preocupes, he pensado que iremos paso a paso. ¿Te parece bien? —pregunto, sin dejar de moverme ni poner todo el equipo.

—Tú mandas —dice y me encanta oír eso y, además, así no hace nada más que observarme mientras preparo todo.

—Bueno, ya casi estoy —digo mientras acabo de encajar las distintas cámaras, paseándome por la habitación mientras me muevo sensualmente y vigilo de reojo como va contemplando mi cuerpo de arriba abajo, sin aguantarse. Con todo lo que le he ido diciendo es imposible que no se haya imaginado ya algunas escenas que seguro estaría dispuesto a degustar y eso me acerca más a degustarlas —. Listo, ¿Cómo vas? —le pregunto mientras me giro.

Está ahí, de pie mirándome y sin hacer nada. Le doy una mirada de arriba abajo y veo que mis movimientos han surtido efecto, el bulto está palpitante.

—¿Empezamos? —pregunta.

—Sí, pero antes quiero preguntarte algo.

—Dime.

—Me dijiste que tenía que ser sensual y sexy, que es para una oferta de trabajo de una gran marca.

—Así es.

—¿Tengo carta blanca?

—¿Cómo dices?

—Si me das carta blanca para explotar el potencial que tienes —con segundas, con terceras y con cuartas intenciones.

Se queda un rato en silencio, mirándome, hasta que vuelve en sí cuando le guiño un ojo.

—Sí, claro. Tú eres la profesional —me dice, sonriendo y sonrojado.

—Harás que me salten los colores —le digo, aunque lo que me ha saltado es otra cosa.

—Creo que yo ya los tengo —dice, entre risas

—Sí y te quedan de fabulo —le contesto, a ver si le saco algo más —. Bueno, ¿Empezamos?

—Todo tuyo —dice y me estremezco por dentro.

Me muerdo el labio mientras me acerco a el y paro a pocos centímetros. Noto su respiración, algo acelerada, mirándome desde arriba mientras contemplo su torso. Me quedo así unas milésimas antes de hacer nada, cocinando a fuego lento.

—Bien, empezaremos con algunas poses sobre la cama y cada vez que te de indicaciones las cumples, ¿de acuerdo?

—De acuerdo, ¿Qué poses quieres?

—Bueno, empecemos por lo que tú creas conveniente para la empresa a la que vas a presentar el proyecto y a medida que vea que haces te iré indicando. ¿De acuerdo?

—Vale.

—Pues empecemos —le digo mientras voy hacia las cámaras.

Él se sube en la cama, de pie, y tira del cuello de su camisa mientras saca pecho.

Le hago varias fotos mientras cambia ligeramente de postura. Paro, me acerco a él y empiezo a gozar.

—Veamos, ahora ponte un poco así —le digo mientras pongo mis manos en sus caderas, pegando mi cuerpo al suyo y haciendo chocar mis pechos con sus nalgas —Saca esto un pelín —añado mientras empujo, con mis dedos rozando su trasero, haciendo que saque la pelvis.

—Entiendo… —dice lentamente, con respiración acelerada.

—Perfecto —añado mientras le doy una pequeña palmada en la nalga derecha.

Estoy húmeda. Húmeda y empitonada.

—Haz las mismas posturas que antes pero, además, cada tres ves desabrochándote un botón de la camisa y a medida que lo hagas en vez de coger del cuello vas cogiendo de más abajo. ¿Vale?

—Sí, jefa.

Me pone que me llame jefa.

—Perfecto, artista —le digo guiñándole un ojo y mordiéndome el labio.

Voy haciendo fotos mientras hace lo acordado. Una vez botones fueras no sé por dónde babeo más, si por arriba o por abajo.

—Vale, pasemos a algo mejor aún —le digo cuando acabamos las fotos que habíamos dicho—. Coloca una de tus manos alrededor del paquete, con el pulgar por encima y como si la rodearas con el resto. La otra mano en tu toros —le explico y, como buen chico, me hace caso— Haz unas cuantas variaciones para tener más fotos.

Empiezo a usar la cámara y él se va soltando. Hasta improvisa cogiéndose una parte de la camisa y abriéndola de forma agresiva. Estoy disfrutando, mucho.

—Vale… ahora vamos a subir el tono —digo, mientras preparo las cámaras para pasar a la acción.

Solo espero que me salga bien porque el plan be es masturbarme ahora miso y que sea lo que dios quiera.

—¿Qué tengo que hacer?

—De momento nada, espera —digo mientras acabo de prepararlo todo— Vale… veamos.

Voy hacia la cama, subo en ella y me pongo de rodillas, delante de él. Con la cara a la altura de su entrepierna y una de mis manos pegada a su torso.

No digo nada, tan solo saco la mano que tiene en la entrepierna y la pongo sobre mi cabeza mientras poso y se escucha a las cámaras hacer fotos.

El calla, mientras me mira. Le hago un gesto para que mire a cámara y lo hace. Cree que ha entendido que sucede o, mejor aún, quiere creer que está sucediendo lo que yo quiero que suceda.

Pongo mi mano al lado de su miembro y abro la boca mientras miro de perfil a la cámara. Paso mis brazos por su torso y mi cara mirando a la suya, hago varias poses y nos compenetramos.

—Para lo que quieres el book, creo que esto te dará puntos.

—Eres muy buena —dice, sonriendo.

—¿Solo soy? —le pregunto —mientras llevo mi mano a su paquete, palpándolo, jugando con el botón— tú además lo estás —.Añado y le miro mordiéndome el labio.

—T-t-tú también —dice mientras su miembro palpita en cuanto le toco.

Me mira mientras toco su miembro. Veo como sus brazos tiemblan, posiblemente porque me quieran agarrar. Muerde su labio, muerdo el mío.

—¿Vamos a darle buen material? —digo, guiñándole un ojo y agarrando su miembro a través de los calzoncillos.

—Tú mandas, jefa.

Luz verde, conseguido.

Me alzo un poco, con mi mano en su torso, y le beso el cuello. Las cámaras siguen fotografiando mientras mis labios se pierden de camión a su boca y mis manos palpan su cuerpo, su miembro, sus ganas.

Llego a su boca, muerdo su labio y me paro a un centímetro de su boca.

—Soy tuya ahora y tú eres mío así que, vamos a hacer las mejores fotografías —le digo mientras cojo sus dos manos y las llevo a mi trasero.

Me besa, me besa él de forma muy apasionada mientras sus dedos palpan mi culo.

Nuestras lenguas se entrelazan y mis manos se pierden por su espalda, bajo la camisa, mientras las suyas no dejan de palpar mi trasero.

Cogemos un poco de aire y nos miramos.

—Desde luego, no imaginé estas fotos —dice, sonriendo.

Parece más decidido, sin tanta vergüenza.

—Es un servicio especial y exclusivo que acabo de inventar para ti, ¿qué te parece?

—Que me encanta esta exclusividad —dice, empujando mi trasero haciendo que me pegue a él.

—Chico travieso… —le digo, notando su miembro en mi entrepierna.

—No tanto como tú, jefa —dice, sonriendo.

Intenta besarme, pero lo esquivo y voy al cuello.

Él hace lo mismo y besa el mío.

Me pierde que me besen el cuello pero más me pierde notar como sus manos suben por mi cuerpo, penetrando en mi suéter y dirigiéndose a mis pechos.

Las mías también se mueven, por su espalda, hacia abajo.

Llego a su cintura, el roza mis pechos. Le muerdo, él sube por mi cuello hasta mi oreja.

—Me encanta como sabes —me susurra antes de mordérmela.

Y yo me pierdo. Ardo en ganas de probarlo a él, probarlo más profundamente.

Sus manos abrazan mis pechos por encima del sujetador. Me quito el suéter, me sobra, y él me quita el sujetador.

No hay palabras, solo acciones.

Sus dos manos se aferran a mis senos mientras su cara se hunde entre ellos.

Mis pezones se enderezan mientras mis pechos se amoldan a sus manos. Manos que me palpan, con todos sus dedos, rozando mis pezones mientras exhala su acelerado aliento en mi cuerpo.

Yo me aferro a su cabeza mientras me siento, agachándolo levemente, abriéndome de piernas y haciendo que su miembro húmedo roce mis piernas, mi entrepierna, donde empieza a sobrarme el pantalón. El de los dos.

—Devórame —le susurro en la oreja e inmediatamente después paso la lengua por ella.

Me hace caso, inmediatamente.

Noto sus boca abrirse y adherirse a mis pechos. Clavarme sus dientes mientras aprieta con sus manos y se pasea con su lengua.

Me empapa y no tarda en rodear los pezones. Juega conmigo, juega con ellos.

Pasea con la lengua, sin rozarlos, mientras aprieta con las manos y mordisquea a su alrededor.

Yo aprieto su cabeza a cada segundo de placer que me da mientras con mi otra mano saco su miembro de entre los calzoncillos, bajando un poco sus pantalones para poder hacerlo y en cuanto lo toco oigo un ahogado gemido salir de entre mis pechos.

—Lo tienes enorme —le susurro y el balbucea algo, como echándome la culpa.

Me rio mientras empiezo a pajearlo y noto como una mano abandona mis pechos y corre a mi entrepierna.

Me toca, me presiona y sé que nota mi humedad a través del pantalón.

Más cuando finalmente empieza a lamerme los pezones.

A succionármelos con su boca, a mordisquearlo y golpearlos con la lengua.

—Sí… —Exhalo, llena de gusto.

Le pone, noto como palpita en canto lo digo y noto como sus bocados, sus lametones y sus tocamientos aumentan

Agarra mis pezones con los dientes y los apalea con la lengua sin soltarlos. Va cambiando de uno a otro mientras babosea mis pechos por el camino, haciéndome gemir y haciendo que lo masturbe aún más rápido.

Juego con su pene, con mis dos manos ya en él. Bajo el pellejo y toco su húmedo capullo, haciendo que se estremezca, mordiéndome más fuerte.

Ahogo un grito en gemidos y con mi brazo libre aprieto su cara contra mis pechos, hundiendo uno de mis senos en su boca, mientras mi otra mano sigue masturbándole.

El me abraza, fuerte, y baja sus manos hasta mi trasero, filtrándolas por el pantalón y arrugando mis bragas mientras palpa mis nalgas.

Quiero su polla dentro de mí ya, esa que tengo entre las manos, esa que ya está mojada por su líquido pre-seminal, que corre entre mis dedos dejándomelos viscosos y seguramente sabrosos.

Noto como hace fuerza hacia fuera de mis pechos, quizá se ahogue. Aflojo el brazo y saca la cabeza.

Respira fuerte, sin dejar de magrearme el culo, y me besa.

Nuestras lenguas disfrutan juntos, sus dedos se filtran y empieza a rozar mi húmeda raja. Ardo. Ardo mucho.

Me aparto y lo suelto. Me pongo de pie, el de rodillas, y me bajo el pantalón.

Tengo las bragas empapadas, húmedas, y él la boca ya dirigiéndose a ellas.

—Te has asalvajado — le digo entre risas mientras me baja las bragas con los diente. Dice algo pero no le entiendo—. ¿Qué? —pregunto.

—Que me has asalvajado tú —dice, sonriendo, mientras me acabo de quitar las bragas con un para nada elegante movimiento de piernas y él, inmediatamente, plana su boca en mi coño.

Gimo.

Gimo nada más notar el impacto.

Gimo al notar sus labios chocar contra los míos.

Gimo al notar su lengua pasar por mi raja, abrirla presionando mientras pasa de arriba abajo.

Gimo y agarro su cabello al notar su lengua golpear mi clítoris.

Gimo al notar como me succiona, como aguanta con los dientes y apalea mi clítoris.

—Me-me-mete… —digo entre gemidos. Quiero su polla dentro.

Me mete los dedos.

No es lo mismo pero me hace gritar y gemir más alto.

Se mueve rápido, se mueve en mi interior, mientras no deja de lamer mi coño.

Poco a poco separa su boca sin dejar de follarme con sus dedos y va subiendo.

Para en los pechos, le han encantado y me encanta que le encanten.

Vuelvo a agarrar su pene ahora que está más cerca, masturbándole mientras él no deja de penetrarme con los dedos.

Noto como mueve sus dedos en mi interior, como clava sus dientes por mi cuerpo. Ya ni sé por dónde anda y como su pene palpita en mi mano mientras no dejo de moverlo pero lo que quiero es tenerlo dentro ya y que me embista hasta hacer temblar la cama pero no soy capaz de decir una palabra entera sin que un gemido la interrumpa.

No para, parece querer que me corra solo con sus dedos, todo mientras las cámaras no paran de captar lo sometida que debo de estar.

Se acabó, ahora va a querer el follarme como si no hubiera un mañana.

Suelto su miembro y me impulso en su torso para alejar sus dedos de mi coño. Me pongo de rodillas, agacho la cabeza y le miro. Sonrío, sonrío mientras me paso la lengua por los dientes y vuelvo a agarrar su pene.

Veo como traga saliva, noto como quiere que su miembro entre en mí aunque ahora sea por la boca y yo, pese a que quiero que me embista, ahora no puedo dejar de pensar a que sabrá con el fuerte olor que transmite, empalmada y con líquido pre-seminal por mi culpa, gracias a mí mejor dicho.

Acero mi boca lentamente al pene mientras alzo mi trasero, tan húmedo como mi coño… y noto un azote.

Sonrío y me meto su pene entero, de golpe, sin aviso para contrarrestar el gusto que me ha dado el golpe.

Lo oigo gemir. Me lo saco, casi me atraganto, y empiezo a lamer de abajo arriba y de arriba abajo. Me lo como, paso mi lengua entre su pellejo y su capullo mientras absorbo éste y no paro. No paro ni por un segundo y sus gemidos no dejan de sonar, cada vez más fuerte.

Sus manos pasan de mi culo a mi cabeza y empieza a mover sus caderas. Me vuelve loca, con su sabor, con su entusiasmo, con mi calentura y yo sigo sus movimientos mientras se la como más velozmente y, de golpe, noto como se corre en mi boca.

Tanto pero tanto que tengo que sacarla porque si no me ahogo.

Tengo la cara llena de leche, me gotea en los pechos pero solo puedo cagarme en todo. No quiero que esto pare aquí y por eso sé que no puedo dejar de lamer.

Agarro su pene rápidamente, empapado en semen que se trasmite a mis manos. Semen caliente, pegajoso, sabroso, y empiezo a lamerla entera para limpiarla, mientras no dejo de mirarle de reojo.

—L-l-lo siento. Me gustaba tanto que no pude aguantar y por el placer no logre avisar.

La noto dura, aún está firme. Le guiño el ojo como respuesta mientras me aparto el cabello, sé que eso suele gustar, y sigo limpiando a fondo.

En cuanto la dejo totalmente limpia me alejo un poco y me lamo mis dedos, mientras gotea en mis pechos, sin dejar de mirarle. Su mano está en el pene, se está tocando mientras ve como me alimento de su semen.

Acabo y paso a mis bonitos pechos, alzándolos y agachando la cabeza para lamerlos y quitarme el semen que cayó en ellos.

El aún gotea, manchando el pantalón y las sabanas, que entre lo mío y lo suyo están ya empapadas.

—Quitate todo y dame duro.

—¿Qué…?

Me acerco a él, agarro la mano con la que se está tocando y acerco mi boca a su oreja.

—Follame —le susurro y vuelvo a apartarme mientras me tumbo boca arriba, rodillas alzadas y piernas abiertas, esperando que me embista.

No tardará, ya tiene los pantalones fuera y casi se cae mientras se quita los calzoncillos.

Se arrodilla y se acerca a mí, lo tengo encima de mí y noto como su pene orbita mi coño pero lo veo nervioso, dudoso.

—Hola, guapo.

—Hola, jefa.

Dios, me pone enormemente. Elevo las piernas y rodeo su cintura con ella mientras lo empujo hacia mí.

Su pene rebota en mis húmedos labios pero queda acoplados en ellos y le guiño el ojo.

—Dentro, tigre —le digo.

Se mueve un poco, unos segundos, hasta que su pene logra encontrar la clavija donde enchufarse y se enchufa. Joder si se enchufa.

Grito.

Hacía tiempo que no follaba y ya con los dedos me noté apretada pero no esperaba sentir esto al entrar su pene.

—¿Te he hecho daño?

—Idiota… era un grito de placer —le digo, mientras acaricio su pelo.

Le miro fijamente, está inmóvil con su pene en mi interior. Despeinado y con su corazón latiendo al ritmo de su miembro.

Le beso. Le beso y empiezo a mover mis caderas. Se une al ritmo.

Es tímido y le cuesta empezar pero se adapta y acelera como si fuera un actor porno.

M saca las manos de su cabello y las estampa contra la cama, agarrándome las muñecas, mientras no para de acelerar.

Suelto las piernas, pues se me retuercen el placer, mienras mis cadras ya no aguatanna su ritmo.

Mis pechos rebotan y el no deja de follarme. Noto su sudor caer sobre mis pechos y su pene entrar con fuerza en cada embestida.

Estoy gimiendo, gimiendo mucho.

Empieza a frenar. Saca el pene y noto como me agarra. De golpe parece un hombre confiado en lo que hace.

—¿Qué quieres hacer?

—Ponte a cuatro patas.

—¿Es una orden?

—Una petición, jefa.

Me muerdo el labio y sonrío.

Me muevo lentamente, para que me contemple, per a la que me pongo a cuatro patas se levanta, de cuclillas, agarra mi trasero con sus dos manos y empieza a penetrarme el coño.

No pasan diez segundos antes del primer azote y gimo. Miro hacia atrás y veo que me está mirando, mordiéndose el labio, mientras no deja de penetrarme a la vez que aprieta fuerte mis nalgas.

No para, noto sus huevos chocar en mí y mis pechos rebotar sin parar.

El placer hace que pierda fuerzas y agacho la espalda y mi cabeza acaba sobre el colchón. Aun así llevo una de mis manos a mi clítoris, me falta poco, pero enseguida me la aparta.

Se pone sobre mi espalda y con un brazo rodea mi cintura y empieza a masturbarme el clítoris sin dejar de penetrarme y, cuando ya estoy perdida en mi gozo, su otra mano agarra mis pechos, jugeteano con ellos.

Era tímido y ahora me está dando por tres lados a la vez el cabron.

Muerdo el colchón porque sino el grito se oiría hasta en mi bloque y eso que vivo muy lejos pero estoy a punto, a punto.

No para, sus dedos me vuelven loca en combinación con sus pollazos y cada pellizco en los pezones es un aumento de temperatura.

—¡Más, dame más! —grito al no poder aguantar— ¡Estoy a punto! —añado y acelera

Acelera un montón tanto con los dedos del coño como con su polla.

Deja mis pechos y se apoya en la cama con esa mano, lo está dando todo y me lo está dando a mí.

—Sí, sí… sí —no dejo de soltar entre gemidos mientras escucho sus jadeos.

—¡Sí! —exclamo en mi extasis. Me estoy corriendo, me estoy corriendo mucho —No, pares, no pares hasta correrte —añado, con dificultad.

Sigo con mi orgasmo, gritando muy fuerte, y noto como se vuelve a incorporar, saliendo de sobre mi espalda y qitando la mano de mi clitrois.

—Tú lo has pedido… —me dice.

Me agarra el culo y empieza a follarme como un loco.

Yo aún no he acabado de gemir por correrme y el quiere venirse por segunda vez.

Tarda, han pasado cinco minutos de penetración loca y ya apenas me queda voz para decir nada. Mi mente está totalmente en blanco, llena de placer y de gozo, pero sin energías para pensar y blanco se me empieza a quedar el coño.

Se está corriendo por segunda vez, lo noto. Ahoga sus gemidos, imagino que por cansancio, pero su penetración se ha vuelto errática aunque sigue igual de rápida.

—No pares… suéltalo todo —le digo y vuelve a aumentar un poco el ritmo aunque, desde ahora, irá bajándolo gradualmente.

Pasan unos minutos y para. Se separa de mi coño y se tumba.

Me incorporo con las piernas temblorosas, muy temblorosas, y contemplo su flácido miembro.

Me tumbo a su lado.

—La sesión está a punto de acabar pero aún no ha concluido.

—Eso me encanta, jefa.

Nos besamos, sus manos atraviesan mi cabello y las mías se posan sobre su torso mientras su brazo queda entre mis pechos y nuestros labios sellados por nuestra lenguas entrelazadas.

Acaricia mi cuerpo tembloroso, ardiente, sudado mientras yo noto sus palpitaciones, su corazón a cien por hora todavía y sus ganas de darme más si pudiera.

Nos tiramos un buen rato así y luego, finalmente, paramos.

—Tendré que volver cuando borre todas las borrosas para ver cuales te gustan más…

—De acuerdo.

—Y también cuando edite las seleccionadas para ver si están a tu gusto.

—Soy bastante quisquilloso.

—Las reharé las veces que hagan falta, tranquilo —le digo, guiñando el ojo.

—Perfecto —dice y va a besarme pero le hago una finta y le muerdo el cuello.

Luego le beso.

Seguro que me pide una nueva sesión. Cliente satisfecho, cliente que repite.

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