Relato: Limpieza a fondo.

Una habitación que limpiar donde te encuentras a alguien que despierta tus instintos y que… acaba por saciarlo.

¡Buen@s humed@s días/tardes/noches!

Al fin un nuevo relato (el 36º). Espero que os guste… y os humedezca 😉

LIMPIEZA A FONDO.

Agosto, faena hasta arriba y cansancio acumulado.

Ser una chica de limpieza de habitaciones es muchísimo más duro de lo que cualquiera que no haya ejercido pueda imaginar.

Limpiando habitaciones desde que entro hasta que salgo pero, hoy, ya estoy al final. Me falta la última de la mañana y, por suerte, no tendré que esperar a que el cliente se vaya a última hora como pasa en muchas ocasiones.

Abro la puerta y algo falla. ¡Hay camisetas encima de la cama deshecha!

¿Se las habrá dejado? Golpeo levemente la puerta.

—Hola, soy la chica de la limpieza. ¿Hay alguien? —pregunto, algo tímida por la sorpresa.

Nadie responde.

Suspiro de alivio. Alguna vez he entrado con los clientes dentro y me he llevado bronca. He llegado a ver cosas sorprendentes como que estuvieran en pleno apogeo de sexo pero en completo silencio. ¿Cómo iba a adivinar si hay alguien ahí, sin letrero en la puerta y en completo silencio?

—Bueno, vamos manos a la obra —digo mientras me doy dos cachetadas en la cara. Mi mente se había ido pensando en aquella escena de dos chicas haciéndolo en la habitación.

Lo primero es apartar las camisetas y dejarlas a un lado para luego llevarla a objetos perdidos. Voy a la cama, las dejo en un rincón y empiezo a deshacer la cama.

Me toca estar sola con lo que es harto complicado hacerlo así que empiezo sacándola y haciéndola una bola para luego plegarla bien en el suelo. Total, es la que está sucia, aunque poner la limpia va a ser otra odisea.

La saco y me giro para dejarla en el suelo. La dejo caer y, brevemente, veo algo extraño pero no le hago caso y me giro.

Espera. ¿Un hombre?

Me giro de nuevo.

¡Un hombre!

¡Un hombre que está semidesnudo!

¡Un hombre que está buenísimo!

¡Un hombre que está buenísimo mirándome fijamente mientras sonríe!

Voy a gritar pero su sonrisa se hace más grande y ahoga mi chillido.

—Dios. Perdón, perdón, perdón —no dejo repetir mientras me tapo la cara con las manos, estando sonrojada, pero dejando espacio entre los dedos para completar ese monumento que tengo delante.

—No, no te preocupes —dice, con una voz muy varonil— es culpa mía por no poner el cartelito que dejáis para cuando no queremos que entréis.

—Ahora mismo me voy, vendré luego a limpiar —digo mientras me giro e intento dar el primer paso, nerviosa y sonrojada por haber imaginado mil escenas con ese hombre tan apuesto.

—Espera, espera, ¿Tienes un momento? —Me dice, agarrándome la muñeca —Necesitaría un favor.

—Sí, esta es la última habitación del turno así que…

—¿Me ayudará, entonces? —me interrumpe, antes de que acabe.

Me giro lentamente hacia él, sonrojada y con la mirada baja pero la levanto en cuanto veo como se le marca el miembro en los boxers. Palpitante tronco tiene escondido que no tardo en imaginármelo explorando mi interior.

—¿Estás bien? —me pregunta, ante mi silencio.

—Eh, sí, sí, claro. Perdona.

—¿Eso es un sí? —vuelve a preguntar, sonriendo entusiasmadamente.

Su cara sonriendo es casi tan impactante como lo que tiene abajo y yo ya no sé dónde mirar.

—Claro, es parte de mi trabajo. ¿En qué puedo ayudarte?

—Pues verás, me cuesta llegar a mi espalda así que pensé que podrías frotármela.

¿Qué? ¿Qué le frote la espalda? Dios, y tanto que quiero pero no me veo capaz. La espalda y lo que me pida pero, dios, dios, no esperaba esto.

—¿Entonces, puede? —insiste ante, de nuevo, mi silencio mientras mi temperatura aumenta. Noto hasta la humedad en mi entre pierna.

—Podría… intentarlo —digo, agachando la mirada y, seguramente por cosa de mi imaginación, viendo su miembro aún más marcado, más grande, con lo que de nuevo aparto la mirada, esta vez hacia un lado.

—¿Intentarlo?

—Sí, o sea, quiero decir… no sé si seré de ayuda.

—Con esas bonitas manos seguro que sí, además es “solo” —remarca mucho al palabra, con lo que me desanimo un poco— “frotar” —vuelve a remarcar, y quedar en silencio.

No ha dicho “espalda” tras “frotar” y, siendo sincera, ahora mismo quiero frotarle todo. De hecho ya me estoy imaginando frotándole otra cosa con algo que no son las manos.

—¿Entonces? ¿Lo hará? —pregunta de nuevo, ante mi nuevo silencio por culpa de estar distraída imaginándome su esbelto cuerpo en mi interior.

—S-s-sí, claro —digo, titubeando. Es más fácil imaginarlo que decírselo o hacerlo.

—Perfecto, gracias —dice, sonriendo.

Me vuelve a coger la mano y me lleva hacia el baño, el cual es bastante grande ya que está en una de las suits.

—Me encanta la bañera de esta habitación —me dice, mientras se para frente a ésta.

Una grande, cuadrada, con una pequeña escalera tanto para subir y bajar, para poder meterte en ella y salir sin tener que hacer nada.

—Con permiso —dice, de espaldas a mí— me quito esto —añade, mientras se baja los calzoncillos.

Lanzo un ahogado chillido y me sonrojo. Él se gira, con cara sorprendido.

—¿Te molesta? ¿Te he incomodado? Perdona, pensaba que asumías…

—No, no me molesta. O sea, quiero decir… al decirme… fro-frotarte la espalda no pe-pe-pe-pene… ¡Pensé! —Rectifico rápidamente, notando como ardía mi rente— ¡No pensé en el resto del cuerpo! —añado antes de que él pudiera siquiera reaccionar.

—No te preocupes, con lo bonita que eres seguro que has visto muchos y más bonitos que el mío —me dice, guiñándome el ojo y sin darme cuenta me muerdo el labio.

Estoy entre saturada, avergonzada y más caliente que un cocido en pleno agosto.

—N-n-no se crea —contesto, mientras le miro el perfecto trasero que tiene. Parece firme y mullido.

—¿No? Pues será porque no ha querido —dice, sin quitar su sonrisa, mientras se gira y empieza a subir la escalera.

No puedo dejar de mirarle y mis ojos no pueden separarse de su entrepierna, deseando ver algo en caso de que se de la oportunidad, pero se empieza a meter en el agua sin que haya podido ver nada.

—¿No viene?

—¿Eh?

—¿Cómo va a frotarme la espalda desde ahí?

—¿Qu-qu-que quiere decir?

—Pues que entrés en la bañera para frotarme la espalda. Desde fuera te será incomodo llegar a la parte de la cintura —dijo, girándose hacia a mí.

Estaba ahí, desnudo, bajo el agua con su pene apuntando hacía mí, seguro.

—Pe-pe-pero me mojaré el traje —dije, pensando en mi delantal, pantalones negros y camiseta negra con volantes blancos.

—Pues quítatelos.

Me quedo sonrojada. Lo noto, mi cara arde y lo que eso peor: quiero hacerlo. Quiero meterme dentro con él. Llevo tiempo sin hacer nada placentero y nunca pensé hacer nada así y lo tengo ante mí, desnudo y bajo el agua pidiendo que me meta con él y le masajee.

—¿Tiene algún problema? ¿Necesita ayuda quizá? —me pregunta, haciendo el gesto de ir a levantarse.

—No, no. Ya me lo quito —digo, logrando que parase. Solo imaginarme viendo su pene me pone el corazón –y lo que no es el corazón- a mil— pero…

—¿Pero?

—¿Pu-pu-pu-ede darse la vuelta? —pregunté, tímidamente, agachando la mirada.

—¡Oh, dios! ¡Claro! Perdona, que violento ha debido de ser para ti —dice, haciendo una reverencia, levantándose de golpe y haciendo que ponga las manos sobre mi cara—. ¡Perdona! Soy muy torpe con las relaciones, no pienso mucho lo que digo ni pido.

—Tranquilo, tranquilo —digo nerviosa, deseando y a la vez no que se agache y de la vuelta.

—Ya está —dice.

Miro entre mis dedos y, efectivamente, se ha girado. Tiene la espalda ancha y fuerte. De esas que una desearía recostarse y dormirse pero yo ahora la tengo que frotar.

—Si no se da prisa el agua se enfriará —me dice.

—Vo-voy.

Lo primero que hago es quitarme los guantes. No quiero estropearlos tampoco con el jabón. Me quito el delantal y luego la camiseta. Veo que intenta girarse, como si quisiera mirar de reojo. No digo nada, deseo que lo haga aunque me ponga nerviosa.

Me quito el sujetador y, seguidamente, me intento quitar los pantalones. Me resbalo y casi me caigo. Cierro los ojos y escucho ruido en el agua. Cuando me doy cuenta estoy sobre su brazo con su cara frente a la mía y mis pechos aún botando por el movimiento.

—¿Está bien? —me dice con el rostro mojado y goteando sobre el mío.

—Eh… eh…

—¿Se ha hecho daño? ¿Está mareada y no puede contestar?

—N-n-no. No es eso.

—¿Entonces?

—Estoy bien, es solo que…

—¿Sí?

—Su rostro, su rostro está muy cerca.

Se hace el silencio. Se me queda mirando unos segundos, pareciendo incrédulo.

—¿Es algo malo? ¿Le asusto?

—No, por dios. ¡Si es hermoso! Por eso lo digo.

—¡Uf! —dice sonriendo—. Menos mal, tú también me pareces preciosa.

Creo que mi corazón se puede sentir en todo el hotel.

Su mano palpando mi espalda y la otra cogiéndome la cintura desnuda. Mi pantalón casi quitado y mis pechos frente a él, quien tiene su cara a pocos centímetros de la mía, haciendo que mi rostro tan solo quiera ir hacia el como si ejerciera una fuerza gravitatoria sobre mí.

—Debería de tener cuidado. Quizá por el vapor el suelo se ha humedecido y por eso ha resbalado —me dice. En absoluto, la cuestión es que soy lo más torpe que nunca he conocido.

—Gra-gracias.

—¿De verdad no quieres ayuda? —me dice mientras me va soltando a la vez que me pongo en pie, con el pantalón cayéndose.

Le miro y veo que baja la mirada. Tengo los pantalones por los tobillos y tan solo estoy en bragas. Colorada, a más no poder, y ya perdida totalmente en el río.

 —Ya que estás… quizá sí.

—Vale, voy.

Levanta la pierna para salir de la bañera, le veo el miembro que está bien erguido y solo puedo preguntarme si es por verme a mí o por la calor del lugar. Lo que está claro es que yo si estoy calentándome y es por él.

Trago saliva, tan fuerte que creo que me escucha ya que me mira momentáneamente. Me pongo más nerviosa pero el ignora todo y vuelve a agachar la mirada mientras acaba de salir de la bañera.

Desnudo, frente a mí. La mirada se me va abajo, no puedo evitarlo, y vuelvo a mirar su hermoso y gran miembro. Enseguida subo la vista y él me está contemplando, sonriente.

Me ha pillado mientras disfrutaba de las vistas. Espero que él también las esté disfrutando. No es que me considere un bellezón pero creo que soy, cuanto menos, apetitosa y más desnuda. Al menos eso quiero creer ahora.

Dios, antes me moría de vergüenza y ahora solo pienso que quiero devorarlo. Está tremendo.

Vuelvo a la realidad y veo que ya está agachado, con la cabeza frente a mi cintura y con sus manos bajando mis pantalones.

—Levanta con cuidado la pierna derecha —me dice, sosteniéndome el gémelo y con su pelo rozándome las braguitas.

Levanto cuidadosamente.

—Ahora déjalo en el suelo y levante con cuidado el otro pie.

Hago caso. No digo nada, tan solo respiro fuertemente. Tanto que me da vergüenza.

—Esto… —murmura, con la cara frente a mi entrepierna.

—¿Sí…? —pregunto, vergonzosa.

No sé si quiero que se quede ahí, avance o se levante ya pero quiero algo seguro.

—¿Le ayudo a quitárselo? —pregunta en tono serio.

—¿Eh? ¿Qué? —pregunto nerviosa y con ganas, sinceramente.

—¿Qué si le ayudo a quitarse las braguitas, además creo que las he mojado sin querer? —y razón no le falta pero más que mojarlas él las he mojado por él.

—No, no, ya me las saco yo. Vaya entrando o se enfriará.

—Como quiera —dice.

Se levanta y, al hacerlo, noto como su pene roza mi entrepierna y como su nariz roza mis labios. Aunque ya no sé si son imaginaciones mías o que.

—No tarde en entrar. Puse el agua muy caliente pero aun así no tardará en enfriarse —me dice.

—Vo-voy —digo mientras se gira.

Estoy mirando abajo, mirándome las bragas. Están mojadas, se ha tenido que dar cuenta que es mi coño el que lo ha mojado y no él.

Escucho como se mete en el agua, lentamente.

—Voy a hacerlo —murmuro, mordiéndome el labio y apretando los puños.

Tengo ganas y quiero. No se si realmente solo quiere frote su esapalda, ojalá que no, pero a partir de ahora voy a intentar que si solo quiere eso dárselo junto a un masaje completo.

Me quito con cuidado las bragas y las miro en el suelo, sin saber todavía muy bien como pero donde quiero que estén. Pongo la mirada al frente y le veo a él, acomodándose, de espaldas.

Me da algo de coraje, lo esperaba de cara contemplándome con una sonrisa entre inocente y lasciva que, a fin de cuentas, es la que habré hecho yo cuando le he visto a él.

—Vo-voy a entrar —digo.

—Perfecto, el jabón y la esponja está en la pequeña estantería de aquí —dice, señalándome la esquina que esta junto a la escalera de la bañera.

—Va-vale…

—¿Sucede algo?

—¡No! —digo nerviosa. Ahora me da más vergüenza el haber pensado todo lo que he pensado.

Subo lentamente y bajó más despacio aún. El agua está muy caliente, no quiero saber cómo estaba cuando él entró.

Se me escapa un chascarrillo al meter el segundo pie.

—¿Está muy caliente? —dice, con tono preocupado, mientras se gira. Imagino que instintivamente.

Se me queda mirando, con rostro de sorpresa.

—Señorita, es realmente hermosa. Parece sacada de un cuento de hadas.

No lo esperaba, no ahora tras parecer tan tibio frente a mi desnudez.

Me resbalo por la sorpresa y caigo sobre él o, mejor dicho, el se levanta para agarrarme pero acabamos los dos tumbados en la bañera. Yo sobre él, rozándonos.

Noto sus manos en mi cuerpo, en mi cintura y mis nalgas mientras mis pechos presionan en su torso y mi entre pierna roza su pierna mientras su miembro golpea lentamente mi muslo.

—¿Está bien, señorita? Escucho, muy de cerca.

Vuelvo en mí, abro los ojos y miro al frente. Lo tengo delante, con la cara mojada y con todo el cuerpo desde el cuello bajo el agua. Yo sobre él, respirando fuerte, nerviosa, cachonda, avergonzada y con unas ganas locas de besarle.

—No…

—¿No? ¿Se ha hecho daño?

—No es eso… —digo, apretando su brazo con mi mano derecha y acercando mi cara.

Será por el calor, por estar sobre él sin ropa alguna o por estar en remojo pero lo quiero dentro de mí y lo quiero ahora.

—¿No…? —dijo, relajando su rostro y empezando a mostrar claro interés en mí. Si no en su cara sí en su miembro, que lo noto más duro golpeando mi pierna.

—No… —digo, palpando con mi otro brazo parte de su torso, mientras aprieto con mis pechos y deslizo un poco mis caderas sobre su pierna… húmeda por su culpa.

—¿Y qué le sucede? —pregunta, deslizando la mano que tenía en mi cintura, bajándola hasta mis caderas y estirando los dedos que palpan mi nalga derecha, como si buscará el tesoro oculto que hay entre ellas.

No contesto. Paso la lengua por mis labios mientras le miro y bajo mi mano por su torso, lentamente, mientras el palpa mi trasero y presiona con su pierna mi coño.

Nuestra respiración se acelera y nuestras caras se acercan despacio hasta que nuestros ojos se cierran e, inmediatamente después, nuestros labios se juntan.

Nos besamos apasionadamente mientras nuestras manos palpan el cuerpo del otro. Nuestras lenguas se juntan, luchan y disfrutan mientras nuestros dedos acarician los rincones de nuestro cuerpo. Su pierna roza mi clítoris y logro aguantar los jadeos con dificultad mientras sus manos ahora están ambas en mis nalgas, masajeándolas palpándolas.

Su cara se va hundiendo y paramos un momento, hay que acomodarse.

—La espalda tendrá que esperar… —digo, mordiéndome el labio mientras me aparto.

La bañera es grande así que puedo echarme atrás mientras els e incorpora.

—Espero no causarle problemas en el trabajo —dice, siendo aún tan gentil. Aun con el miembro alzado hasta límites insospechados.

—Esta era mi última habitación y la pienso limpiar a fondo.

—¿A fondo?

—Como a ti —digo mientras me acerco, arrodillada, y pongo la mano sobre su pene.

Se estremece.

Noto como palpita, como se engrandece.

Empiezo a moverla, a masturbarle, mientras acerco más mi cuerpo al suyo.

Nuestras bocas vuelven a buscarse y se encuentran. Sus brazos me atrapan y juntan a él mientras nuestras bocas se deshacen en una y el agua se mantiene a temperatura gracias a lo ardiente que estamos.

Mi otra mano le abraza, para aguantar su envite. Está emocionado y no lo noto solo por su miembro viril sino por las ganas en las que me besa y por como sus dedos palpan mi cuerpo pese a no estar en ningún punto erógeno.

—Es tan sabrosa como hermosa —me dice, tras estar un par de minutos besándonos sin parar.

Es el piropo más extraño que me han hecho en mi vida aunque no puedo evitar reírme.

—Tú también eres muy sabroso. Me pregunto se serás igual en todo el cuerpo.

—No sabría que decirte…

—Pues vamos a comprobarlo —digo, apretando su pene.

La vergüenza ha desaparecido por completo en este punto y ahora solo me queda la lujuria.

El me sonríe y le hago un gesto con la mirada, para que se levante.

Hace caso, lentamente, y miro como su esbelto cuerpo va saliendo del agua aunque lo que más deseo ver es su pene.

Llega el momento y choca contra mi barbilla. Agacho la mirada, abro la boca y saco la lengua. La pruebo. Pruebo su cabeza cuando sube, tras pasar la barbilla, y luego se refriega en mi cara.

—Lo sien…

—No, no hay nada que sentir —le interrumpo, lenvantado la mirada y viendo como su rostro inocente cambia a uno más lascivo.

Está en pie, con su pene por encima de mi cabeza y esperando a que lo devore.

Yo, arrodilla, me alzoo un poco para estar a la altura y finalmente estoy cara a cara con eso que antes quería ver pero me avergonzaba tanto que intentaba evitarlo. Ahora lo huelo y estoy a punto de saborear.

Un olor fuerte, viril, y un aspecto fornido y palpitante.

Miro de reojo hacia arriba y veo cómo me está contemplando. Abro la boca lentamente y saco la lengua. Él se muerde el labio inferior. No puedo evitar mostrar una sonrisa lasciva sin cerrar la boca.

Avanzo lentamente con la cabeza, con la lengua fuera, para empezar a saborear ese manjar que tengo enfrente.

Mi lengua choca con su capullo. Está húmedo pero no por mí sino por la bañera y eso tenía que solucionarlo.

Le pego un lametón y oigo un gemido ahogado salir de su boca. Le miro de reojo y veo que me está contemplando lascivamente, muy lascivamente.

La meto en mi boca y empiezo a rodearla con la lengua mientras mi mano aprieta fuerte su tronco para que no resbale. Oigo sus ahogados gemidos y me hacen arder. Empiezo a masturbársela con la boca, lentamente, y acelerando poco a poco ayudándome con la mano.

El da un pequeño paso atrás y noto como hace fuerza para no resbala. Decido acelerar y con la mano que tengo libre me aferro a sus nalgas, para ganar equilibrio, para evitar que se mueva, para tener su miembro más cerca del fondo de mi garganta.

Sus gemidos cada vez son más claros y sus manos se pierden en mi cabello, lo está disfrutando. Lo disfruto y saboreo.

Tras unos minutos paro, tengo que coger aire, y le miro mientras mi boca no deja de salivar.

—Es usted una gran limpiadora.

—Lo intento al menos, caballero.

—Pero yo no me quedo atrás.

—¿Eh?

Me sorprende.

No me da tiempo a reaccionar y se vuelve a meter en el agua, quedando su cara a mi altura. Me besa y me tira para atrás, hasta que logra que mi culo pegue con el suelo e inmediatamente me abre las piernas y se zambulle.

—Dios… —se me escapa cuando abre mis labios inferiores y su lengua choca con mi raja.

Empieza a lamerme y es tan extraño que me lo hagan bajo el agua como placentero, increíblemente placentero.

Noto su lengua chocando constantemente con mi clítoris y me estremezco. Me encanta. De vez en cuando la baja y rodea el agujero, deseando que me penetre pero quitándomelo de la mente en cuanto vuelve a subir para presionar y mordisquear el clítoris.

Gimo, gimo de placer y mis manos se hunden en el agua, enredándose en su cabello mientras presiono su cabeza contra mi coño.

Sale del agua, me mira sonríe coge aire y vuelve a bajar.

Quiere seguir desayunando, quiero seguir alimentándole.

—Sí… jadeo, intentando no moverme mientras aprieto su cabeza.

Lo estoy gozando, gozando mucho.

Tanto que quiero más, quiero ir más lejos.

Tiro de su cabeza levemente, a ver si lo entiende, pero sigue y me gusta, me encanta. Tengo su lengua azotando el clítoris mientras sus dientes lo aga…

—¡DIOS! —grito.

Me ha metido los dedos. Dos de golpe, creo.

—Dios, dios… me estremezco. Mis piernas rodean su cuerpo mientras su lengua presiona mi clítoris y sus dedos no dejan de entrar y salir.

Gimo sin parar, no dejo d estremecerme y el sigue.

No debe de haber pasado mucho rato, porque está bajo el agua y no creo que pueda aguantar varios minutos sin dejar de hacerme eso pero para mí está siendo una eternidad de placer.

Pasa un rato y vuele a la superficie. Lo miro entre jadeos, no para de penetrarme con sus dedos.

Me sonríe muy confiado, como quien está ganando una victoria. No puedo quedarme quieta, no quiero disfrutar solo yo.

Separo las piernas de su cuerpo e intento incorporarme, como puedo. Quedo sentada pero sus dedos no paran aunque están a la espera de ver que hago.

Me curvo hacia él y le agarro la cabeza para traerla hacia mí y besarle. Inmediatamente mi otra mano va en busca de su pene.

Nos besamos apasionadamente mientras nos masturbamos el uno al otro a la vez que con su otra mano no deja de sobarme los pechos, agarrármelos.

Le muerdo el labio, me devuelve el mordisco y acelero la masturbación.

El hace lo mismo y encima retuerce mis pezones.

Tengo que separar mis labios, tengo que gemir, tengo que respirar. Lo hago pero él quiere más y ojalá que no deje de hacerlo.

—Estás deliciosa.

—Tú… estás… tremendo —digo entre jadeos.

Acelera mientras yo freno porque no puedo aguantar tanto placer.

—¡Uf! —exclamo.

Su boca está en mi pecho izquierdo mientras su mano libre manosea el derecho, retuerce mis pezones tanto con los dedos como con los dientes y todo sin dejar de penetrarme.

—Dios… sí… —repito, varias veces.

No me sale algo más. Mis piernas se estremecen fuera del agua, alzadas, mientras mi coño parece querer absorber sus dedos. Sus dientes ya no solo muerde mis pezones sino que va mordisqueando mis pechos al completo, como quien cata un buen bollo de carne.

—Me…me… —intento decir, entre jadeos— ¡Métemela! —grito a la vez que aparto su cabeza de mis pechos.

Le beso, le beso apasionadamente mientras agarro su cara. Sus dedos se han quedado quietos, en el interior de mi coño, y son mis caderas las que se mueven ahora.

Sus brazos me empujan hacia él y noto su miembro chocando en mis muslos. Está erguido, duro y mis manos se van a él sin dejar de mover mis caderas, donde tengo sus dedos moviéndose de nuevo.

—Te… quiero. De-Dentro —digo, tras separar mi boca de la suya.

El muerde mi cuello mientras empieza a mover los dedos en mi interior, hacia todos lados. Mis caderas paran pero mis manos no, lo masturbo y tiro levemente de su miembro, acercándolo a mi coño.

Se lo he dicho claro, se lo he pedido. Lo quiero dentro ya.

No tarda. Saca los dedos, suavemente, y abre mis piernas. Tira de ellas y resbalo, hundiéndome en el agua.

No me da tiempo ni a pensar en cerrar la boca cuando sus manos, muy veloces, me sostienen y elevan.

—¿Estás bien?

—Puedo estar mejor —digo mientras paso mi mano por su cabello y acerco su cara a la mía.

Le beso mientras enrollo mis piernas en su cintura, acomodándome encima de él.

Noto su miembro en mi entrepierna y empiezo a moverme delicadamente. Mis labios inferiores se abren y recaen sobre su pene, como si estuvieran lamiéndolo por el costado pero no quiero que mis coño lo lama sino que se lo trague y por cómo está palpando mi cuerpo con sus manos entiendo que el también lo quiere.

—Me —digo tras separar mi boca de la suya —te —añado mientras acerco mis labios a su oreja— la —finalizo y le muerdo el cartílago, pasando la lengua por él.

Me agarra con sus fuertes manos la cintura y se mueve por debajo de mí. Se está acomodando y noto como su pene empieza a moverse entre mis labios, palpitando y empujando.

—Lo deseo —me dice, sonriendo.

Tarda unos segundos pero tras hacerme gemir al pasar su pene por mi clítoris mientras la intentaba meter gimo al notar la punta penetrando mi coño.

—Ah… —jadeo, gozo mientras lentamente va penetrándome hasta que la mete entera.

Se queda quieto, con ella dentro, mientras me mira.

Le beso.

Me muerde el labio.

Muerdo su lengua mientras araño su espalda.

Empieza amover sus caderas mientras aprieta mi cintura.

Separo mis labios de su boca, gimiendo, notando como acelera.

Lleva sus dientes a mi cuello.

Me muerde, me besa, pasa la lengua de arriba abajo y llega a mis pechos.

Acelera, cada vez más, mientras muerde mis senos. Gimo, gimo mucho y noto como empiezo a dañar su espalda.

No parece importarle y lo agradezco, necesito canalizar todo este placer de otra forma aparte de gemidos.

Nos fundimos en uno. Su rostro sigue entre mis pechos y mi cara muestra un desfigurado rostro lascivo que no deja de gemir, cada vez más por cada penetración más rápida. El agua no deja de salirse de la bañera, ya tibia y casi fría, mientras el suelo está tan empapado como nosotros.

—Sí… —digo mientras pasa de morder mis senos a agarrar mis pezones con sus dientes, golpeándolo con la lengua, sin dejar de mover las caderas para meterme su miembro hasta lo más hondo de mi coño.

—Más… más… —digo mientras entre jadeos. Me hace caos.

La bañera está a la mitad de agua y ésta y a fría pero nosotros seguimos igual de ardientes que hace un rato. Me está dando como nunca lo habían hecho y no separa su boca de mis pechos.

Yo cada vez gimo más, no aguantaré mucho. Araño su espalda mientras intento taparme la boca con una mano, no quiero gritar tanto que nos oigan desde recepción.

Separa su boca de mis pechos y me mira.

—Estoy a punto… —me dice.

—Y… y-y…—no puedo articular palabra, ha acelerado muchísimo— ta-ta-también —logro decir.

Acerca su boca a mi oreja y la muerde.

—Aguantaré hasta que te corras y luego te llenaré el cuerpo de mi leche —me susurra tras morderme y hace que arda el doble de lo que lo hacía.

Acelera. No sé planea aguantar pero yo ya me pierdo en el placer. Esas palabras me incendian.

Me vuelve a morder la orea. Aparta la cara y me mira.

Le beso, le beso apasionadamente mientras empiezo a mover mis caderas de forma inconsciente.

Estoy a punto, a punto.

Muerdo su labio, muy fuerte.

Araño su espalda.

No logro ahogar los gemidos en sus besos.

Acelera, más hondo y yo sigo sus movimientos.

Sus manos están en mis nalgas, apretando fuerte y empujando también.

Dejo de besarlo y gimo, gimo mucho.

—Estoy a… —digo y acelera aún más.

No acabo la frase, me corro. Me corro y muerdo su hombro para ahogar unos gemidos enormes que, pese a todo, no puedo esconder por completo.

Va frenando, poco a poco, pero sin dejar de darme. Estoy en extasis.

—¿Cómo estás? —dice.

Ya ha parado. Yo no, sigo jadeando.

—Mejor que tú pero… —digo, cogiendo aire— ahora lo soluciono.

Se relame los labios, me ha entendido.

Me penetra por sorpresa y gimo. Creo que es su respuesta, enantado.

—No tendrás mucho trabajo… —me dijo pero me estoy relamiendo pensando que voy a devorar su pene.

—Sal y levántate… —le digo.

Lo hace. Sale de mi interior, de debajo de mí y se alza.

Le veo tiritar. El agua ya está fría y tiene casi todo el cuerpo fuera de ésta. Tengo que solucionarlo.

Tengo su pene frente a mi cara. Me arrodillo y acomodo, también noto el frío pero no me importa. Ardo por dentro.

Me paso el cabello empapado por la oreja y cojo su miembro.

Empiezo a moverlo, el gime. Lo meto en mi boca, entero hasta atragantarme.

Noto como palpita en mi boca, como está hinchada. Paso mi lengua, no dejo de moverla mientras meto y saco su pene. Mis dientes la rozan, y presionan esa vena hinchada.

Esto es como el postre después de un atracón de sexo pero nunca y quiero mi vasito de leche caliente.

Le miro y veo como está aguantándose. Quiere intentar aguantar todo lo posible.

Pone su mano en mi cabello mientras apoya la otra en la pared, para aguantar el equilibro con tanto meneo y placer. Está temblando.

Gime, gime cada vez más y me pone a cien. No me estoy tocando el clítoris porque lo tengo tan sensible que hasta se la mordería descontroladamente pero palpo mis pechos, pechos enrojecidos por sus mordiscos.

Mi lengua pasea por su capullo, saboreando el líquido pre-seminal, amargo. Un aperitivo de lo que está por llegar.

—Dios… dios… —exclama.

Me emociona, adoro saber que está gozando pro mí. Por mi lengua.

Aprieta mi cabeza, enreda sus dedos en mi cabello y mi lengua jo deja de saborear.

La saco para coger aire, sin dejar de mover y le miro sonriente.

—Estoy a punto —me dice, mordiéndose el labio, entre jadeos.

Masturbo más rápido y abro la boca frente a su pene, con la lengua bajo su capullo mientras no dejo de moverla para darle más placer mientras espero el chorreo en mi cara.

—¡Vo-vo… —no hace falta que diga más, tampoco lo hace porque empieza a gemir.

Se corre. Parte acierta en mi boca pero mancha mi cara, mi rostro. Cierro los ojos mientras saboreo su líquido y lo noto chocar contra mi cara y bajando por ella. Me lo follaba otra vez tras esto.

Deja de salpicar, me quito el semen de los ojos y los abro. Está cogiendo aire, jadeando. Le sonrío y vuelvo a su pene, a limpiarlo.

Amargo, olor fuerte y sabroso. Querría más de esto.

Acabo y me relamo lo que tengo en la cara para luego quitarme lo pegajoso con el agua ya helada.

—Dios… —dice.

—Eso digo yo…

—Tienes frío, ¿Estás temblando?

—Un poco, sobre todo si lo comparamos con lo ardiente que estábamos hace poco.

—¿Vamos a acurrucarnos en la cama?

Me quedo en silencio. Hasta las cuatro no se dan altas en las habitaciones y puede que esta incluso esté libre pero lo que más pienso es en si podremos seguir follando ahí.

—¿Sucede algo? No puedes.

—No, sí que puedo pero…

—¿Pero…?

—Solo si me calientas con tu cuerpo… —digo, sonriente.

Me sonríe.

Va a seguir siendo una buena mañana.

Os recuerdo que podéis comprar mis libros en Amazon. Agradecería que comentarais que os parece el relato, si os a gustad o sino y el porqué 😉

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