Adelanto: Limpieza a fondo.

¡Buenos humed@s días/tardes/noches!

Lo prometido es deuda.

Adelanto del próximo relato: Limpieza a fondo. Espero que os guste… ;P

—¿Está bien, señorita? Escucho, muy de cerca.

Vuelvo en mí, abro los ojos y miro al frente. Lo tengo delante, con la cara mojada y con todo el cuerpo desde el cuello bajo el agua. Yo sobre él, respirando fuerte, nerviosa, cachonda, avergonzada y con unas ganas locas de besarle.

—No…

—¿No? ¿Se ha hecho daño?

—No es eso… —digo, apretando su brazo con mi mano derecha y acercando mi cara.

Será por el calor, por estar sobre él sin ropa alguna o por estar en remojo pero lo quiero dentro de mí y lo quiero ahora.

—¿No…? —dijo, relajando su rostro y empezando a mostrar claro interés en mí. Si no en su cara sí en su miembro, que lo noto más duro golpeando mi pierna.

—No… —digo, palpando con mi otro brazo parte de su torso, mientras aprieto con mis pechos y deslizo un poco mis caderas sobre su pierna… húmeda por su culpa.

—¿Y qué le sucede? —pregunta, deslizando la mano que tenía en mi cintura, bajándola hasta mis caderas y estirando los dedos que palpan mi nalga derecha, como si buscará el tesoro oculto que hay entre ellas.

No contesto. Paso la lengua por mis labios mientras le miro y bajo mi mano por su torso, lentamente, mientras el palpa mi trasero y presiona con su pierna mi coño.

Nuestra respiración se acelera y nuestras caras se acercan despacio hasta que nuestros ojos se cierran e, inmediatamente después, nuestros labios se juntan.

Nos besamos apasionadamente mientras nuestras manos palpan el cuerpo del otro. Nuestras lenguas se juntan, luchan y disfrutan mientras nuestros dedos acarician los rincones de nuestro cuerpo. Su pierna roza mi clítoris y logro aguantar los jadeos con dificultad mientras sus manos ahora están ambas en mis nalgas, masajeándolas palpándolas.

Su cara se va hundiendo y paramos un momento, hay que acomodarse.

—La espalda tendrá que esperar… —digo, mordiéndome el labio mientras me aparto.

La bañera es grande así que puedo echarme atrás mientras els e incorpora.

—Espero no causarle problemas en el trabajo —dice, siendo aún tan gentil. Aun con el miembro alzado hasta límites insospechados.

—Esta era mi última habitación y la pienso limpiar a fondo.

—¿A fondo?

—Como a ti —digo mientras me acerco, arrodillada, y pongo la mano sobre su pene.

Se estremece.

Noto como palpita, como se engrandece.

Empiezo a moverla, a masturbarle, mientras acerco más mi cuerpo al suyo.

Nuestras bocas vuelven a buscarse y se encuentran. Sus brazos me atrapan y juntan a él mientras nuestras bocas se deshacen en una y el agua se mantiene a temperatura gracias a lo ardiente que estamos.

Mi otra mano le abraza, para aguantar su envite. Está emocionado y no lo noto solo por su miembro viril sino por las ganas en las que me besa y por como sus dedos palpan mi cuerpo pese a no estar en ningún punto erógeno.

—Es tan sabrosa como hermosa —me dice, tras estar un par de minutos besándonos sin parar.

Es el piropo más extraño que me han hecho en mi vida aunque no puedo evitar reírme.

—Tú también eres muy sabroso. Me pregunto se serás igual en todo el cuerpo.

—No sabría que decirte…

—Pues vamos a comprobarlo —digo, apretando su pene.

La vergüenza ha desaparecido por completo en este punto y ahora solo me queda la lujuria.

El me sonríe y le hago un gesto con la mirada, para que se levante.

Hace caso, lentamente, y miro como su esbelto cuerpo va saliendo del agua aunque lo que más deseo ver es su pene.

Llega el momento y choca contra mi barbilla. Agacho la mirada, abro la boca y saco la lengua. La pruebo. Pruebo su cabeza cuando sube, tras pasar la barbilla, y luego se refriega en mi cara.

—Lo sien…

—No, no hay nada que sentir —le interrumpo, lenvantado la mirada y viendo como su rostro inocente cambia a uno más lascivo.

Está en pie, con su pene por encima de mi cabeza y esperando a que lo devore.

Yo, arrodilla, me alzoo un poco para estar a la altura y finalmente estoy cara a cara con eso que antes quería ver pero me avergonzaba tanto que intentaba evitarlo. Ahora lo huelo y estoy a punto de saborear.

Un olor fuerte, viril, y un aspecto fornido y palpitante.

Miro de reojo hacia arriba y veo cómo me está contemplando. Abro la boca lentamente y saco la lengua. Él se muerde el labio inferior. No puedo evitar mostrar una sonrisa lasciva sin cerrar la boca.

Recuerda que puedes comprar mis libros en Amazon.

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