Relato: Buen viaje.

Un primer viaje de largo recorrido.

Un personal del tren que quitaría el mareo a cualquiera.

Una noche larga, pasional y a la vez tan efímera.

Espero que guste el siguiente relato:

Buen viaje.

Se está frio en el andén. Está atardeciendo y el sol baña todas las vías pero la corriente es helada y hace que todos los pasajeros estemos acurrucados, esperando a que se abran las puertas del tren. Es mi primer largo recorrido y, además, tengo que dormir en una habitación con desconocidos. Espero que el coche bar esté abierto hasta tarde.

Pasan los minutos y empiezo a ver a las azafatas y azafatos llegar al andén. Parece que en mi viaje va a haber más chicas que chicos trabajando y me parece perfecto. Entre ellas, hay un par que son realmente guapas; una rubia de largas cabellera y aún más largas piernas, una morena y con piel tostada, parece extranjera y una algo más bajita que las otras dos, de cabello negro y corto, más corto incluso que el mío, y anchas caderas.

Los ojos se me van con ellas. Me cruzo de miradas con la de cabello corto y con la rubia y no puedo evitar apretar los labios, ambas me sonríen y suben al tren.

—Pasajeros ya pueden subir al tren. Partirá en unos minutos, gracias por elegirnos y depositar vuestra confianza en nosotros —se escucha por megafonía.

Me pongo en pie y voy hacia mi coche, el número cuatro para asiento y el diez para las camas. Cuando voy a entrar ayudo a una señora mayor con la maleta y se la subo. Allí me encuentro a la azafata de cabello corto, con una sonrisa pícara y encantadora, extendiendo la mano para señalizarme donde dejar la maleta.

—Muy caballeroso de su parte.

—No me cuesta nada —digo, sonriendo.

—Ya veo, aun así me agrada ver a hombre así a día de hoy —dice, guiñándome el ojo— ¿Usted no trae maleta?

—No, ni maleta ni equipaje —contesto.

—Ya veo, curioso —dice mientras se gira y creo ver que se muerde el labio.

¿Curioso? ¿Por qué? Me quedo pensado unos segundos mientras veo cómo se mueven su carnosos y voluminoso culo. Se va en dirección a mi coche cama, así que espero volver a verla pronto.

—Mucha gracias señor —dice la anciana— pero creo que debería dejar que los otros pasajeros también dejen sus maletas.

Cierto, he provocado una cola sin querer. Me disculpo reiteradas veces y voy a ver si encuentro el bar para tomar un café mientras el tren arranca.

Tengo la magnífica suerte de que el coche bar está justo antes de mi coche cama con lo que, si tengo aún más suerte y abre hasta tarde, puede que el viaje se me haga muchísimo más ameno de lo que pensaba. Aun así no estaba en marcha y a mi pesar me fui sin haber tomado café ni haber visto a ninguna de esas azafatas tan bellas.

Me siento en mi asiento de preferente, solitario en un lateral y bien espaciado del siguiente, saco el móvil, conecto los auriculares y pongo la música a la espera de que se inicie el viaje.

Me relajo tanto que quedo casi dormido, casi en trance, hasta que el traqueteo inicial del tren me despierta y, en ese momento, veo pasear a la azafata rubia con un carrito.

—¿Quiere cascos, caballero? —me dice, agachándose un poco y haciendo que mis ojos se desvíen temporalmente hacia su tentador escote.

—No, no. Ya tengo. Gracias —digo, intentando perder la vista y sabiendo que se ha dado cuenta.

—De acuerdo señor, espero que tenga un placentero viaje —me dice, sonriéndome.

¿Se habrá dado cuenta de verdad? ¿Le habrá importado? Espero que no. No es que quisiera mirarla, tampoco es que no quisiera hacerlo, pero es que me ha sido imposible contenerme así como no puedo evitar girarme para verla andar y, nada más hacerlo, veo que está agachada para hablarle a otro cliente y como se le sube la minifalda azul oscura de su uniforme, casi pudiendo ver sus bragas. Me muerdo el labio y, en ese momento, veo como lo mueve sutilmente y me encanta. Luego me doy cuenta que por el otro lado del vagón viene la azafata que parece extranjera, riéndose, y me vuelvo de inmediato.

Conecto de nuevo la música e intento relajarme y relajar al que tengo abajo subido de ánimos.

Pasan los minutos y es imposible. Mi mente no deja de dar vuelta a las azafatas. El esbelto cuerpo de la morena de piel, el escote y precioso culo de la rubia o la sonrisa y carnoso trasero de la del cabello corto. Voy a volverme loco.

Decido ir al bar, rezando para que todo esté en marcha. Mientras ando, aguantando el equilibrio, voy viendo que hay pocos pasajeros. Estamos en temporada baja y los de largo recorrido de largas horas de duración sé que no son muy famosos en esta época pero no pensé que fueran tan vació.

Llego al coche bar y veo que ya está en marcha. Hay un pasajero sentado tomándose un café. En la barra dos hombres y una mujer, preparando cosas para otro cliente.

—Buenos días —digo, acercándome a la barra.

—Buenos días, enseguida le atiendo señor —dice uno de los hombres—. De mientras puede mirar lo que hay en el catálogo.

Miro el catalogo y más allá de los altos precios, que los esperaba, me sorprende que tengan bocadillos clientes y que avisen de un coche restaurante, lo cual me encanta.

—¿Ya sabe, señor? —dijo el otro hombre.

—Sí. Un café con leche y una berlina, por favor.

—Añádelo a mi cuenta —dice una voz desde detrás de mí. Me giró y veo que es la azafata de cabello corto. Me guiña el ojo mientras entra dentro de la barra.

El hombre tan solo ha asentido, ni siquiera ha preguntado. Quizá piense que nos conocemos. Es ella quien me prepara el café.

—Aquí tienes —dice, dándomelo junto a la berlina, en un pequeño plato de plástico. Vuelve a guiñarme el ojo pero esta vez mostrando una sonrisa aún más preciosa que antes, mostrando todos sus dientes. Viéndola de cerca aún me “anima” más. Su cara redondita, pequeña, con nariz pequeñita y una barbilla echada un poco hacia delante que hace resaltar aún más su sonrisa, como si hiciera de presentación a ésta— Espero que aproveche —dice, soltando una pequeña sonrisa, y me doy cuenta que de nuevo se me ha ido la por su cuello, decorado con un pañuelo azul oscuro al que le sigue una camisa lila pastel, ajustada. Cuando subo la mirada la veo mordiéndose el labio justo antes de que se giré y se meta hacia dentro, pudiéndole ver el precioso trasero enfundado en esa corta falda, del mismo color que el pañuelo, y sus piernas vestidas en medias acabadas dentro de unos zapatos negros.

Voy a una mesa que está pegando a la ventana. Hecho el azúcar al café, lo muevo y empiezo a bebérmelo mientras contemplo el café. Tras bebérmelo cojo la berlina y le doy un bocado pero no llego a arrancar porque saboreo algo extraño. Miro y veo que hay un papel pegado debajo. Lo saco y tiene un número escrito, por suerte no lo he estropeado.

—¿Qué demonios? —murmuró. Miro a mí alrededor, buscando a la azafata, pero no la veo. Estoy seguro de que es suyo.

Me acabo la berlina y vuelvo a mi asiento. Me acomodo y me quedo mirando el número. ¿Y si no es suyo? ¿Y si es de otra persona?

Tras varios minutos escuchando música del móvil y mirando el móvil decido pone el número.

Lo guardo en contactos y me voy a la aplicación de chat. No se me había ocurrido mira el perfil tras guardarlo hasta ahora. Veo una foto de la chica de cabello corto, preciosa, en blanco y negro sentada en una fuente mirando al cielo, en gafas de sol. Con un porte más serio pero realmente hermosa.

—Hola.

—¿Eres…?

Pasan unos minutos y no contesta.

Pasan las horas y me quedo dormido. Cuando despierto ya ha atardecido, tengo la espalda molida y me ha entrado hambre pero recuerdo que el coche restaurante tiene un horario limitado. Las comidas dejan de darlas a las tres y media. Miro el móvil y, efectivamente, es más tarde. Son casi las seis pero, en cambio, tengo una buena noticia. Unos mensajes.

Espero que te haya gustado el café—

Esta noche puedo invitarte a otro en la cena si quieres—

Son de hace dos horas, quizá en su tiempo libre. Aunque no me extrañaría que tuvieran que estar todas las horas que dura el trayecto a disposición.

—Me encantaría, sobre todo si lo acompañas con una sonrisa y tú compañía.

Me contesta inmediatamente

Sonrisa, mirada, quien sabe que más aunque la compañía sería solo cuando acabase mi turno—

—Por supuesto.

Será tarde—

—Mejor, últimamente tengo insomnio.

Mentira, duermo como un lirón pero una sonrisa y una mirada como esa son capaces de desvelar al más grande de los dormilones.

No me contesta aunque ha leído el mensaje. No le doy vueltas, quizá ha vuelto al trabajo. Yo, por mi parte, voy de nuevo al bar a por otro café y, esta vez, un bocadillo caliente.

Me lo como y voy para mi coche cama. Por el camino me cruzo con la azafata rubia y al verme se ríe. ¿Habrá hablado con la otra? Da lo mismo.

Llego a mi cuarto y está vacío. Me tumbo en mi cama y me sorprende lo cómoda y el traqueteo hasta ayuda a relajarse. Cojo el móvil y empiezo a mirar mis tonterías varias.

Durante las siguientes horas viene una mujer con dos adolescentes. Son mis compañeros de coche hotel. Les dejo escoger cama ya que, con suerte, a mí me da lo mismo donde dormir.

Llega la hora de cenar, tengo ganas de probar la comida del tren. Voy al coche restaurante y allí está la azafata de cabello corto. Me mira nada más entrar, de arriba abajo, y me guiña el ojo, sonriéndome.

Hace un gesto con la mano, indicándome una mesa libre. Me siento y me trae la carta.

—¿Qué desea el caballero?

—¿Está en el menú? —le preguntó, en voz baja, guiñándole el ojo.

—Quizá en el apartado de postres —se gira y marcha hacia otra mesa.

Me sorprendo por la carta. Hay incluso bistecs, codillos y pollo. Pido lo primero, acompañado de patatas y vino. La cena está siendo agradable. Me atiende siempre ella y me lanza algún guiño cada vez que puede. Llega la hora del café y me lo sirve también. Cuando me lo bebo, me trae la cuenta y en el ticket hay escrita una hora: 00:00.

Pago y voy a mi asiento que tiene enchufe y no estoy tan cerca de otras personas como pasa en el camarote.

Pasan las horas y la gente va marchando a las habitaciones. Tan solo quedo yo y, finalmente, llega el momento.

—00:00.

No contesta pero, en menos de medio minuto oigo la puerta del vagón abrirse. Me giro y la veo a ella venir hacia mí, con el dedo sobre su boca para pedirme silencio.

Me muerdo el labio. Viene lentamente, poniendo sus piernas una delante de la otra mientras se desabrocha la camisa. Llega hacia mí y me acaricia la cara para inmediatamente sentarse encima de mis piernas y quedarnos a escasos centímetros.

—¿No nos podrá ver nadie?

—El tren ya lo has cogido, ¿Qué pierdes? —dice antes de besarme.

Sus pequeños labios rodean mi boca y su lengua estrangula la mía mientras mis manos bajan por su espalda hasta llegar a sus carnosas nalgas mientras las mueve sobre mí ya más que abultado pene.

Le subo la mini falda como puedo y filtro mis dedos por sus bragas para palpar su carne. Ella deja de besarme y pasa a devorarme el cuello y me vuelve loco aunque ella parece aún más desbocada, tan húmeda que mis dedos se mojan pese a no haber llegado todavía a su entrepierna.

—Dios… —susurro y ella me mira, se muerde el labio inferior y vuelve a besarme.

—Dios no. Tú, yo, el silencio y nuestros gemidos.

Se abre del todo la camisa aunque no se la quita así como mantiene el pañuelo y no sé porque me pone muchísimo. Se levanta y se quita las bragas. Se me queda mirando la entrepierna y cuando me doy cuenta veo que estoy masturbándome por encima del pantalón.

—Así no se hace… —dice mientras se arrodilla.

Desabrocha, baja la cremallera y acaricia mi miembro a través de los calzoncillos. Me mira sonriendo, como un niño cuando está frente a una golosina, y pasa la lengua. Palpita, palpita y mucho a su paso húmedo. Dejo escapar un leve gemido y entonces abre la boca y, lentamente, abarca todo lo que puede y la cierra, sin dejar de mover la lengua.

Para un momento. Me mira, la miro y sonríe, con la boca cerrada y apretando la nariz. De nuevo me recuerdo a alguien a punto de coger algo que le encanta.

—Seré yo quien tome el postre antes —susurra y me baja los calzoncillos como puede, con algo de dificultad porque estoy sentado pero no me da tiempo ni a levantarme cuando mi miembro sale con efecto muelle y me lo agarra con la mano con la que inmediatamente empieza a moverlo.

Saca su lengua, sin quitarme ojo, y lo acerca lentamente. Noto su humedad, sus ansias. Me quedo en blanco en cuanto me toca con ella y empieza a lamer. De abajo a arriba, rodea el capullo y de nuevo de arriba abajo.

Lo hace repetidas veces y cada vez me cuesta más disimular los jadeos.

Mis manos se deslizan hacia su cabeza, acariciando su corto cabello, y en ese momento empieza a comérmela, metiéndosela casi hasta el fondo, subiendo y bajando su cabeza y garganta como si no hubiera un mañana.

Tras varios segundos paró su cabeza y me levanto. Ella lo hace también y nos besamos. Casi nos caemos por el traqueteo del treno. Entones, sin mediar palabra y con tan solo mirarnos, ella se apoya sobre el asiento de delante y empuja su trasero contra mi miembro hasta ponerlo entre sus piernas. Rígido y palpitante se desliza entre sus labios inferiores y ella exhala suspiros de placer, intentando ahogar sus gemidos, pero finalmente grita placenteramente cuando acierto en el orificio y la penetro hasta el fondo.

—Eres malo…

—Más que eso… —contestó y empiezo a penetrarla mientras agarro sus carnosas nalgas.

Empiezo a penetrarla muy rápidamente. El sonido de mi miembro pasando por su viscoso agujero hace que intentar tapar los gemidos parezca una estupidez pero, aun así, lo hacemos. Creo que es porque nos pone más el hecho de intentar no hacer ruido.

Noto que se me va a escapar los gemidos y freno pero sin dejar de meterla hasta el fondo. Apoyo mi torso en su espalda y una de mis manos se va a su cintura y la otra a agarrar sus pechos, pequeños pero firmes. Ella gira la cabeza y me muestra su lascivo rostro, sudoroso y con lengua afuera, jadeando en silencio.

—Has estado a punto, ¿eh? —dice, entre risas, guiñando el ojo.

—Me he emocionado demasiado, sí, pero creo que esto te está gustando también —digo mientras la meto hasta el fondo, lentamente, y veo cómo se desfigura su rostro en placer.

—en ningún mom… —no puede acabar porque verla así me hace volver a acelerar, a querer penetrarla como si nosotros fuéramos el motor el tren.

Veo cómo se muerde el labio y vuelve a girar su mirada hacia el frente. La mano que sostiene su cintura la llevo hasta acariciar su cabellera, despeinándola un poco más mientras mi otra mano manosea sus pechos, de pezones erectos y duros, jugando con ellos.

Tras varias embestidas le tiro del cabello, casi sin querer, al oír cómo se le empiezan a escapar ligeros gemidos.

—Sí… que er… —le doy aún más fuerte, estoy desatado. Me encanta la imagen que veo desde aquí, el placer que percibo cada vez que se estremece— ma…lo.

—Más que eso… —le repito y suelto su cabello para dirigir mi mano a su entrepierna, rodeándole la cintura.

—¿Dónde vas…? —dice, jadeando, mirándome de nuevo.

Estamos sudando, gozando y mientras mi mano derecha se funde con sus pechos, las suyas se agarran como pueden al asiento de delante y mi pene no deja de lubricarse con su aceite cual máquina de vapor, la otra mano llega lentamente a sus labios y logran localizar ese pequeño clítoris que tiene en un depilado y suave coño.

—Dios… no…

—Creo que has querido decir sí —digo mientras empiezo a acariciar su clítoris a la vez que ralentizo la penetración.

—Sí… —jadea mientras mis dedos rodean su gozo, lo acarician y lo aprietan a la vez que su coño presiona y aprieta mi pene como si quisiera succionarlo —te vas a enterar… tú… también…

Y nada más decir eso empieza a mover sus caderas y su trasero al ritmo de mi pene de tal forma que es más como si ella me estuviera follando a mí en vez de yo a ella.

Tras su acometida empiezo a acelerar también la penetración por mi parte y aumento el juego con las manos. Retuerzo sus pezones y paso mis dedos velozmente sobre su clítoris, en todas direcciones. Ella se agarra fuerte a los asientos y se nota como empuja, como se mueve. Yo no paro, me aferro a ella como si fuera a caerme del tren. Va girando la cabeza, intentando cruzar miradas y eso me pone muchísimo y creo que a ella también.

Tras varios segundos a toda máquina ya noto tembloroso mis piernas pero no cedo y ella tampoco. En cualquier momento vamos a gemir, a gritar o a desplomarnos.

—dios… dios… —dice entre jadeos y veo como sus piernas también tiemblan.

—sí… dios… —digo y, en ese momento, se me ocurre algo para no caer ante el cansancio.

Suelto mis manos de su cuerpo y las coloco en su cintura, bien agarráble. Voy a llevármela al asiento, posándola sobre mí o esa era la idea ya que al verme agarrándola con ambas manos, con su cabeza mirándome a esperas de ver que hago mientras son deja de moverse, de sacar la lengua, de jadear… hace que empiece a empalarla como si no hubiera un mañana y, por mi inesperada acción, suelta un gemido y durante unos escasos segundos los dos nos desbocamos.

—Shhh, shh, para para o nos pillarán —dice, preocupada pero sin dejar de moverse.

—Eso dilo parando tú antes.

—dios, no… o sea sí.

Ambos frenamos, casi hasta para parar por completo, y en ese momento aprovecho para llevármela al asiento, sobre mí, sentada. Tengo mi cabeza en su nuca, mi torso pegado a su espalda y su culo sobre mí con mi pene metido en su coño.

—¿Qué haces… travieso?

No contesto, tan solo llevo mi boca a su nuca y mis manos las paseo por su cuerpo, acariciándolo entero, mientras empiezo a empujar con mi miembro en su interior.

—¿Ahora te pones juguetón? —pregunta mientras pasa su mano por mi cabello, mostrando su flexibilidad, mientras la otra la pone sobre el asiento y empieza a acompañar los movimientos de mis caderas— Porque me encanta jugar…

—¿Sí…? —dije y llevé mi mano derecha a su entrepierna, buscando su clítoris, mientras con la otra le tapaba la boca.

—mmm —dejó escapar entre varios suspiros más cuando finalmente rozo su clítoris— sí… —sigue y abre la boca, lamiendo mis dedos y mordisqueándolos. Me pone mucho, noto mi pene palpitar y noto como su movimiento de cadera se frena ante mí, se diluye mientras sus piernas se abren y se me hace más fácil encontrar su clítoris.

Lo empiezo a rozar suavemente mientras freno la penetración, para hacerlo al mismo ritmo que con los dedos. Mi otra mano, llena de su saliva, va hacia sus pechos para jugar con sus pezones mientras mis dientes se pierden en su cuello.

—dios, dios, sigue… sí…

—No me queda mucho… —le susurro en la oreja y después se la muerdo, se la lamo, para bajar con mi boca de nuevo a su cuello mientras empiezo a pellizcar su clítoris y acelerar la penetración.

—shhh… —dice, entre jadeos.

Me mando a callar mientras se acariciaba los pechos junto a mí con una mano mientras la otra se enroscaba en el brazo con la que le estaba frotando, pellizcando, retorciendo y poniendo a cien el clítoris.

Cada vez más rápido, más acomodados, más lascivos sus gemidos iban sonando más mientras sus manos se entrelazaban en mi cabello y mis dientes se clavan en su cuello. Intentaba aguantarme pero cada vez se me hacía más difícil.

—¿Has oído eso? —dijo entre susurros—. Delante, entre los vagones.

Miré y se vio una pequeña llama.

—¿Alguien fumando?

—No sé pero parece que te gusta —estaba volviendo a mover sus caderas.

—No es eso… es que me queda poco.

—Dios, a mi también —digo mientras sigo frotando su clítoris y penetrándola como puedo.

—Háztelo, llevo diu.

—¿Seguro?

—Lléname.

Empiezo a darle duro y se le escapa un fuerte gemido así que dejo sus pechos y le vuelvo a tapar la boca o al menos intentarlo pues aprovecha para lamerme todos los dedos mientras la otra mano se me empapa entre sus labios inferiores.

Tras unos segundos, a punto de correrme, me muerde fuertemente la mano y empieza a gemir muchísimo. Me descontrolo y empiezo a soltarlo todo dentro de ella. En ese momento los dos nos movíamos erráticamente pero sin parar hasta que, pasados los segundos, nos quedamos sin fuerza.

—Dios…

—Sí… eres… buf…

—Como nos haya oído me doy por despedida.

—No se ve la llama. Quizá haya fumado rápido y se haya ido.

—Esperemos… —dijo mientras empezó a moverse levemente—. Aún queda noche…

—Y trayecto…

Llegué al cuarto casi al amanecer, sin fuerzas, y dormí hasta llegar a mi destino.

 

Espero saber vuestras opiniones, si os gusta o si no y el porqué así como os recuerdo que podéis comprar mis libros en Amazón (click aquí)

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2 comentarios en “Relato: Buen viaje.

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