Relato: Tarde de té.

¡Buen@s humed@s días/tardes/noches!

Tiempo sin mojar la pasta en el té y tiempo sin tener ratos que compartir con alguien. un/a amig@ que te prepara una tarde animada y más que animada se vuelve tras un poco de té.

Espero que disfrutéis 😉

Tarde de té.

No sé qué hago aquí. Pareciendo que estoy en una película de cine B de os ochenta. Trajeado, con sombrero de copa y hasta con un monóculo colgando del bolsillo de la americana.

Me dejé convencer por una amiga de asistir a una de las fiestas del té a las que va ella. Son fiestas donde van todas de época, con sus vestidos pomposos, de colores pasteles, negros o rosas, no sé y peinados voluminosos. O al menos así me lo ha descrito. Insistió en que viniera para desconectar, ya que llevaba varios meses de falta de inspiración y algo aburrido de la vida. Además me dijo que tenía unas amigas que también estaban pasando por un bache. Insistió en presentármelas. Espero que, si no sale nada bueno de aquí, como mínimo no salga nada malo.

De momento no veo a nadie. Estoy parado frente a la puerta del local donde lo celebran.

Acabo de notar vibrar el móvil. Es mi amiga, dice que le ha salido un imprevisto y que no puede venir. No me jodas. Seguro que ha pillado a algún chaval por cualquier aplicación de ligue y se va a gozar lo que no está en los escritos y mientras yo aquí disfrazado de pingüino.

Decido marcharme. Me doy la vuelta y veo a un grupo de mujeres en frente de mí, que acaban de llegar.

—¡Oh¡ Hola sir —dice una de ellas. Son tres, visten iguales pero cambiando el color. Vestido pomposo, de tirantes con lacitos y con un bello escote, al menos en dos de ella. La que lo lleva blanco es aún más pronunciado que la de rosa pastel. La que lo lleva de color verde parece más palana, apenas hay escote. Los tres vestidos tienen encajes de un color granate. Sin querer las miro de arriba abajo, de forma creo que bastante mal educadas, las tres parecen muñecas. Muy hermosas.

—¿Sir? —Me pregunta la que va de rosa.

—Oh, lo siento. No quería parecer mal educado, es que nunca había vendido a algo así…

—Oh, debes ser el amigo de Nuria —añade la de blanco. Pese a parecer que los vestidos van bastante ajustado sus pechos botan a cada centímetro que se mueve. —Eres más guapo de lo que nos había dicho —Sonrío nerviosamente. No llevo bien los piropos de mujeres desconocidas, no soy bueno con las indirectas y no sé cuándo lo son o no así que me pongo nervioso. Las otras dos se ríen y dicen que sí—. ¿Y dónde está Lady Nuria?.

—Al final no viene. De hecho yo estaba a punto de irme —ando hacia delante pero la de verde me coge el brazo y me lo acerca a ella. Toco su pecho sin querer, con el brazo, pese a que apenas se le ve escote.

—Oh, ¿A la timidita le ha gustado? —se ríe la de rosa.

—No es eso, pero Lady Nuria nos pidió que nos aseguráramos de que lo pasara bien —contesta— y si se va no podremos cumplir nuestra promesa.

—Es verdad… —añade la de blanco. Me coge la mano y se la lleva por encima del escote. Tiene la parte superior de los pechos muy tersa, muy cálida—. Vas a ser nuestro invitado, espero que lo disfrutes al máximo. Perdona la brusquedad de mi compañera al cogerte el brazo, no solemos tener invitados masculinos y de por sí es tímida. Aun así la otra chica no me suelta el otro brazo.

—No… no pasa nada —los dedos, sin que decida yo hacerlo, palpan su piel, su carne, sus senos.

—¿Entonces te quedarás? —pregunta la de rosa, juntando los brazos y haciendo que sus pechos casi salgan a la vista.

—Sí, si es lo que queréis.

—Alguna más que otra —me susurra la de blanco mientras lleva su mano a mi cintura. Me empalmo. Finalmente me sueltan ambas y la de grandes senos va hacia la puerta. La abre y me deja pasar el primero.

—¿Es vuestro el local?

—De Nuria, aunque todas tenemos llaves.

—Oh, ya veo.

El lugar es espectacular. Entran las chicas y dan a un interruptor. Se hace la luz pero no una luz normal. Es como si el techo tuviera un vinilo y parece que estemos en un frondoso bosque en donde apenas llega el sol.

—Wow…

—¿Te gusta? —pregunta la de verde, desde atrás, mientras vuelve a cogerme el brazo. Esta vez lo muevo yo para sentir sus pechos, instintivamente, y en el momento de tocarlos con el brazo se agarra más fuerte.

—Me encanta —¿Pero el qué? Me ha salido sola la respuesta y no sé si quiero que la malinterprete o no.

—Me alegro.

Pasa la de blanco y la de rosa por delante y la de verde empieza a llevarme del brazo. Pasamos lo que parece la entradita, que tiene dos armarios y llegamos a una sala más iluminada con una mesa redonda en el centro y el suelo con una moqueta de césped artificial. Los únicos muebles son las mesas y las sillas. El resto son plantas, grandes plantas.

—Siéntate donde más como estés —dice la de rosa.

—Encima mío no, por muy cómodo que fueras a estar —añade la de blanco, las tres se ríen y yo también. Me muerdo el labio mirando como votan sus pechos mientras se ríe, creo que lo hace adrede. Noto como aprietan mi brazo y veo que la de verde me mira. Tiene la boca entreabierta y la lengua entre los labios, parece presionársela—. Vamos, toma asiento y espera a que te sirvamos. Hoy me toca a mí preparar el té y colocar las pastas.

La chica de verde me suelta al fin aunque tampoco es que me molestara. De hecho tardo unos segundos en darme cuenta. La verdad es que pese a ser la que menos pechos tiene se estaba cómodo con el brazo entre ellos.

Me mira, me sonríe y aparto el brazo. Creo que me he puesto colorado.

—Créeme, son los más tersos —dice la de rosa y veo como la de verde la mira y se sonroja, aunque se muerde levemente el labio y su compañera se ríe—. Vamos, siéntate hombre. No seas tímido.

Desde luego, las amigas de Nuria son realmente atrevidas. Me siento en la silla que tengo enfrente e, inmediatamente, la de verde mueve la silla de la izquierda a mi vera. Se sienta y hasta tiene que apartarse un poco porque el vestido prácticamente se pone sobre mí.

La de rosa se pone a su izquierda, a mis nueve. Charlamos un poco, me preguntan por mis aficiones y de que conozco a Nuria. Hablamos un poco y llega la pregunta difícil.

—¿Y qué te pasa? Nos ha dicho Nuria que estabas cabizbajo.

—Bueno, hace unos meses me quedé sin pareja y he estado un poco ausente todo este tiempo.

—Vaya, te entiendo —me dice la de verde, acariciándome la pierna lentamente. Tiene unas manos finas pero pequeñas, con las uñas algo largas.

—Desde luego, a ella la dejaron hace cinco meses y desde entonces ni ha mojado.

—¡Eh! —exclama y mueve las dos manos rápidamente para golpear la mesa. Creo que me ha rozado el pene, estaba empalmado desde que me ha acariciado. Me mira de reojo abajo, creo que se ha dado cuenta porque se está mordiendo de nuevo el labio.

Me vibra el móvil. Lo miro por debajo de la mesa, no quiero parecer descortés. Es un mensaje de Nuria. “Acariciale” ¿Qué? ¿Acariciar? ¿A la de verde? ¿Ella es la chica que quería presentarme? Aun así tiene el vestido, queda raro que ponga la mano ahí siquiera.

—Venga mujer, es normal. Has estado muy deprimida pero es hora de salvar eso, ¿Verdad, sir?

—¿Eh? Esto, sí. Imagino que hay que pasar página.

—¿Tú crees? —me dice mirándome, tiene unos ojos preciosos. Negros azabache con largas pestañas y es bastante pálida de piel, resaltándole más—. Eres muy fuerte si has podido venir aquí en tan poco tiempo —añade, poniendo de nuevo su mano sobre mi pierna aunque con todo los dedos estirados, agarrándome el muslo y casi rozándome la ingle.

—Sí, creo que hay que pasar página —añado, poniendo mi mano sobre la suya, pasando mis dedos entrelazando los dedos.

—Espero no interrumpir nada —dice la de blanco, que viene con los tés en una bandeja.

—Habérmelo dicho, te habría ayudado a traerlos.

—Tranquilo sir, no quería estropear el bonito momento que teníais.

Me sonrojo y la chica de verde también. Nos sirve los tés y luego se sienta, dejando la bandeja en el suelo. También ha traído pastas, galletitas en su mayoría y algún otro surtido. El té tiene un color rojizo y un olor dulce, supongo que será de frutas del bosque o alguno parecido. No soy mucho de tés pero la verdad es que me irá de lujo tomar algo, el corazón se me había acelerado hace unos instantes.

—Bebed, no os cortéis ninguno —dice la de blanco.

—¿Tú no sueles beber? —pregunto a la de verde, me ha parecido raro eso.

—Oh, sí, sí. Siempre bebo —dice sonriendo, pegando el primer sorbo. Yo la imito.

Los minutos siguientes pasan muy plácidamente. No dejamos de hablar mientras tomamos el té, aunque hace más calor y el hecho de que la conversación se haya girado a gustos sexuales o similares no ayuda. Además, noto que no dejan de mirarme y no puedo evitar imaginarme situaciones picantes y ardientes. La verdad es que el pantalón empieza a apretar.

—¿Y tú, cuanto tiempo llevas sin hacerlo? —Me pregunta la de verde, acercando su cuerpo hacia mí y poniendo sus dos manos sobre mis piernas, cerca de mi empalmado pene. Veo que está colorada  sus labios brillan, seguramente por el té. Me muerdo el labio sin quererlo, estoy más emocionado que normalmente y la cabeza me da algunos tumbos

—Bueno, hace bastante tiempo. Los meses antes de dejarlo estábamos mal y no practicábamos sexo ni nada por el estilo.

—Eso puede arreglarlo ella, ¿Verdad? —dice la de rosa. Veo como la de verde muerde los labios mientras me mira la entrepierna pero se sienta bien de nuevo al escuchar a su compañera.

Vuelve a vibrar el móvil.

“Agarra sus carnes” Es Nuria de nuevo. ¿Acaso nos está viendo? Pero, la verdad es que quiero hacerlo. Veo que ella me mira de reojo mientras las otras siguen hablando de sexo, caldeando más el ambiente, y ella no deja de mirarme de reojo.

Llevo rato callado, solo escuchando, intentando controlar mi erección mientras me acabo el té. Soy el primero en acabármelo y eso que estaba bastante caliente.

—¿Quieres algo más? —me pregunta la de blanco.

—¿Algo más? —digo sin pensarlo y trago saliva.

—Lo que quiera, Sir, seguro que ella te lo da —añade la de rosa, guiñándome el ojo.

Miro a la de verde y veo que está mordiéndose la lengua muy dulcemente mientras me mira a los ojos. Vuelve a vibrarme el móvil, seguro que es Nuria. Pienso en el mensaje de antes, veo esa boca que quiero besar y esos ojos mirándome y mi mano va hacia su vestido. Se muerde el labio y contesta algo que le dicen sus amigas mientras, disimuladamente, se sube la falda y puedo palpar sus piernas. La acaricio, de arriba abajo hasta donde me deja el vestido. Estiro los dedos pero no llego a otra cosa que no sea la pierna. Cuando me doy cuenta de lo que estoy haciendo saco la mano inmediatamente.

—¡Perdón!

—¿Por qué te disculpas? —me dice, mirándome, mientras pone sus manos sobre mis piernas.

—Me he desbocado, lo siento chicas.

—¿Chicas?

Miro alrededor y veo que no están sus amigas. También noto a la chica de verde diferente, más suelta.

—Se han ido hace unos minutos. Si hasta te has despedido —añade, no lo recuerdo —. Así que no tienes que disculparte, me estaba gustando lo que me hacías —Coge mi mano y me lame el dedo. Está húmedo.

—¿Por qué no me acuerdo?

—Yo tampoco tengo todo claro. El recuerdo cercano es que tenía tu mano en mi entre pierna.

—¿Qué?

—Me puse nerviosa. Mezcla de placer y vergüenza, sobre todo por cómo me miraban mis amigas pero enseguida nos dejaron a solas, para que pasáramos página.

—Vaya…

—Me gusta tu dedo —añade y noto como me palpita el pene.

—¿Crees que el otro también te gustará? —digo pero en realidad solo lo había pensado. No quería decirlo. En realidad sí, pero no iba a hacerlo. El té llevaba algo seguro.

—No sé, probemos.

Respiro fuerte, está pasando. La cabeza aún me da tumbos pero ahora mismo hay problemas mayores.

Se baja de la silla, se pone de rodillas y intenta bajar mis pantalones, con dificultad. Me pongo en pie y le ayudo. La tengo crecida y dura como hacía meses que no la tenía y me palpita más fuerte a cada centímetro que acerca sus labios a ella.

—Tiene buen olor —dice, mientras me la agarra con su delicada mano, está fría y me encanta sentirla.

Aprieta fuerte y saca la lengua cuando está a punto de tocarla. Tira el pellejo hacia atrás y posa el capullo del pene sobre su lengua. La mueve lentamente, de derecha a izquierda, haciéndome cosquillas. Me encanta.

Tras unos segundos abre la boca y sus labios rodean mi pene mientras su lengua se extiende por debajo del tronco y empieza a mamármela, acompañando el movimiento con su mano.

Sus suaves labios y mojada lengua parece que estén invitando a mi miembro a una relación de por vida y a mí me cuesta aguantar tanto placer. Me muerdo el labio, intento evitar gemir. No sé dónde están las otras chicas pero la idea de que me puedan estar observando me pone aún más.

Está hermosa, concentrada en mi entrepierna. Levanta la mirada y me mira. En ese momento acelera la mamada, veo como se sonroja y noto como mi cara se acalora.

—Puedes gemir si quieres —me dice mientras coge aire.

—¿No nos escucharán?

—¿Tiene eso importancia? —pregunta y sonríe. Vuelve a la faena peor esta vez, además, empieza a acariciarme los testículos.

Noto como el capullo se me humedece y no lo digo por la saliva sino por el líquido pre-seminal que ha empezado a fluir. Siento como traga, se escucha perfectamente cada sorbida, cada movimiento, cada uno de mis gemidos.

—Lo tienes amargo, me encanta —dice mientras se levanta.

La tengo frente a mis ojos, sonrojada, sudada y con un rostro lascivo que nunca habría imaginado en alguien como ella.

Coge mis manos y se las lleva a sus pechos. Muevo mis dedos y tiro del escote. Rápidamente le bajo el vestido de los hombros y, con un sutil movimiento, ella hace que se le caiga entero. Se queda en ropa interior, frente a mí, con unos sujetadores y bragas verde, a juego con el vestido.

No tiene los pechos tan pequeños como creía. Están bien puestos, y parecen realmente blandos, tengo ganas de tocarlos.

—Si sigues mirándome así vas a hacer que dese ser devorada —dice, escapándose una risa.

—No sé de qué otra manera mirarte.

—Pues devórame… —dice mientras extiende sus manos por detrás de mí y me abraza, acercando sus labios a los míos y la devoré.

Nuestros labios se juntan mientras me aprieta la espalda y yo acaricio su cintura. Tiene una piel suave, inmaculada, como si fuera más pura de lo que me muestra. Sin embargo sus dientes mordiéndome el labio y su lengua retorciéndose con la mía me demuestran que es pura, pero pura pasión.

Mis manos empiezan a moverse por instinto a la vez que las suyas. Tiene sus dedos en mi camisa, desabrochándomela mientras los míos se pasean por su cuerpo. Mis manos llegan rápidamente a su sujetador y se lo quito, dejando sus pechos al descubierto con unos rosados pezones que parecen inmaculados y mis manos empiezan a pasear por su cuerpo. Una por espalda, de arriba abajo y de abajo a arriba mientras el otro escala hasta sus tersos pechos.

—Ah… —gime cuando presiono su pecho mientras coge aire para seguir besándome.

El gemido hace que me ponga más y acerco mi cuerpo al suyo, rozando con mí pene su entrepierna. Está húmeda, choca de frente y ella se mueve para acomodarla entre sus piernas.

—Encaja bien, verdad —dice mientras sigue moviéndose, refregando sus labios inferiores bien marcados en sus mojadas bragas por encima de mi tronco.

—mmm —me muerdo el labio y ella me besa mientras acaba de sacarme la camisa. Inmediatamente es ella quien muerde mi labio mientras su lengua juega en mi boca y sus dedos pasean por mi torso, haciendo que se me erice la piel notando como van bajando hasta mi cintura, donde agarra el pantalón.

Sus labios me vuelven loco, tanto los de su boca como los de su coño.

—Dois… —gime, cogiendo aire, mentras amanso sus pechos, presionando sus endurecido pezones. Ella, en cambio, baja mi pantalón y luego mis calzoncillo e inmediatamente se separa un poco de mí, llevando sus manos de nuevo a mi pene—. Ahora estará más mojadito —dice, sonriendo y mordiéndose el labio. Intenta bajar pero, como he dicho, la devoro yo.

—Seré yo quien te devore —le digo sonriendo mientras la cojo de los hombros e impido que se agache. Su respiración se acelera, lo noto en su nariz mientras me mira con la boca abierta, dejándome ver como mueve sin cesar su lengua mientras separa sus manos de mi pene para acariciar su propio cuerpo—. Vas a estar riquísima, lo sé.

Mis labios se abalanzan sobre su cuello y ella exhala un suspiro placentero mientras sigue acariciando, suavemente, mi tronco. Hinco levemente mis dientes y paso la lengua sobre la zona mordida, me aprieta el pene y gime. Me separo un poco, sus manos se separan de mi miembro mientras sus dedos le acarician al separarle y mis labios siguen bajando por su cuello mientras mis manos manosean sus pequeños y blanditos pechos.

—Dios… —Murmura mientras mis labios llegan a su clavícula.

Paso la lengua por su marcado hueso, deslizándome por él hasta llegar a sus pechos. Los palpo con los labios mientras los aprieto con las manos. Paso la lengua entre mis dedos hasta llegar al pezón de su pecho derecho. Suave pero rígido, rosado y bien redondo en ese pequeño pecho. Lo rodeo con mis labios mientras ella ahoga un gemido. Sus manos ya están acariciando mi cuello mientras mi lengua hace lo propio con su pezón.

Lo rodeo y luego golpeo. Aprieto sutilmente con los dientes y lo muevo un poco. Succiono y separo mis labios.

—Sí que ibas a devorarme —dice, mirándome con la respiración alterada. Va a decir algo más pero se lo impido con un beso, metiendo la lengua casi hasta su garganta, tras lo que vuelvo a sus pechos. Al izquierdo ahora.

Lo palpo a besos, toda su superficie mientras con la mano derecha esparzo la saliva que he dejado por su otro pecho, lubricándolo bien. Con la izquierda bajo por su cintura, rozando sus caderas.

—Sí…

Le gusta y paso de nuevo al pezón, para lubricarlo también mientras con el otro pecho juego con él como si fuera una pelota anti-estrés con un botón, presionándolo, estirándolo y retorciéndolo. La lengua va al mismo ritmo. Rodea el pezón, lo golpea, aplasta y mis dientes lo pellizcan y retuercen mientras ella gime. Agarra mi cabello con una mano y en una mirada arriba veo como se muerde el puño, babeando.

Eso me pone y empiezo a lamer más fuerte, a hincar el diente más duro y ella a gemir más. Empuja con su mano mi cabeza, quiere que bajo. Mi mano izquierda se desliza por su ingle y empieza a mojarse las yemas de los dedos. Es pringoso así que no es sudor, está tan cachonda como yo. En cuanto rozo sus labios inferiores se estremece, se retuerce un poco hacia atrás y tira de mis pelos mientras mis labios van bajando por sus pechos hasta llegar a su torso.

Está salado, sudando, yo debo de estar igual. El té o lo que quiera que fuera, su ardiente cuerpo y esto hace que ardamos. Me encanta.

—Me encanta…

—Y a mí —digo, mientras sigo bajando hasta su entrepierna.

Mi mano derecha baja a la vez que yo voy arrodillándome mientras que con la otra mano empiezo a jugar con sus labios. Noto como sus piernas se tambalean cuando los abro y meto mi dedo índice, reconociendo el terreno al pasarlo de arriba abajo e incluso rozando su clítoris. Gime y al mirar de nuevo arriba veo como me contempla, lamiéndose los dedos.

Sigo bajando por la sonrisa, ella gime, y mi nariz huele el dulce aroma de su húmedo coño. Salivo, quiero devorarlo.

—Hueles bien.

—¡Idiota! —dice mientras empuja mi cabeza a su coño. Mi nariz resbala de lo húmedo que está y mi boca acaba sobre sus labios.

Succiono y sorbo todo el líquido que ha soltado. Glup, trago, está buenísimo.

Miró arriba y veo que ella tiene la mirada perdida, con una de sus manos en sus pechos y la otra sobre mi cabeza, gimiendo. Separo sus labios inferiores con mis dedos, viendo su rosado coño. Paso la lengua lentamente, desde el agujero hasta su pequeño clítoris y una vez en él presiono. Ella se estremece. Me encanta que le guste. Rodeo el clítoris, lo succiono y le doy pequeños pellizcos con los dientes. Me aprieta la cabeza y gime. Empiezo a lamérselo más rápidamente, como si estuviera lamiendo un helado. Sin parar, en la zona del clítoris.

—¡Te quiero dentro! —grita mientras saca mi cabeza de su coño y al ver su cara lasciva, jadeando con la lengua fuera me levanto, la cojo de los muslos y la pongo sobre la mesa—. Que sucio queda esto.

—¿No te gusta?

Arrastra su trasero hasta ponerlo en el fulo y se abraza a mi cuello. Acerca sus labios a mi oreja y me susurra.

—Me encanta y puedes hacer que me guste más.

Me rodea con sus piernas y me acerca a ella. Mi pene está entre sus muslos, rozando su húmedo coño y nuestras bocas están rozándose. Nos miramos, me muerdo el labio y ella me besa. Intento meterla pero sin éxito, la empujo dos vece. Ríe y lleva sus manos a mi tronco para encaminarlo hacía su agüero.

—Dale duro —susurra y hago caso.

Empiezo a embestirá fuertemente desde el inicio pero entre sus gemidos me parece oírle mascullar e incluso veo alguna mueca de dolor así que freno en seco.

—¿Qué haces? —pregunta.

—Te he hecho daño, perdona.

Se muerde el labio. Veo como respira fuertemente, abriendo sus fosas nasales, mientras se le humedecen los ojos. Me besa y empieza a mover sus caderas. Me muerde el labio, juega con su lengua en el interior de mi boca mientras sus piernas apresan mi cintura y me empujan hacia ella.

Sus movimientos me llevan a su ritmo y empiezo a moverme otra vez. En cuanto doy el primer empujón separa sus labios de los míos, gime y se vuelve a dejar caer sobre la mesa. Tira los brazos hacia atrás y lleva al suelo dos de las tazas de té.

—Uh, perdón —dicen entre gemidos mientras lleva sus manos hasta sus pechos.

—Te castigaran.

—Castígame tú —me guiña un ojo mientras lo dice y luego me lanza un beso mientras se aprieta sus pechos, como si fueran pelotas anti-estrés. Luego se muerde el labio y empiezo a acelerar. Asiente a la vez que gime—. Más, dame más —dice y se lo doy.

Empiezo a acelerar, dando cada vez más fuerte. Me fijo en su cara, no quiero hacerle daño pero ahora solo veo placer, oigo gemidos y veo como disfruta de ella misma con sus manos, haciendo que me ponga aún más.

Sus piernas siguen rodeándome la cintura y noto como intenta mover sus caderas, aunque ahora de forma arrítmica, mientras mis manos agarran fuerte sus muslos.

Tras unos segundos llevo mi mano derecha a sus labios, abriéndolos un poco y palpando su pequeño y redondo clítoris a la vez que sigo penetrándola, hasta el fondo y todo lo rápido que puedo. La mesa no deja de hacer ruido y ya se han caído las otras dos tazas. El plato de las galletitas está casi al borde.

—Dios, dio, sí —dice y vuelve a incorporarse para besarme. Eso hace que mi dedo se hunda en sus labios y presione su clítoris. Me sorprende tanto la reacción y el beso que casi pierdo el control, estoy a punto de correrme pero no quiero, quiero que se corra ella—. Dame más, dame más —me dice mientras me mira, dejando su aliento y jadeos frente a mi boca y chocando nuestras narices.

La vuelvo a besar y saco el pene.

—¿Qué… —antes de que pueda seguir hablando meto mis dedos en su coño y gime luego me muevo entre sus piernas y me arrodillo, quedándome frente a sus labios inferiores. Saco los dedos, exhala placer, y empiezo a meter mi lengua—. Dios…

Saco la lengua del agujero y la llevo al clítoris. Presiono, lo rodeo y vuelta para abajo. Rodeo el agujero, hago fintas de meterlo y vuelvo a arriba. Succiono, mordisqueo y ella jadea cada vez más. Me agarra la cabeza y aprieta. Casi me ahogo.

Cojo aire y sigo deleitándome de su clítoris pero ahora meto los dedos a la vez. No dejo de moverlos. Meto el índice y corazón de la mano derecha mientras la izquierda coge su nalga, abriéndola todo lo que puedo.

Ella no deja de gemir, apretar mi cabeza y tirar de mis cabellos. “Sí, sí, dios, más y otras cosas logro descifrar que suelta entre jadeos.

No dejo de mover los dedos, los separo, en círculos, dentro y fuera sin parar y con la boca me centro en su clítoris. Agarro con los dientes y succiono, presiono, golpeo. Finalmente me rodea con sus piernas la cabeza, hasta me duele. Creo que está gustándole mucho.

—¡DIOS!

Sí, le gusta mucho.

No freno. Tengo la lengua entumecida pero da igual, sigo y sigo. Mis dedos no frenan, mi boca succiona y mi lengua golpea. Ella aprieta con sus piernas mi cabeza, con sus manos mi cabello y con sus dientes su boca mientras intenta inútilmente ocultar unos gemidos que no dejan de sonar cada vez más fuerte.

—Síiii… —se repite, varias veces, junto a Dios y alguna cosa más mientras su coño se podría decir que me escupe directamente. Es dulzón y a ella le tiemblan las piernas mientras sigo. Gime y gime pero en un punto se tira hacia atrás y empuja mi cabeza con sus manos.

—No más, voy a desmayarme si sigues con tu lengua.

—¿Y si sigo con otra cosa? —le digo, levantándome. Ella se ríe, tengo la cara empapda. Me lo limpio pero lo que hago es pasar lo mojado a otro lado. No deja de reír—. ¿Te hace gracia, eh? —digo mientras la tumbo— A ver si ríes ahora —le susurro en la oreja y ella vuelve a rodearme la cintura.

—Hazme reír —me dice ella y me besa a la vez que empuja mi cintura con sus piernas. Entra sin dificultad y me muerde a la vez que gime—. Dios, es mejor que antes.

—Me alegra saberlo —digo mientras acelero. Ella gime.

He estado controlándome mucho pero tras la pausa pensé que podría aguantar bastante y ahora me doy cuenta que no será así. Esos gemidos, lo mojado que está y lo rápido que le estoy dando me sobrecoge más de lo que creía.

—Di… —no acaba ni las palabras.

La miro mientras la penetro y veo sus pequeños pecho votar mientras ella me mira mientras intenta controlar su respiración, sus gemidos. Una mirada lasciva que me vuelve loco y hace que me tire a sus pechos para no verla e intentar aguantar más. Son tonterías, pero me ponen demasiado.

Están salado y delicioso. Ella abraza mi cabeza y no deja de mover sus caderas al ritmo de las mias.

—Más, más.

Le muerdo el pezón y aumento la velocidad.

Me queda poco, muy poco. Lo sé. Intento sacarla pero ella empuja con sus piernas.

—Estoy a punto de correrme —le digo—. Tengo que sacarlo.

—Solo si me lo echas —dice, mirando mi cara sobre sus pechos.

—Sí —digo, apunto de soltarlo todo.

Me suelta y la saco. Noto como va a salir y llevo mi mano al tronco y tras el primer movimiento empiezo a rociarla mientras gimo e intento aguantar de pie a la vez que me estremezco.

Respiro, me he quedado seco. Esto con los ojos cerrados y un gustazo hace que vuelva a estremecerme. Abro los ojos y la veo estirada sobre la mesa, boca abajo. Tiene un culo precioso. Sigo su espalda y veo como está lamiéndomela mientras mira hacia arriba.

—¿Está rico? —pregunto, sonriendo.

—Mejor que las pastitas del té —dice y sigue lamiendo.

Lo relame hasta dejarla limpia y luego se levanta y va hacia la sala de donde trajeron el té. Sus piernas se tambalean y veo como su hermoso culo se mueve muy grácilmente, dan ganas de catarlo también.

—Bonito culo —Digo mientras se gira y me guiña el ojo y desaparece de mi vista.

Noto el móvil vibrar y lo cojo. Es Nuria. Parece al tanto de todo y esto promete tener más diversión pero antes de que pueda contestar me traen un nuevo té, con el mismo olor, espero que igual de sabroso y deseo que aún más intenso.

 

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