Relato: Tren sin habla.

¡Buenos húmed@s días/tardes/noches!

Una tren, tarde, sin nadie. Miradas que se cruzan, suspiros que llegan al fondo y traqueteo que no hace el tren. Espero que disfruten de éste relato 😉

Tren sin habla.

Las nueve de la noche.

Último tren a interiores: el mío.

Estudiar en la universidad me obliga cada día a pasar más de cuatro horas de tren entre idas y venidas. La vuelta casi siempre en solitario, casi nadie se sube nunca y a medio recorrido ya se han bajado los pocos que han podido entrar.

Entro y, como me esperaba, no hay nadie. Me acomodo en un asiento y apoyo mi cabeza en la ventana.

Arranca el tren, empieza el traqueteo, empieza a acusarme el cansancio y quedó totalmente dormido.

Tengo frio. Una brisa me despierta. Alguien ha debido de abrir la puerta en una parada para entrar o salir. Miro el reloj y apenas ha pasado quince minutos. Apenas abro los ojos, vuelvo a dormirme.

Me parece oír algo más que los trenes. Afino el oído. ¿Gemidos? Imposible. Abro los ojos, con dificultad, y miro a mi alrededor. En mi grupo de asientos no hay nadie, en el de al lado tampoco, pero sí en el que está en diagonal a los míos. Una chica, bastante joven. Está sentada con los pies encima del asiento, rodillas a la altura de la cabeza y piernas abiertas. Falda y con las bragas chorreando porque tiene una de sus manos metiéndose los dedos.

Calza unos zapatos negros, con calcetines blancos. La falda es azul con cuadros verdes, como el suéter que lleve. Al lado hay una mochila con una insignia. Su cara lasciva, colorada, con los ojos negros muy abiertos y fijados en mi regazo que, ahora mismo, está muy crecido. Boca pequeña, abierta, con lengua afuera. Varias pecas en la nariz y los mofletes. Cabello largo, negro, con dos trenzas. Está claro que viste uniforme de colegio, de colegio privado posiblemente.

Me quedo atónito ante la escena. Ha empezado a tocarse incluso más cuando he abierto los ojos. Se ha tenido que dar cuenta, y parece que le ha puesto más.

Me reincorporo, se exalta. Se saca rápidamente la mano de las bragas y baja las piernas. Puedo comprobar entonces como la falda le llega a las rodillas y como tiene buen busto. Se tapa la boca con la mano, como ocultando un susto, pero la mano que usa está llena de sus flujos vaginales y parece no poder aguantar lamerlos. Se pierde en sí misma mientras chupa sus dedos. Mi mano baja a mi paquete y empiezo a tocarme.

Deja los dedos limpios mientras que a mí me duele la polla de lo que me aprieta los pantalones. Se acuerda otra vez de que estoy despierto, me mira pero no tarda en enterarse que me estoy tocando mientras la contemplo. Su cara es de asombro. Se muerde el labio mirándome, vuelve a abrir sus piernas y se levanta la falda y sus manos se deslizan entre ésta hasta pasearse por sus ingles, acariciando de refilón su coño.

Se muerde más fuerte el labio, me mira. El paquete, no a mí. Mira mis manos, como me toco, como me desabrocho el botón y bajo la cremallera. Como me masajeo por encima de los calzoncillos el bulto palpitante que tengo por su culpa.

Me muerdo el labio, estoy muy puesto. Quiero meterme la mano en los calzoncillos, pero recuerdo donde estoy. Que es una desconocida. Esto es una locura.

Ahoga un gemido y cierra los ojos. Se está apretando el coño mientras se toca con la otra mano los pechos por encima debajo del suéter. Su lengua no deja de salir y entrar por la jadeante respiración que tiene. Sus bragas están húmedas, manchadas. Sus ojos apenas se mantienen abiertos. Se mete los dedos, imagino que incluso penetrándose, no puede aguantar y se estremece, gimiendo, gozando.

Cuando me doy cuenta tengo la polla fuera con mi mano e ella, masturbándome mientras la miro. Ella me contempla entre gemido y gemido. Se aparta las bragas para que vea su coño, abierto, con sus dedos dentro. Se sube el suéter, sin llegar a quitárselo, para que vea sus pechos sobresaliendo del sostén, grandes, con los pezones como puntas de flecha.

Cada vez voy más rápido y ella cada vez se penetra y gime más. Primera parada desde que nos tocamos, ni se abren las puertas. Cuando el tren vuelve en marcha no aguanto más y me levanto y avanzo hasta la esquina del asiento de enfrente, poniéndome a un metro de ella. La veo mejor, como se muerde el labio, como saca la lengua mientras mira lascivamente mi polla. Como se toca los pechos y retuerce los pezones. Como está abierta de piernas metiéndose los dedos y gimiendo. Me corro, gimo, mancho su mochila. No se inmuta, solo mira mi semen caer desde mi polla, que aún está erguida.

Se levanta del asiento y se pone de rodillas. Se arrastra, tocando mi semen del suelo, hasta llegar a mi polla aún manchada. Empieza a chuparla. No puedo creer lo que me está pasando, estoy tan puesto que aún la tengo dura. La lame como si fuera un helado de hielo, como si fuera algo delicado. Cogiéndola con las dos manos, pero sin usar fuerza, mientras lame desde los huevos al capullo por toda la polla, hasta limpiarla entera.

Le acaricio la cabeza y enrollo una de sus trenzas en mi mano, tirando su cabeza hacia arriba Me mira, veo sus dientes y como su lengua los repasa. Vuelvo a masturbarme y empujo su cabeza para que mire al frente, a mi polla. Abre la boca, saca la lengua, golpe con el capullo en ella y luego la penetro mientras sigo teniendo su trenza agarrada y mi otra mano pasa a su cabeza. La penetro como si fuera un coño, mala idea, se atraganta. Freno y la saco. Me mira, esta serie. Mi cara muestra preocupación, la de ella muestra enfado o frustración: no estoy seguro.

Me agarra el culo con las manos y abre su boca. Empieza a comerme la polla, lentamente avanzando: se la traga entera. Mi gemido se escucha en todo el tren, así como sus arcadas tras sacársela. Llora, pero sonríe y me mira satisfecha.

Me vuelve a coger la polla, me la menea y mientras lo hace pasa la lengua por el capullo. Pasan unos segundos y empieza a mamarla fuertemente. Otra parada, por la frenada le pego un pollazo sin querer, aunque no se inmuta. No se ve nadie en la estación y las puertas no se abren, el tren reanuda la marcha.

Sus labios aplastan mi polla allá por donde pasan y su lengua después hace estremecerse mientras me rodea y lame todos los resquicios del pene.

Tiro de su coleta, varias veces. Me mire, sonríe, y empieza a chuparla locamente. Adentro y a fuera, haciéndome gemir. Cada vez más rápido. No aguanto más, tiro de la trenza y la levanto haciendo que suelte mi polla. La beso apasionadamente en un inicio, pero el tren vuele a parar y hace que de unos pasos atrás. Ella cae y acaba sentada en un asiento.

Me pongo sobre ella, levantándole el suéter y tocándole los pechos. Ahora comiéndoselos, mordiendo sus pezones.

Su mano llega a mi polla y empieza a masturbármela mientras la otra me acaricia la cabeza Mi mano libre también va a su entrepierna, muy húmeda, y empieza a tocarla. Comiendo con la lleva de mis dedos y luego voy introduciéndolos un poco más para abrir sus labios inferiores y acariciar su clítoris. Empieza a tocarme más rápido y yo comienzo a penetrarle los dedos, cada vez más rápido. Sus piernas se enredan en mi espalda y su mano guía mi polla a su coño. La penetro.

Es algo incómodo, suelto mi mano izquierda de sus pechos y la pongo sobre el cabecero del asiento para mantener el equilibrio. Ella se aguanta también con una mano en el asiento y con la otra en mi cuello.

El tren para entre gemidos, no veo nadie en la estación, pero una de las puertas se abre. Nos quedamos pálidos, pero en vez de frenar acelero porque la situación me pone mucho y ella empieza a gemir más. Veo alguien que ha salido de un vagón girarse sorprendido, creo que no me ha visto. Las puertas se cierran y arranca.

Gime, gime mucho. Más cuando le mordisqueo el pezón cuando tengo la oportunidad entre tantos movimientos de sus pechos, de mis pollazos y del propio tren.

Pasan unos minutos y resbalo, por el sudor, cayendo al suelo. Se ríe y me ayuda a levantarme. Me acaricia la polla y me besa el cuello. Para, se gira y se apoya contra la ventana del tren, estando de pie. Saca culo y se echa la falda arriba, dejando sus braguitas chorreando al aire.

Le aparto con la mano las bragas y acerco el capullo de mi polla. Entra sola, está muy lubricada. Gime. Gimo. Empieza a mover sus caderas, circularmente, mientras yo empiezo a penetrarla.

La cojo de la cintura y empiezo a penetrarla fuertemente. Gime, gimo. Una de mis manos se va a sus pechos y la otra a sus trenzas. La agarro las dos a la vez y estiro. Gime más, mucho más fuerte. Pasa una de sus manos hasta su coño, acariciándoselo y, además, acariciándomela.

El tren está llegando a otra estación. Hay gente, pero están todos mirando el móvil. Veo una seora frente a nuestro vagón; abre la puerta, entra, se exalta y sale corriendo. Se cierra la puerta, el tren sale. Le hemos hecho perder el tren. Paramos un momento y nos reímos pero la propia risa empieza de nuevo el movimiento que incita a seguir con el acto sexual.

“Próxima estación…” La mía. Me pongo nervioso, no quiero parar. Ella lo nota, me ve a través del reflejo del cristal. Se irgue y separa mi polla de su coño, no quiero. Me acaricia la cara, flexiona las piernas y empieza a chupármela mientras no aparta la mirada de mí. Me pone mucho, me muerde el capullo, luego las venas marcadas por su culpa. Pasa la lengua por toda mi polla, una y otra vez, mordisqueando a veces. Pasan unos segundos, empieza de nuevo a chupármela mientras me masajea los huevos. La palpa con los labios, la presiona con la lengua y se la mete profundamente. No aguanto más, estoy a punto de correrme.

Cada vez gimo más y más. Se saca la polla de la boca, con alguna lágrima en los ojos, y se la pone entre los pechos. El sujetador molesta: se lo arranca. Empieza a masturbármela con sus grandes y esponjosos pechos mientras mira mi polla con cara lasciva y lengua abierta. Empiezo a correrme. Apenas sale a presión, imagino que por haberme corrido antes. Sus pechos se manchan, sus labios también y parte de sus mofletes.

El tren para. No deja de lamerme para limpiármela. Las puertas se abren. Ella se aparta y se sienta, tocándose el coño con una mano y limpiándose el semen de los pechos con la otra. Ahora se chupa los dedos.

Salgo corriendo, con la polla fuera. Me la guardo, hace frío, se me encoge enseguida. Se cierran las puertas y ella, con los pechos pegados a la ventana, me lanza un beso mientras me guiña un ojo.

El tren se marcha, me he dejado mi maleta… Espero que me la devuelva o, como mínimo, volverme a encontrar con ella.


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