Relato: Sex & Rock.

¡Buen@s días/tardes/noches!

Hoy les traemos un nuevo relato: Sex & Rock. Sí, sé que tendría listo el mes pasado pero aquí está al fin. Además, para el fin de semana guardo sorpresa y os tengo que anunciar que Perverso Caballero ya ha superado hitos 😉

Una noche aburrida, un flash en la memoria, ese/a atrayente persona que trabaja en un pub, un plan. Disfrutar, beber, sentir la música… y lo que no es música.

Una noche sin más transformada en la gran noche. Lean y disfruten 😉

Sex & Rock

 

Uno de Julio, calor espantoso y por fin un Sábado noche en el que no tengo que preocuparme por trabajar el domingo. El problema es que todos mis compañeros no tienen esa suerte por lo que no tengo ningún plan con nadie. Tenía ganas de ir al bar roquero del pueblo y, más concretamente, ver a la camarera del lugar que tantas risas me ha sacado en infinidad de noches. Ceno y me postro en el sofá sentado, bebiendo una cerveza, hasta que un anuncio con la mítica canción de One de fondo. Harto y decido salir aunque sea solo, algo que nunca he hecho. Sí que es cierto que ninguno de mis compañeros no puede salir pero eso no implica que no pueda ir a un lugar donde haya conocidos.

Me visto para la ocasión, vaqueros negros, camiseta manga corta con el estampado de Metallica y mi cartera dispuesta a tomarse varios chupitos. Bajo de casa, arranco la moto y cuando me doy cuenta ya estoy frente a la entrada del bar. Aún es pronto, las doce, con lo que no se oye mucho revuelo.

—Buenas noches — digo al portero, que me saluda con ganas por el tiempo que hacía que no nos veíamos.

Entro y veo que hay unos tres clientes y la banda que va a tocar preparándose en el escenario que hay al fondo. El olor a alcohol sigue impregnando el lugar. La barra, a mano derecha, aún está limpia aunque no tardará en empezar a llenarse de vasos con alcohol y botellas de cerveza. Tras ésta está el jefe, un antiguo conocido y en el ordenador está un viejo amigo, controlando la música que suena mientras el grupo prepara sus instrumentos.

—¡Buenas noches! — Digo acercándome a la barra.

—Hombre, cuanto tiempo. Al fin te dejas ver.

Charlamos de nuestras aburridas vidas con el trabajo, sobretodo la mía, mientras me bebo la primera cerveza. El grupo empieza a practicar y mi colega que estaba con el ordenador se nos une.

—Las cervezas no saben igual cuando las sirve éste, ¿Eh? — me burlo, haciendo referencia a la camarera.

—Lo que te pasa es que no soy tan guapa como tu amor platónico, caballero — dice el jefe entre risas, mientras me sirve la segunda cerveza.

Pasa los minutos y la gente va entrando y el local se va llenando. La faena va en aumento y me quedo solo bebiendo la cerveza mientras tengo fugaces charlas con caras conocidas.

Unas manos frías me tapan los ojos y alguien me susurra al oído. “Hacía tiempo que no venías”. Reconocería esa voz angelical en cualquier lugar.

—Hacía tiempo que no te veía, mejor dicho — digo, dejando clara la intención de mi visita.

—Pues sí, demasiado. Entre mi trabajo de día y de noche y tú que no paras… —dice, riendo, mientras saca sus manos de mis ojos y yo me doy la vuelta.

Cabello largo, teñida de rojo, con unos ojos rasgados, pequeñitos, de color castaño. Una sonrisa dulcísima, con hoyuelos en los laterales de tanto usarla, un pirsin en su pequeña nariz y un aro en su labio, en el inferior. Como siempre, vistiendo de forma espectacular. Camiseta negra, de tirantes, dejando un buen escote con sus pechos, no grandes pero tampoco pequeños, y una mini falda negra con varias cadenas decorándola. Unas medias negras, de rejilla, que son tapadas a partir de la espinilla por sus botas negras llenas de metales.

—¡Eh, estoy aquí! — dice mientras me sube la mirada empujando mi barbilla. Estaba ensimismado, contemplándola de arriba abajo.

—Estaba contemplando la mayor creación del rock, mujer.

Se ríe, me guiña un ojo y nos damos unos besos en las mejillas por el tiempo que hacía que  no nos veíamos.

—Voy para dentro, a la que pueda estoy contigo — me dice mientras se mete tras la barra y habla con el jefe.

Pasan unos minutos y el grupo empieza a tocar. Justamente hacen covers de Metallica y la gente se alza y baila en el metro cuadrado que le dejan.

—¡Eh! Aquí tu Gin Lemon especial — me dijo la camarera mientras me daba un toque en el hombro. Siempre me los hacía buenísimos aunque nunca quise preguntar porque eran tan especiales. Le guiño el ojo y le pago. Cuando me da el cambio, rápidamente, lanzo una de las monedas y la encesto en su escote. Ella abre la boca, sin decir nada, y se ríe mientras le guiño otra vez un ojo. Coge la moneda, sonríe más pícaramente, y le da un beso para volver a guardar entre sus dos hermosísimos senos. Inconscientemente me muerdo el labio, sin controlarlo, y respiro fuerte. Veo como se moja los labios con su lengua y me contempla pero le piden una cerveza y va corriendo a ponerla.

Miro a mí alrededor y contemplo como la gente se divierte. Levanto mi Gin lemon y me pongo a bailar también, emocionado de recordar la lengua de la camarera rozando sus labios.

Empiezo a bailar. Rozamos caderas entre unos y otros y lo que no son caderas Hay muchas chicas jóvenes en tan poco espacio y noto como hay senos sin sujetador y traseros ondeando frente a mí, sin vergüenza alguna, disfrutando de la noche. Pierdo la noción del tiempo mientras miro a preciosas chicas que me devuelven la mirada. No sé cuánto rato pasa, pero el grupo ha tocado ya varias canciones.

Unas manos golpean suavemente mi trasero y cuando me giro veo a la camarera, sonriendo, que se está poniendo a mi vera.

—¿Ha cuantas has fichado ya, perverso? — dicen entre risas. —espero estar entre ellas.

—Eres la primera y única — le digo, golpeando sus caderas con las mías mientras le guiño un ojo. Sí que es verdad que es la primera, aunque nunca la que toca por desgracia así que tengo siempre a varias fichadas para tener opciones —. Falta ver las opciones que tengo yo — digo, tanteando el terreno.

—Oh, vas a hacer que me sonroje — contesta, devolviéndome el golpe de cadera acompañándolo de una caricia a mi trasero. —Eso merece uno de mis gin lemon especiales.

—No rechazaré tal oferta de tan bella camarera — añadió riéndome —aunque antes voy al baño.

Me guiña el ojo y saca la lengua, esa que tanto anhelo, y acto seguido se mueve para ir tras la barra.

Yo voy hacia el baño, que está bajando unas estrechas escaleras. Mientras bajo veo como suben dos chicas, luciendo un precioso escote con unos senos empitonados y marcándose en unas camisetas sudadas o mojadas de vete a saber qué. Muerdo el labio al verlas y cuando nos cruzamos en la escalera una de ellas roza mi erecto miembro mientras yo rozo sus muslos. Los tres seguimos nuestros caminos.

Llego al baño de los hombre e intento mear con puntería, pues de como tengo el pene todo sale a presión. Me la sacudo y noto como me palpita en cuanto pienso en la camarera. Me la guardo, me abrocho el pantalón y me lavo las manos. Al salir me cruzo con la camarera, cubata en mano, que me mira de arriba abajo.

—Tenía miedo de no pillarte a tiempo — dice, sonriendo muy pícaramente.

—No hacía falta que me lo bajaras, mujer.

—Sí que hacía falta, sí. ¿Sabes cuál es el ingrediente secreto que le hecho siempre a tu gin lemon? — me dice, acercando el cubata a su boca. Niego con la cabeza y sonríe. — Esté… — añade, mientras pasa la lengua por la parte exterior de la copa y luego rodea todo el círculo superior presionando con sus labios. Me pongo a mil al verlo y doy unos pasos, poniéndome frente a ella. Noto como mi pene presiona en mi pantalón y como su respiración, al igual que la mía, se acelera —Pero hoy voy a añadirle uno aún más especial —. Bebe un trago del gin lemon e inmediatamente me da un beso, pasándome el alcohol a mi boca y separando sus labios. —¿Qué te parece?

—Necesitaría probarlo otra vez — digo, sonriendo —Inmediatamente repetimos, pero sin separar los labios. Ella sujeta mi cara con una mano mientras con la otra aguanta el cubata mientras las mías rodean su cintura, escapándose hacía su blando trasero. Nuestras lenguas se entrelazan mientras se calienta el alcohol en nuestras bocas. Muerdo su labio y noto como se nos escapa un poco el líquido por los labios. Trago rápidamente, al igual que ella, para seguir besándonos —Definitivamente este es un ingrediente que el da un toque especial —. Digo tras separar los labios.

—Pues a mí tu toque me gusta más — dice mordiéndose el labio mientras la mano que acariciaba mi cara baja por mi brazo hasta llegar a mis dedos, moviéndolos hasta sus senos.

Mis dedos aprietan su camiseta de tirantes, notando un fino sostén y sus ricos senos tras la tela, a la vez que mi otra mano palpa su minifalda, notando su piel y la ausencia de bragas, posiblemente porque lleve un tanga. Mi mirada esta fija en sus escote, mostrándose más al apretar la camiseta, pero en cuanto subo la mirada la veo contemplándome, mordiéndose el labio, acercando lentamente su boca a mi oreja mientras sigo magreandola a la vez que su mano baja por mi torso, llegando lentamente a mi cintura, hasta posar sus finos dedos en mi entrepierna.

Noto como sus labios se mueve sinuosamente cerca de mi oreja. Escucho su lengua moverse entre su saliva y como su aliento empieza a rozarme en cuanto abre la boca a la vez que presiona con sus dedos en mi miembro.

—Éste sí que sería un ingrediente especial — me susurra y luego pasa su lengua por el borde de mi oreja.

—Tú en sí eres el mejor ingrediente — le susurro en su oreja y luego se la muerdo, empujándola hacia mí, agarrándole el trasero, y encerrando mi otra mano entre sus pechos y mi torso. El cubata se cae al suelo, pero por suerte no se rompe el vaso aunque si se derrama entero — Espero que no sea un sacrificio en vano — digo entre risa mientras aparto mi rostro de su oreja y la contemplo de forma algo más que lasciva. —He soñado con esto mucho tiempo.

—¿Soñado? — pregunta pícaramente mientras empieza a acariciarme el miembro por encima de los pantalones. —¿Solo soñado? — insiste mientras acerca sus labios a los míos.

—Y masturbado — añado antes de empezar a besarnos apasionadamente y toquetearnos como si fuéramos dos bestias en celo. Meto mi mano en su escote y filtro mis dedos por debajo del sostén, jugando con sus pezones rígidos mientras mi otra mano se pasea por debajo de su minifalda comprobando que, efectivamente, lleva un tanga y palpando sus preciosas y frescas nalgas mientras ella no deja de probar la forma de mi pene con su mano, por encima del pantalón, apretando y agarrándolo como puede. —Dios, aunque te llamen no te dejaré ir a trabajar — añado mientras la volteó y la pongo espalda contra la puerta del baño de chicas y muevo mi mano a su entrepierna, ya muy húmeda, acariciando por encima de la tela mientras ella me besa el cuello, marcando sus dientes en él, a la vez que va desabrochándome el pantalón y yo agrandando su escote.

—Yo hoy ya he plegado, me he tomado unas horas libres —dice antes de morderme más fuerte a la vez que mete su mano entre mis piernas y agarra mi pene por encima de los pantalones. —Dámelo… —dice entre bocados mientras desabrocha como puede mi pantalón y baja la cremallera, para empezar a palpar mi miembro por encima de los calzoncillos. Pellizco sus pezones y jugueteo con ellos mientras mi otra mano empieza a presionar su húmedo coñito. Mis labios no dejan su cuello mientras su mano empieza a bajarme los calzoncillos hasta que mi pene sale disparado cual muelle, golpeándole en los dedos, pero lo agarra rápido y lo presiona. Noto sus dedos rodeando mi tronco, palpando mis venas y comprobando lo duro que me lo ha puesto —. Dios… Esto sí es un ingrediente.

Me encanta notar sus manos en mi tronco, noto como se expande aún más entre sus dedos. Le muerdo el cuello mientras ella empieza a acariciarme el pene de arriba abajo a la vez que se aguanta apoyando su otra mano en la pared. Sus piernas flojean a cada movimiento de mis dedos en su entrepierna, apretando suavemente, hundiendo el índice en su coño sin haberle quitado aún el tanga, empapando la tela.

—Eres malo…

—Y tú peor.

Echa la cabeza atrás y me mira, lamiéndose los labios. La beso apasionadamente pero paramos en cuanto escuchamos unas voces bajar.

Son dos chicas, ríen. Están bajando. Nos miramos, nos mordemos y nos ponemos aún más cachondos. Me agarra el pene, me lo aprieta, quiere que se lo meta pero ahora no podemos. Pensamos rápido o mejor dicho no pensamos. Abro la puerta del baño de las chicas y nos metemos para dentro. Me mira, sonriendo, y empieza a besarme y magrearme mientras roza mi pene al descubierto y yo intento llevarla a uno de los dos baños con puerta que hay dentro. Entramos, cierro el pestillo y llevo mis dos manos  a su culo, por debajo de la falda, mientras suenan las cadenas que lleva chocándose.

—¿Sabes que estamos en el baño de chicas y que quienes bajaban eran dos chicas? —dice cómo puede entre beso y beso, mordiéndome el labio, cogiéndome la lengua y queriéndome sacar fuego al miembro.

—Sí, por eso tengo que levantarte… por si miran por abajo que solo vean dos pies —digo mientras agarro sus nalgas y la alzo. Se emociona y me rodea con sus piernas el torso mientras mi pene choca con su entrepierna. —Además, tienes que estar callada —añado mientras empujo un poco, presionando con mi miembro su mojado tanga. Notando sus flujos en la punta de mi pene y viendo cómo me besa para ocultar sus gemidos.

Oímos como la puerta se abre y entran las dos chicas, hablando y riéndose. Se notan algo borracha. Ella empieza a mover sus caderas, como puede, nada más escucharlas. Le ha puesto mucho. Hace que su coñito se mueva hacía arriba y hacia abajo, arrastrando a mi pene. Noto como su tanga se mueve y como cada vez está más empapado y mi tronco se moja. Nos besamos y mis manos aprietan fuerte sus nalgas, para no soltarlas, mientras ella apoya una de sus manos en la puerta y la otra rodea mi espalda.

—¿Has visto a la camarera hoy? —dice una de las chicas.

—Sí, la verdad es que siempre va espectacular —añade otra. La miro, sonrió y le muerdo el cuello. Empiezo a besarla y bajar hasta llegar a su escote, obligándola a tener que aguantar los gemidos sin besarme, mientras las chicas siguen hablando—. Hoy la he visto con un chico que no estaba nada mal, me da envidia —añade, ante lo que muerdo sus senos. Parece que cada vez va más desbocada. Se saca la camiseta como puede y la deja sobre el retrete, dejando al descubierto sus hermosos pechos, guardados con un sujetador negro. La miro y veo su rostro lasciva, conteniéndose, y noto como mi pene palpita mientras su coño va de arriba abajo. Mis dedos, que aprietan fuerte sus nalgas, se mueven hasta mover el tanga lo suficiente como para que mi pene surfee entre sus labios vaginales, totalmente húmedo. Se le escapa un pequeño gemido, que parece no ser escuchado por las chicas.

—Sí, lo he visto. Yo me montaría un trio con ellos —dice la otra joven— o un cuarteto—. Añade y oímos como empiezan a besarse justo en el momento en que mi pene acaba penetrándola “sin querer” hasta el fondo, haciendo que mi querida camarera roquera no pueda aguantarse el gemido y lo suelte, tapándose inmediatamente la boca—. ¿Has oído? —pregunta una a la vez que noto como mi pelirroja no deja de mover sus caderas, fallándome ella a mí en vez de al revés.

—Sí, alguien se lo está pasando bien —contesta la otra mientras oímos más besos. Tras eso me desboco y empiezo a moverme yo también, penetrándola hasta el final y besándola para ayudarle a esconder los gemidos. Ella se aferra a mi camisa, arañándome, mientras no dejo de darle hasta el fondo. Cuando le cuesta más aguantarse me muerde el labio y aprieta fuerte con las piernas para que me mueva más lentamente pero enseguida es ella misma la que empieza a mover sus caderas—. Dejado limpio, luego quizá lo utilizamos —dice la chica, mientras se están marchando las dos riéndose.

—Dios —contesta mi pelirroja separando su boca de mí, para inmediatamente besarme de nuevo.

—Sí, dios —añado tras que me bese, sin dejar de penetrarla.

Sonreímos y vuelvo a su cuello mientras ella empieza a gemir levemente en mi oreja. Me pone muchísimo. Tras un rato me libera de sus piernas y se baja de encima. Se muerde el labio contemplando mi polla mientras se está quitando el sujetador, dejando sus tersos y blancos pechos libres junto a sus rosados y durísimos pezones. Mi boca va inmediatamente a ellos, agarrándolos con suavidad y sorbiéndolos.

—Ui, tenías hambre eh —dice riéndose, mientras su mano acaricia mi pene—. Come, come, pero no tardes en darme más de este juguete —dice, entre jadeos, empezando a masturbarme.

Las agarro, las palpo y lamo. Me las intento meter enteras en a boca, sin éxito obviamente, y las lamo. Agarro sus pezones con los dientes mientras los azoto con la lengua. Los disfruto mientras ella gime y me pajea. Oigo como se escupe en la mano y como luego esa mano va a mi pene, poniéndome muchísimo lo mucho que funciona eso, y una de mis manos empiezan a bajar por su cintura.

—Baja… baja rápido —me susurra en la oreja mientras me abraza la cabeza con su mano, hundiendo mi boca en sus pechos mientras muerde los cartílagos que protegen mi tímpano. Noté como mi pene palpitó, creció, y como su mano se cerró aferrándose a mi tronco erguido que soltaba líquido pre-seminal—. ¿O quieres que baje yo? —susurró y después gimió en cuanto metí mis dedos dentro de su coño y morder fuertemente su pecho. Me enloquecí. Empecé a lamer fuertemente y mover mi boca entre sus pechos, babearlos mientras ella se curvaba y gemía, llevando su boca a mi cuello mientras su mano se movía erráticamente por el tronco de mi pene—. Sí, sí, sigue… sigue… —dije entre jadeos mientras acelero mis movimientos. Cada vez gime más  y llega un punto en que suelta mi pene y lleva sus manos a mi cabeza para sacar mi cabeza de sus pechos y empiece a besarme apasionadamente.

Me mordía el labio, enzarzaba nuestras lenguas y se contraía cada vez que hundía mis dedos en ella mientras la otra mano se fue directamente a sus nalgas, abriéndolas como si quisiera penetrar también su culo. Sus gemidos ahogados cada vez le costaban más aguantarlos hasta que separó sus labios de mí y empezó a jadear muy lascivamente, mirándome con la lengua fuera y ganas de devorarme ante lo que no pude evitar lanzarme a su cuello, momento en que explotó. Empezó a contraerse. Notaba como su coño devoraba mis dedos y como sus gemidos omitían el ruido de la música.

—Sí, sí… dios, dame —decía entre jadeos hasta que se separó de mí, para poder coger aire. Con sus manos en mis hombros y mirándome, lengua fuera, boca abierta, mirada lasciva y sonrisa cómplice pero el sonido de la puerta cerrándose nos hizo mover la cabeza. Nos quedamos en silencio y no se oye nada más que la música, ciertamente parece que había entrado alguien mientras gemía y no nos dimos cuenta con la emoción.

La volví a mirar y estaba aguantándose la risa mientras bajaba muy sinuosamente. Desde arriba veía sus pechos moverse, botando levemente, mientras su rostro tropezaba con mi pene, chocando su barbilla contra mi tronco hasta que este botara cual muelle y acabara en su boca. Mira de reojo hacía arriba, veo como sonríe con mi pene en su boca, con su lengua jugando por mi tronco. Saca mi pene de su boca un momento. Se pasa su dedo índice por la barbilla, recogiendo el líquido pre-seminal que le ha manchado y se lo relame a conciencia.

—Esta vez no dejaré que te aguantes los gemidos —dice, y saca su bonita lengua todo lo que puede, alza mi pene y empieza a lamerlo de arriba  abajo y viceversa mientras yo me estremezco, apoyándome contra la puerta.

Noto como se desliza y como me humedece todo el tronco. Escucho como se separan más sus labios y su lengua se posa sobre mi capullo. Me la come. Su boca baja junto a su lengua y de buenas a primeras veo como entra toda ella. Tiene buena garganta. Suelta algunas lágrimas e, imagino que por mi cara que mezclaba placer y preocupación, me guiña el ojo.
Me muerdo el labio, noto como sus labios presionan i pene y su mano acompaña el movimiento de su boca. Su izquierda me masajea los huevos, con sus finos dedos. Veo, cuando sube casi hasta sacarse el pene, como sus pechos se mueven y me pongo aún más. Mi pene palpita en su boca y mi mente está en blanco como lo que está apunto de llenar su boca.

—Dios, tienes una boca digna de una diosa —digo entre gemidos.

—Pues dame tú el manjar de los dioses —dice ella, sacándose la polla de la boca y abriéndola, poniendo la lengua frente al capullo y sin dejar de masturbarme.

Su rostro lascivo y vivo tras haberse corrido me pone a mil y noto como me queda poco. Ella acelera a cada gemido que doy.

—Queda… poco… —digo como puedo y ella empieza a comérmela de nuevo. Me desboco. Notro como descargo y como ella no deja de moverlo pese a estar llenándole la boca de semen.

Noto como me está exprimiendo. Tras unos segundos se saca la polla de la boca y empieza a lamer las gotas que han ido cayendo por el tronco.

—Dios, que bueno esta —dice, mientras pasa la lengua por los resquicios del capullo para luego volver a comérmela para dejarla totalmente limpia mientras yo me estremezco de lo sensible que me lo ha dejado —. Realmente rico —añade tras dejármela y subir lentamente hasta ponerse a mi altura, gracias a las botas claro.

Nos besamos, nos besamos y nos encendemos pero tras unos segundos para.

—Vamos a ir ya, a ver si nos van a dejar aquí dentro. Seguimos tras el cierre en otro lado… ¿Te parece? —dice, sonriendo.

Nos arreglamos la ropa y salimos para encontrarnos frente nuestro a dos chicas besándose apasionadamente. La puerta que antes oímos no era de salida, sino de entrada, pero habían estado en silencio todo el rato. Son las que nos habían escuchado al principio y parece que quieren alargar nuestra noche.

 

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3 comentarios en “Relato: Sex & Rock.

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