Relato: Cine con amigos, lavabo para adultos.

¡Buen@s y Húmed@s días/tardes/noches!

Imaginaros el plan imperfecto: Una quedada en el cine con el/la chic@ que os pone a mil pero que, finalmente, acabáis solos en una sala… Espero que os húmedezcais al leerlo como yo al escribirlo 😉

Cine con amigos, lavabos para adultos.

Viernes noche, cine de oferta y amigos sin nada que hacer.

El plan está hecho, falta decidir la película. Las chicas tienen la voz de voto. Hay una con el actor favorito de todas actualmente. El que enseña el torso siempre que puede aunque este a sesenta grados bajo cero en mitad de una ventisca.

—Quiero ver esa — Señala, efectivamente, la del actor que les moja las bragas.

Mis compañeros se rebelan. No piensan ver con sus novias a un hombre semidesnudo, si no es que llega a desnudarse.

Debaten, si no es que discuten, y se aclaran. Las parejas deciden ver una película de terror. La soltera la de acción sin sentido con torsos al aire libre. También habrá escotes y me sabe mal dejarla sola en una sala de cine.

—La veré contigo, ¿Te hace?

—¿¡De verdad!?

—Eso, y de paso te la follas cuando se ponga cachonda

Le doy una colleja. No hace falta decir nada. Somos los únicos solteros del grupo y no es que hayamos intimado nunca mucho. Es guapa, cabello largo y negro. Ojos grandes, oscuros también, y muy liberal en cuanto a todo. La hemos visto liarse con chicas, chicos y todo a la vez cuando bebe. Viste siempre elegante, enseñando carnes. Hoy va con unos pantalones rasgados, dejando libre parte de los muslos e incluso viéndose que no lleva, al menos, bragas. Tanga u otro ya no se puede averiguar a no ser que se agache. Bambas anchas y de cintura para arriba lleva una camiseta con una cremallera lateral, ajustada, marcándose los pechos. No lleva sujetador, nunca lo lleva. Además pendientes largos y pulseras, además de estar siempre comiéndose algún palo de caramelo o similares.

—¿En serio vienes?

—¿A follarte o a la película? — Los demás están camino de su sala, pero por las risas imagino que lo han escuchado.

—¿Había más de una opción? Interesante — Lo dice entre risas, pero nunca se sabe cuándo habla en serio o no si hay sexo de por medio.

—Ya veremos las opciones que hay, a ver en qué película me metes.

—A ver qué vas a querer meter tú, listillo — Lo dice muy seria, casi parece ofendida, pero su sonrisa pícara demuestra lo contrario. —Es en la sala uno.

—Vaya, la “mejor” — Mi ironía muestra mi falta de entusiasmo. Retuerce el hocico y me coge del brazo.

—Pues ahora la vas a ver, sí o sí.

—Si estamos solos y la película se sube de tono no me hago responsable.

—¿Responsable de qué? — Sonríe mientras me mira de reojo.

—De lo que me pidas hacerte, cachonda — Se queda con la boca abierta. Se para, se ríe un poco y acerca su boca a mi oreja.

—Si eres tú el que se mata a pajas pensando en mí, listo —Siempre hemos tenido un tira y afloja cuando salimos de fiesta porque nos quedamos solos cuando se juntan las parejas, pero luego nos vamos cada uno por nuestro lado. Será la primera vez que pasemos tanto tiempo juntos a solas. —Y lo sabes.

Me agarra y me lleva a la sala.

No me resiste, tampoco me gustaba ninguna película de la cartelera.

Entramos en la sala. Lo que me imaginaba. La sala uno de este cine está destinada a las películas de poco éxito o que ya llevan mucho tiempo en cartelera. Es la más pequeña, la que tiene la entrada a los baños de ambos sexos junta y en la que apenas entra nadie.

Sala vacía. Están proyectando los anuncios. Nos sentamos en el centro de la sala. Se apagan las luces. Oigo la puerta, la voz de una mujer y a un hombre contestándoles. Ya no estamos solos.

—Qué pena, ya no estamos solos — No la veo por la poca luz que hay al estar proyectando créditos ahora mismo pero estoy seguro de que ha sonreído y sacado la lengua. Me ha parecido escucharla.

—Ja ja ja.

Empieza la película. Hombre alto, rubio, cachas y rico. Practica artes marciales y además tiene carisma y elocuencia. Como no, secretaria sexy que se muere por sus huesos y jadea cada vez que éste le guiña el ojo. No podía faltar la mujer de la limpieza pechugona que tiene que fregar siempre que pasa el por lo que ella humedece el suelo y para colmo no hay malo de la peli, sino mala. Obviamente la vencerá con una penetración profunda.

Llevamos veinte minutos de película. Se ha quitado la camiseta varias veces. Una para usarla para coger a un tiparraco. Otra para que le curen y otra porque tenía calor.

Mi amiga no para de morderse el labio, acariciarse las piernas y pasarse la lengua por la boca. La señora de atrás jadea y el hombre creo que está dormido, no quiero saber qué hace la señora.

—Oye, voy al baño.

—Ni que me tuvieras que pedir permiso.

—Idiota.

Se levanta, baja por la rampa y entra a los baños.

Pasan diez minutos. Ahora que se ha ido y no la escucho a ella oigo mejor los jadeos de la señora y, definitivamente, el hombre está durmiendo.

Pasan otros diez minutos. No ha venido todavía. Con el tono que ha cogido la película, los jadeos de la de atrás y lo que sé que le encanta hacer a mi amiga no puedo imaginarme otra cosa que no sea una que haga levantarme el ánimo.

Me levanto y rápidamente voy al baño. He visto a mi amiga en ropa interior alguna vez y entre mi imaginación y la película seguro que se me ocurre unas buenas imágenes.

Entro en los baños. Tiene una entrada con una pica y luego gira a la derecha. Desde las puertas no se ve el cine ni desde éste las puertas. Paso un minuto mirando la puerta de mujeres. Entro, lentamente, en silencio.

Espejos y varios baños cerrados. Escucho gemidos en el tercero. Me acerco y apoyo levemente la oreja.

—Sí, sí, vamos perverso caballero.

Me empalmo, mucho. Perverso caballero es como me llama siempre. Dice que soy muy amable pero siempre estoy lanzándole indirectas y obscenidades. Escucho como sus dedos entran y salen en su húmedo coño y como gime. Bajo la cremallera y me saco la poya.

—Sí… sí…

Me toco solo de escucharla. Empiezo a pajearme. Pasan tres minutos y me emociono demasiado. No esperaba esto, así que no puedo parar. Me corro. Intento pararlo con la mano pero no puedo evitar salpicar al suelo y entra en el baño por la parte de abajo, donde no cubre la puerta.

Doy dos pasos atrás y abre de golpe.

Tiene cara de sorprendida, de no creérselo. Está de pie, con los pantalones bajados. No hay rastro de tanga ni nada parecido. Los pezones parecen que van a destrozarle la camiseta y por como esta de arrugada ésta se nota que se ha manoseado. Y hablando de manosear tiene su mano izquierda aún en su coño, sin dejar de acariciárselo.

—¿Qué.. que haces?

—Lo siento, yo.

Miro al suelo, sus bambas se han manchado de mi semen. Se agacha y lo toca. Se impregna el dedo índice. Se lo huele. Lo prueba.

—¿Te has corrido escuchándome? — Su rostro de sorpresa con una sonrisa desencajada me dejan descolocado.

—Bueno, tú te has tocado nombrándome.

Me mira la entrepierna. Aún tengo la mano impregnada en semen así como la poya.

—¿Ves cómo eres un perverso caballero?

Se pasa la lengua por los labios mientras se me acerca. Se agacha y me coge las manos. Empieza a lamerlas, a chuparme los dedos.

—¿Qué haces? — Digo entre gemidos.

—Intento que vuelvas a estar funcional.

—¿Qué? ¿Por qué?

Para y me mira, sonriendo pícaramente.

—No te hagas el inocente. No te ibas a hacer cargo de lo que te pidiera, ¿Verdad?

—No lo estamos.

—Aquí sí.

Diana. No tengo nada que decir y menos cuando sigue lamiéndome los dedos, cerca de la poya, muy sensualmente.

—¿Y bien? ¿Qué quieres que te haga?

—Gritar, quiero que me hagas gritar.

Noto el pálpito en mi flácida poya. Es capaz de volvérmela a levantar, estoy seguro.

—Deberás hacer algo con lo de ahí abajo primero.

—Pensaba hacerlo.

En mis dedos tan solo quedan ya sus babas y, sin dejar de mirarme, empieza a acercar sus labios a mi poya. Me coge el pellejo con los labios y me lo estira. Hurga en el con la lengua y saca todo el semen que queda dentro. Se lo traga, me sonríe y me guiña un ojo.

—¿Cómo va?

—Muy bien, seguro que puedes alzarla.

Me acaricia los huevos, suavemente y me agarra la poya con una mano mientras la va moviendo para poder lamerla por todos lados, sin dejar de mirarme y sonriendo en todo momento, muy lascivamente.

No queda ni una gota de lo que he soltado. Esta toda pasando por su garganta.

—Ha crecido un poco, ¿Verdad? — Me la mira mientras se muerde el labio. Más que crecer ha vuelto a su estado normal. La tengo muy sensible y noto mucho cuando su lengua llega a la carne oculta en el pellejo. —Pasemos a mayores.

Saca la lengua y cocha mi polla en ella. Luego la pasea de por la lengua con la mano para finalmente empezar a chuparla introduciéndosela en la boca y aferrando sus labios a ella. Me la chupa unos segundos y luego me estira el pellejo para atrás, para volver a lamer. Apretando fuerte con los labios, rozando con los dientes y pasando su lengua de arriba abajo mientras no deja de movérmela con su mano suave.

—Dios…

Acelera. Mi nombramiento divino parece haberle puesto y acelera. Mi poya crece finalmente y se atraganta. Se la saca, tose. Me mira, sonríe y vuelve a chuparla.

Veo las estrellas. Entre lo bien que lo hace y lo sensible que la tengo tras haberme corrido na vez es como si estuviera en el séptimo cielo. Mis tiemblas tiemblan. Se pasa el pelo tras la oreja y aparta el flequillo. Sigue chupando, cada a vez más rápido. Pasan varios segundos. Para, en el capullo, y empieza a rodearlo con la lengua y golpearlo mientras me va dando mordisquitos. Se la saca de la boca y respira fuertemente.

—Veo que ha crecido.

—Sí, lo ha hecho.

—¿Te acuerdas de lo que te he pedido?

—Por supuesto.

Le doy la mano, me la coge. La levanto y la agarro de la cintura. Se quita con los pies los pantalones, las bambas no. La agarro de la cintura y la desplazo hasta dejarla frente a los espejos. Su reflejo desnudo muestra un lascivo rostro. Le subo la cremallera de la camiseta, introduzco mi mano y le manoseo el pecho mientras con la otra le empujo la espalda para que se incline. Antes de hacerlo se quita la camiseta y la tira al suelo. Sus pechos no son ni grandes ni pequeños, pero muy firmes. Sus pezones resaltan y están entusiasmado. Le agarro el pecho izquierdo y ella apoya las manos en el espejo, inclinándose finalmente. Mi otra mano baja por su espalda hasta llegar a sus preciosas nalgas mientras mi poya va golpeándole la entrepierna.

—Eres muy travieso.

Me inclino sobre ella mientras mi mano baja por su culo hasta llegar a sus labios inferiores. Los acaricio y rodeo mientras acerco mi boca a su oreja.

—No más que tú — Se la muerdo. Se estremece y quita una mano del espejo para pasársela por debajo y empezar a acariciarme la poya. —¿Ves?

Juego con sus labios inferiores mientras le beso el cuello. Los abro, acaricio su mojado interior con los dedos y ella no deja de jugar con el capullo de mi pene, mientras que mi otra mano juega con sus pechos; manoseándolos, apretándolos suavemente y pellizcando sus pezones.

—Vamos, sé que puedes hacerme gritar.

Me estira de la poya y se mueve para poner el coño encima pero me aparto y me agacho. Veo como abre los ojos y me mira por el espejo. Se muerde fuertemente el labio, incluso parece dolerle, pero se muere d ganas de que haga lo que voy a hacer.

Le cojo el culo, lo alzo y con los pulgares abro sus labios inferiores completamente, hasta que se tensan y ella suelta un pequeño gemido. Abro la boca, saco la lengua y acerco mi cara a su coño. Pongo la lengua en él, tapándolo por completo, y la dejo unos segundos inmóviles. Gracias a los demás espejos puedo ver como está y ahora mismo no sabe qué hacer con la boca. Se pasa la lengua, se muerde los labios, me mira…

Muevo la lengua, presionándole el coño, aplastando el clítoris. Gime ahogadamente mientras aguanta por tener la boca cerrada. Muevo la lengua mientras sigo aplastando el clítoris. La punta rodea el orificio por el cual quiere que le meta la poya. Le introduzco la lengua y la muevo rápidamente. Se desboca, empieza a gemir sin contenerse.

—Sí, sí, vamos sigue.

No deja de mirarme por el espejo, lo noto. Pero no puedo dejar de contemplar su coño rosado, empapado, abierto por mis manos y siendo lamido por mi lengua. Solo de pensarlo me pongo y me pongo. Si no me hubiera corrido lo habría hecho ya, solo por comérselo.

Saco la lenuga y empiezo a besar la zona donde tiene el clítoris. Pasan unos segundos y baja una de sus manos. Se mete los dedos. Le muerdo el clítoris. Gime suficiente para que se haya oído en todo el cine. Aguanto el clítoris con los dientes y empiezo a golpearlo con la lengua.

—Sí, sí — No deja de meterse los dedos, de moverlos rápidamente adentro y atrás.

Aparto una de mis manos, empapada, y empiezo a acariciarle el culo, justo por el otro orificio, lubricándolo y empujando lentamente. Con cada empujón lo acompaña un pequeño mordisco o le succiono el clítoris para que ella gima y pierda los estribos, deseando que no me frene. Quinto empujón: meto el dedo.

Sus piernas tiemblan y se resbala, acaba sentándose en mi cara. Me exalto y casi asfixio. El dedo del culo se ha metido hasta el fondo y ha gritado, luego gemido. Lo saco y con las dos manos  le agarro las nalgas, elevándola. Estoy sentado en el aire, con su coño a unos centímetros de mi boca. Puedo verla a través del espejo. Se ha asustado, pero ya se ha reincorporado.

—¿Estas bien?

No contesto, empiezo a lamerle el coño como un perro. No vuelve a preguntar, gime. Acelero y ella empieza a usar sus manos para magrearse los pechos y tocarse el coño, junto a mi lengua. Lo veo por el espejo y me veo la poya también, como si no me hubiera corrido. Como si no me hubiera corrido en años. Se me marcan todas las venas y ella ya no sabe qué hacer con sus labios y su lengua.

En mitad de los gemidos se escucha una puerta. Alguien ha entrado en los baños. Pierdo el equilibrio y caigo de culo, ella encima de mí. Su coño está palpitando encima de mi poya, pero no es momento para eso. Nos metemos en uno de los baños.

Entra alguien al lavabo de las mujeres, imagino que la señora de fuera.

—Seguro que esos dos chavales lo están haciendo y yo con mi marido durmiendo mientras me pongo perraca con la película.

Los dos abrimos los ojos de par en par al escucharla. Estamos cara a cara, muy pegados. Escuchamos como se mete en el baño de al lado, justamente, y como se desabrocha el pantalón, se baja lo que imaginamos que es la ropa interior, y empieza a tocarse y suspirar lascivamente.

La chica se muerde el labio. Pasa los brazos por detrás de mi cuello y acerca sus firmes pechos contra mi torso. Mis manos pasan por su cintura y acaban en sus nalgas, blandas, tentadoras. Acerca su boca a mi cuello. Mi poya palpita, choca contra sus piernas. Ella las mueve y las entrelaza con las mías, quedando su coño rozando con mi miembro viril.

Me sigue besando el cuello, mordiéndomelo y yo hago lo mismo con el suyo. Después me aparta la cabeza, me mira y junta sus labios con los míos.

Nuestras lenguas se desbocan, así como nuestra vecina de cerdadas. Empieza a gemir la señora y nos pone a ambos. Pensar que se están tocando a nuestro lado mientras nosotros hacemos lo propio desnudo y más aún cuando no sabe que estamos aquí.

Las lenguas se descontrolan. Sobretodo la suya, así como sus dientes que empiezan a mordisquear mis labios. Sus manos se separan del cuello y bajan hasta mi polla. Las mías se pierden entre sus nalgas y sus piernas hasta que una se desvía a sus pechos y la otra empieza a presionar su coño. Aprieto el clítoris, deslizo los dedos rápidamente hacía arriba y abajo, rozando y rodeando su agujero. Se os meto. Me muerde fuerte y empieza a pajearme rápidamente. Ahoga un gemido. Le retuerzo los pezones. Separo mi boca y muerdo su cuello.

Mi lengua baja dibujando un resto de babas hasta que se encuentra con la mano que sostiene uno de sus pechos. Parezco un bebe colgando de las tetas de su mano, pero con diferencias. Mi polla palpita entre sus dedos rozando su coño que cada vez dilato más con mis dedos esperando para poder metérsela.

—Metemla.

Me susurra al oído mientras se aparta un poco de mi. Veo su coño y mi polla guiada por su mano. Le agarro la cintura y ella se apoya en las paredes para elevarse un poco. La penetro. Gime. Empiezo a moverla para adelante y atrás, entro y salgo. Las paredes del lavabo se mueven. Ya no se oyen los gemidos de la señora, pero eso nos pone más.

—¿Crees que sigue ahí?

Mi pregunta tarda en recibir respuesta, pues mi amiga gime mientras sus pechos rebotan frente a mí y su cabeza casi choca contra la puerta.

—No lo sé, pero por si acaso dame más fuerte para que se muera de envidia.

Le hago caso, llega a golpearse la cabeza. Paro un momento y cambiamos de posición.

Me pongo donde el retrete, con las piernas abiertas. Y ella se pone de espaldas a mí, sacando culo, apoyada en la puerta.

Le agarro las nalgas y la meto lentamente, luego acelero. Ella me mira desde atrás, con su cabello corto y su lengua fuera. Se la muerde mientras esboza una sonrisa lasciva cada vez que hago que su cuerpo se eche adelante por un pollazo. Le acaricio la cabeza, le agarro el cabello, se lo estiro. Ella pierde una de sus manos en su entrepierna, frotándose el clítoris y mira hacía la puerta, gimiendo como un cochinillo ardiendo.

Me crezco, empiezo a acelerar. Cada vez más rápido.

—Sí, sí. Dios me queda poco.

—Aguanta cabrón, quiero más de lo tuyo.

No sé cuánto aguantare. La puerta se abre, caemos hacía delante y chocamos contra una mujer.

Es mayor, pechos enormes y firmes y algo de barriga. Las caderas anchas y culo salido, pero esbelto y con muy buena formas. Vestido de tubo negro, con mucho escote. Medias de rejillas negras y tacones negros también. Por el espejo se ve que el vestido le deja la espalda al descubierto. Su cara era de sorpresa, como la nuestra. Pero rápidamente le cambia el rostro.

Tiene a mi amiga agarrada por el torso. Yo aún la tengo dentro de ella.

Los ojos negros de la señora se ven más grandes a través de sus gafas, que parecen de abuela con esa cadena que pasa por detrás de su cabello largo y negro azabache teñido. Su nariz puntiaguda hace que sus labios carnosos, rojos como cerezas, muestren una risa lascivamente diabólica.

—Así que sí estabais haciéndolo chicos — Nos hemos sin habla, nos ha pillado. —Sois unos chicos muy traviesos.

—Tú te estabas tocando.

Se e había olvidado que mi amiga no tiene pelos en la lengua y, dicho sea de paso, hoy he descubierto que en el coño tampoco. Mala respuesta. La laza un poco y le muerde la oreja.

—Lo sé, pero lo mío no podéis demostrarlo.

—Haremos lo que quieras.

Mi respuesta le llama la atención y a mi amiga quien gira la cabeza. Inmediatamente la vuelve a girar hacía la seora, pues su mano está acariciándole el coño.

—Follarme también, quiero unirme.

—¿Y su marido, puta?

—Durmiendo, y no me llames nada porque estas cachondísima zorra.

Es cierto. Se ha puesto mucho cuando la ha tocado. Está más lubricada. No espero ni un segundo y empiezo a metérsela de nuevo.

—Serás perverso cabrón…

No vuelve a rechistar. Se vuelve loca por mi polla y la mano de la señora, sabe tocarla. Mi amiga se agarra de sus pechos y empieza a chupárselos. Pronto una de sus manos empieza a pasar por debajo del vestido de la señora para meterle sus dedos. Gemimos todos. La señora va dando pasos hacia atrás, obligándonos a nosotros a dar adelante.

Acabamos con mi amiga contra el espejo, otra vez, yo detrás suyo viendo como me la follo duramente y la señora a un lado. La señora no deja el coño de mi amiga pero se va directo a mi boca con la suya. Nos besamos apasionadamente.

—Acelera todo lo que puedas, yo impediré que te corras — Me susurra tras dejar en paz mi lengua. —Hazme caso — Me repite antes de volver a besarme.

Le hago caso. Acelero. Mis manos se pierden y empiezo a azotar a mi amiga. Cada vez más rápido. A ella empiezan a temblare las piernas. El culo no deja de moverse. Me queda poco y creo que a ella también. La señora me coge la polla y me la saca, metiendo sus dedos. Con los ojos me señala el culo, y miro a mi amiga. Esta con la boca abierta y la lengua fuera. Ojos desorbitados que solo piden más. Lo hago.

Penetro lentamente. Grita, lego gime. Así durante unos segundos hasta que la meto entera. Entra y sale, cada vez mejor. Es una gozada, esta súper apretado y ella no deja de gemir por estar siendo penetrada por dos lados.

—Sí, sí, más rápido. ¡Me corro! — Grita entre gemidos mi amiga. Le hago caso, pero de nuevo la mujer me saca la polla. Aunque esta vez la vuelve a meter el coño de mi amiga. Luego se agacha y se sienta debajo de ella, lamiéndole el clítoris mientras le azota el culo con una mano y con la otra se mete los dedos en su propio coño. —Dios…

Cinco segundos. Desde que la mujer hace eso pasan cinco segundos hasta que mi amiga se corre. Mientras tiene el orgasmo sigo penetrándola hasta que ella misma me dice que pare. Entonces es la mujer quien me agarra la polla y empieza a chupármela. Aparta a mi amiga, quien apenas se mantiene en pie, y se pone de rodillas frente a mí.

—Dios, dios.

La señora la chupa mucho mejor. Se centra en el capullo y no deja de rodearlo con la lengua. Lo succiona y lo babosea. Le da golpes.

—No aguanto.

Hace señas a mi amiga para que vaya junto a ella. Se pone de rodillas, también a su lado. Las dos me miran con cara lasciva mientras la señora me la chupa. Me hacen parecer comida, aunque en cierta forma lo soy.

—Córrete en mi cara cabrón… y en la suya.

Esas palaras son el detonante de que pierda mis fuerzas. Empiezo a correrme y tras el primer disparo la mujer se saca la polla y empieza a dejar que borte mientras no deja de pajeármela. Las dos cierran los ojos y aren la boca, sacando la lengua. Mancho sus frentes, sus parpados, sus narices y parte llega a la lengua.

Cuando para mi amiga se lanza a mi polla para relamer y luego las dos se miran. Se abrazan y empiezan a besarse. La mujer aún no suelta mi polla, la cual sigue moviendo. Cuando quedan limpias de nuevo se levantan.

La mujer, sin decir nada, nos guiña un ojo, nos lanza un beso y se marcha.

—Dios…

—Sí — No me creo lo que hemos vivido. —Tenemos que venir a ver más películas que te gustan.

Se ríe, me golpea el hombro. Vuelve a sonar la puerta. La señora se ha ido. Suena de nuevo, instantes después. Nos alertamos. Entra la señora.

—La película aún no ha acabado. Ahora quiero que hagáis lo que yo diga.

Sonríe. Nos toca otra sesión de cine adulto.

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