Relato: Paso húmedo.

¡Buen@s humed@s días/tardes/noches!

En estos días de puente, frío y lluvias de fin de año rescatamos uno de los relatos más húmedos de todos para que podáis calentaros en el tiempo libre, antes de iros a dormir o… cuando os apetezca sin más 😉

Paso Húmedo.

Salida del trabajo, diluvio, ropas mojadas, un paso elevado y mucha noche por delante…

Espero que os guste el nuevo relato.

Pasillo húmedo

Las diez de la noche. Fin de horario laboral. Recojo mis cosas, las meto en el maletín, me aflojo un poco la corbata y cojo la americana.

Me despido de los pocos compañeros que quedan en la oficina y salgo del edificio corriendo. Cuando me alejo unos metros freno el ritmo y comienzo a andar, como siempre.

Mala idea, tendría que haber seguido corriendo. Sin previo aviso empieza a diluviar de forma exagerada. No pasan dos minutos y las calles están anegadas. Al principio intento cubrirme con el maletín, pero es inútil.

Recorriendo el borde de la carretera llego a un paso superior. No lo dudo dos segundos y subo las escaleras para llegar arriba, que está cubierto.

Por suerte no solo voy a estar cobijado, sino también acompañado.

Hay una chica parada en mitad del pasillo, tiritando de frio y empapada, con los brazos cruzados en un intento inútil de conseguir algo de calor. Tiene el cabello largo, rubio, tan mojado que le chorrea por la espalda y las gotas rodean sus bonitas curvas hasta llegar al final de su vestido de tubo, blanco, que tiene pegado completamente a la piel. Marchando la sensual ropa interior y sus bonitas carnes. Calza unos tacones rosas pastel, igual que un velo que está en el suelo, empapado. Debajo parece haber un bolso.

Todavía no se ha dado cuenta que estoy aquí. Pero bastan dos pasos de mis zapatos empapados para que gire su mirada.

—Hola.

—Ho-hola.

Debe de estar helada. Me acerco despacio. Parece ser un poco más joven que yo, pero rondaremos la misma edad. También parece mucho más guapa que antes, con el agua chorreando por su cara, por sus pechos y por sus curvas.

Me quito la americana, la escurro y se la ofrezco.

—Por dentro no está mojada, te ayudará.

Mala idea para mí, empiezo a notar la helada brisa que entra, pero ella la necesita más que yo.

—Gracias — Se pone la americana, pero sigue temblando.

—Te abrazaría, pero creo que empeoraría la situación.

Lo hace ella. Mi camisa también está empapada y pegada a la piel, al igual que su vestido. Noto sus pechos chocando contra mi torso. Con los tacones es casi igual que alta que yo.

—Perdona…

—No, tranquila — Le froto los hombros para intentar darle calor. Nos pegamos un poco más. Nuestras rodillas chocan. —Sábado noche y tenemos un plan estupendo, ¿Verdad?

—Ya es mejor que el que tenía, me han dejado tirada — Me había extrañado que estuviera sola, pero en ningún momento pensé que fuera porque la habían dejado plantada.

—Bueno… yo tendré que dejar tirado a mis compañeros, pero desde luego estoy mejor acompañado ahora — Veo que sonríe. Aún tiembla. Me la acercó más y le froto la espalda.

—¿No vas a llamarles?

—Se me ha empapado el móvil. De todas formas si les digo que estoy con una chica tan guapa seguro que insisten en venir y me destrozan mi velada romántica.

Vuelve a reírse. Mi tono humorístico me salva de parecer que estoy realmente interesado en ella. Su cara delgada, lisa y pálida por el frio contrasta con sus labios carnosos y rojos así como con sus ojos azul celeste. Parece una muñeca.

—idiota. Seguro que ibas a salir de fiesta con los amigos a ligar — Habla algo mejor. Su voz es tranquila, relajada, pero titubea por el frío.

—Salir de fiesta sí. Ligar ya no se tanto. Para ligar has de ir con un amigo, si vas con gente para hacer un equipo de futbol las chicas ni se acercan — La chica vuelve a reírse.

—Bueno, a primera vista y sin nadie que te empañe me pareces un buen partido para intentar cazar en un sábado noche.

Creo que me sonrojo, pero por el frio y lo empapado que estamos aún no sé si se nota. Mejor que no. Le sonrió y me devuelve la sonrisa.

—¿Tú también ibas a salir de fiesta?

—Sí, bueno. Había quedado con un chico —Suspira, mira a abajo. Ha desaparecido su sonrisa, no puedo permitir esto ni perdonar a ese cabrón.

—Bueno. No sé si valdré, pero soy un chico.

Se aparta un poco. Puedo notar como sus pechos se reamoldan a la nueva distancia. Me mira y me sonríe.

—Como te he dicho, eres un buen partido para intentar cazar en un sábado noche.

—Pues estamos en un sábado noche.

La miro, me mira. El agua que cae de su cabello rodea su nariz hasta bajar hasta la boca, donde gotea en el labio inferior, que no deja de mover. Cierra los ojos. Me acerco. Los cierro también y junto mi boca con la suya.

La chica me aprieta los pectorales con sus pequeñas manos con dedos delgados decorados con unas uñas largas pintadas de rojo. Me araña, me da igual. El beso es pasional, muy pasional. Quizá por despecho hacia el despojo de persona, si es que se le puede llamar así, que le ha dejado plantada.

Separamos los labios. Da un paso atrás. Nos miramos. Nos lanzamos el uno al otro. Los labios vuelven a chocar, mi americana cae y mis manos acarician su cintura y su cabello mientras que las suyas parecen querer hacerme un masaje craneal.

No tardamos en presentar a nuestras lenguas, que se alegran enormemente de conocerse y no dejan de tumbarse la una a la otra. Tras unos segundos de besos continuados y de mi mano agarrando fuerte su cintura para no bajar de ahí separamos nuestras bocas.

—¿Quieres que sea un verdadero sábado noche?

Me mira curiosa. La he pillado desprevenida.

—¿Cómo que “verdadero”?

Abro el maletín y saco el móvil, totalmente seco.

—¡Eh! Eso no es lo que me habías dicho.

—Son trucos de mago, ¿No te ha gustado?

Sonríe. Espera a ver que hago. Pongo spotify, programa para escuchar música, y empieza la reproducción de una lista de canciones de “fiesta sábado noche”

—¿Bailamos?

—No sé, no sé. No bailo con desconocidos así como así.

—Puedes llamarme perverso caballero.

—Pues tú me puedes llamar peligrosa damisela.

—Encantado.

—Igualmente.

Sonreímos. Nos cogemos de la mano y hago que gire alrededor de mí para luego cogerla por la cintura. Estoy detrás de ella, moviendo la cintura a la vez que ella mientras con mi mano derecha le agarro la suya, alzadas, y mi izquierda le coge la cintura mientras que la suya se mueve al son de la música. Mi entrepierna se pierde en su esbelto trasero, mientras que éste se mueve volviendo loco. Paso mis labios por su cuello, por su lado izquierdo, mientras se lo beso ella suspira gime hacia dentro, intentando ocultar placer.

De pronto da una vuelta sobre sí misma y empieza a danzar mientras me coge de la corbata. Mueve hipotónicamente sus caderas mientras sus pechos le acompañan en un movimiento aún más hipnótico, haciendo que me sea imposible dejar de mirar intermitentemente las dos partes.

—Tengo mis ojos en la cara. —Su tono pícaro muestra que no le importa y su sonrisa con la lengua fuera demuestra que le gusta que me la coma con la mirada. —Aunque hay cosas más interesantes que ver — Se encorva un poco y deja ver su llamativo escote, aunque casi me da más curiosidad como se verá su trasero con ese vestido corto de tubo. —¿Ves?

—No lo suficiente, pero como tráiler me vende perfectamente la película.

—¿Sí? ¿Quieres ver más?

—De principio a fin.

—Eres muy atrevido, mi perverso caballero.

—Y usted muy tentadora mi peligrosa damisela.

Sonríe y se muerde el labio. Baja sus manos por la corbata mientras ella también se agacha, sin perder ritmo. Me agarra la cintura y pone su cara a pocos centímetros de mi entrepierna. Abre la boca y roza los pantalones. Sube otra vez, rápidamente y me come la boca.

Estoy a cien, ya no siento frio. Mis manos vuelven a cogerlas, pero esta vez del culo. Noto sus bragas y sus carnes. Ella aprieta mi torso. Lo tomo como una invitación y una de mis manos sube hasta sus pechos. Empiezo a tocárselos. Son blandos, pero firmes. Mi otra mano infiltra dedos por el borde del vestido, queriendo meterlos. Ella me ayuda con su mano.

Sus bragas están algo holgadas por el agua, así que directamente le toco el culo helado, pero morboso. Además de rozar varias veces la zona de su entrepierna, momentos que esconde pequeños gemidos mientras me besa.

Deja de besarme un segundo y pega sus labios a mi oreja.

—¿Qué te parece si lo transformamos en una noche de sábado cien por cien perfecta? — Sus susurros me estremecen, pero más lo hace su mano agarrándome el paquete.

—Me parece perfecto.

Tras mis palabras mis dedos en su culo se mueven hasta su coño y empiezan a acariciarlo. No se lo esperaba y se estremece mientras que, finalmente, gime sin intentar ocultarlo. Algo que me pone aún más y ella lo nota en su mano, la cual aprieta más. Le beso el cuello mientras mis dedos se mojan de otro líquido que no es agua y ella intenta desabrocharme, con éxito, el pantalón.

El agua no deja de sonar, a lo que se le han sumado truenos. Algo que nos asegura intimidad y espacio para hacer lo que queramos. Ella no tarda en tomar ventaja de la situación y se agacha, bajándome los pantalones a la vez que baja ella su cabeza hasta mi polla.

—¿Esto de aquí dentro es tan perverso como el caballero?

Me mira esperando una respuesta, mientras se muerde el labio y baja con sus delicadas manos mis calzoncillos.

—Más que perverso es duro y algo atroz.

—Tendré que domesticarlo — La mira. Se pasea la lengua por sus labios.

—Inténtalo si puedes.

Lo hace. Lo intenta. Se la mete en la boca sin pensárselo dos veces. Ella es más dura que yo. No para de chupar, de succionar mientras no deja la lengua ni la mano quieta. Le agarro la cabeza, los pelos, muy fuerte, mientras no deja de moverla de delante a atrás, rápidamente. Saca la boca y sigue con la mano. Se relame y me mira.

—¿Te gusta?

—Me encanta.

—Te va a gustar más ahora.

Empieza de nuevo, pero esta vez mirándome. Se escucha como la chupa perfectamente, como sobre sus propias babas y el pre-semen que ya he soltado. Adelante y atrás, sin parar, acompañado de la mano. Tras un rato se centra en el capullo y empieza a succionarlo, como si quisiera apartarlo de mi, para luego chuparlo y rodearlo con la lengua acompañándolo de mordisquitos. Se la vuelve a sacar y empieza a golpearla contra su lengua, que deja fuera de su boca.

—¿Quieres más? Di.

—Sí, damisela peligrosa.

—Es peligrosa damisela, castigado.

Dicho esto empieza a pasar la lengua por mi pene, pudiendo ver como lo hace, para luego comienza a dar unos mordiscos que me hacen gemir aún más. Luego para en seco y sube.

—Si quieres que te dé el plato final tienes que alegrarme a mí también, caballero perverso.

—Es perverso caballero, castigada.

Paso mi mano por sus piernas y llego a su coño. Lo acaricio por encima de los labios mientras le mordisqueo el cuello a la vez que mi otra mano se filtra por el escote y pasa del sujetador para tocarle directamente los pechos. Gime levemente.

—¿Quién es una chica traviesa y mojada?

—Yo, caballero.

—Perverso caballero, apréndetelo.

Abro los labios inferiores con mis dedos y empiezo a acariciarlo el coño, el clítoris, mientras hago amagos de metérselos. Le retuerzo e pezón y paseo mi lengua por su cuello. Empieza a gemir constantemente, pequeños, cogiendo aire, casi hiperventilando. Freno un poco, me preocupo, pero enseguida me aprieta la polla y empieza a pajearme. No está mal, está cachonda pérdida. No la critico, yo llevo perdido hace rato.

Entro mi dedo corazón e índice en su coño, lentamente, y ella deja de pajearme unos segundos y con la otra mano eme agarra el hombro mientras se estremece e intenta aguantarse en pie. Gime, gime mucho.

La llevo hasta el muro del paso y la apoyo contra la pared, así será más fácil que se aguante. Le bajo el escote para que queden sus pechos fuera, ella se desabrocha el sujetador y se lo quita, tirándolo al suelo. Empiezo a besarla mientras me apoyo con la mano izquierda en el muro y con la derecha acelero los dedos que le penetran. Ella me coge con las dos manos el pene y, mientras me muerde la lengua, no deja de moverlas.

Se aparta de mí para coger aire. Yo sigo con su cuello y llego a sus pechos, chupándolos como un bebe famélico y, de pecho en pecho, mordisqueando sus pezones y azotándolos con la lengua.

No sé cuántas canciones han pasado, pero cambiamos inconscientemente de ritmo cada vez que suena una. Acaba la que está sonando.

—¿Empezamos con el tema final de la noche?

—Espero que dure unos cuantos temas.

Se sorprende por mi respuesta y se muerde el labio inferior mientras se toca su coño con sus dedos delicados.

Se quita las bragas y se quita el vestido. Se deja los tacones, me pone mil. Cuando deja su vestido delicadamente en el suelo ve como me he alegrado de ver su esbelto y desnudo cuerpo. Empieza a lamerla de arriba abajo mientras la agarra con una mano y con la otra se acaricia el clítoris. Empiezo a gemir y ella acelera en ambos lados, gimiendo mientras le lleno la boca de carne. Me dejo llevar y agarró su cabeza y empiezo a, literalmente, follarme su boca. Tras unos segundos me aparta con las manos y me señala su coño.

—Es aquí donde tienes que follarme.

Se apoya con las manos en el muro y su culo queda totalmente expuesto a mí. Me bajo los pantalones y calzoncillos completamente. Acerco mi pene y empiezo penetrarle el coño lentamente.

—Estoy suficientemente mojada entre la lluvia y esto, así que puedes ahorrarte las delicadezas — Sus palabras suenan entre gemidos. Hago caso y empiezo a penetrarla duramente mientras le agarro la cintura. — Sí, sí, más duro perverso caballero — Gime mucho más a medida que acelero y mis manos se mueven una hacía sus pechos y otra se filtra por sus piernas para llegar a su coño, frotarle el clítoris velozmente mientras la penetro aún más rápido, apoyando mi torso en su espalda.

Gime cada vez más, al igual que yo.

—No aguantare mucho.

—Pues quiero mucho más, solo han sonado dos canciones y media.

Hago un esfuerzo y freno un poco, para luego volver a acelerar. Pero tras sonar una canción más se me sale. No me deja meterla de nuevo. Se da la vuelta y me abraza. Me besa la boca y empieza a pajearme.

—Ha sido divertido.

Su susurro en mi oreja mientras me toca el pene me frustra. Ha sido divertido pero puede serlo más y lo va a ser. Empiezo a comerle la boca frenéticamente y la cojo por la cintura. La elevo.

—Uoooo.

Su exclamación muestra sorpresa pero sabe de qué va la cosa. Se agarra con sus piernas a mi torso y la coloco sobre mi polla, penetrándola. Empieza a moverse ella raídamente. Me apoyo con una mano en la pared mientras le agarro con la espalda en otra. Sus hombros están apoyados al muro y una de sus manos agarra mi cabeza mientras con la otra se frota su clítoris.

—¡Sí! ¡Más, más!

Acelero, no paro.

Escucho pasos subiendo una escalera y de golpe dejan de sonar.

—Sigue, sigue, da igual.

Vuelvo a escuchar pasos, corriendo. Son varios. Pasan por detrás de mí y bajan las escaleras por las que yo subí. Cuchicheaban cosas.

—Nos han visto — En realidad solo la han visto a ella, pero no sé porque me he sentido observado.

—Y me ha puesto mucho.

—Y a mí.

Tras mis palabras le empiezo a comer el pecho a lav ez que acelero.

—Sí, sí, por dios, sí.

No deja de gemir y creo que se corre. Sus gritos alocados lo confirman

—Dios, el mejor orgasmo de mi vida — Me cuesta entenderla entre los jadeos y los gemidos.

—Pues me queda poco.

—Pues para, para.

Tardo un poco en frenar. Es demasiado a adictivo y su coño parece succionar mi pene. Paro. Se incorpora y se agacha, de rodillas en el mojado y frio suelo. Me mira con su rubia melena desaliñada y su cara colorada, además de un rostro muy vicioso.

—Voy a darte el plato final que te dije antes, perverso caballero.

Mi pene palpita, pero lo hace más cuando lo introduce en su boca y empieza a rodearla con la lengua para luego empezar a chupar a delante y atrás mientras pareja con la mano.

No paro de gemir. Estoy a punto. Deja de chuparla, pero no de moverla. Me mira, aún más viciosa, y abre la boca sacando la lengua.

Pongo mis manos en el peno y pone las suyas juntas bajo su cara, abiertas.

—Dámelo todo, mi caballero perverso.

Me ha puesto tanto que ni le rectificare. Me empiezo a estremecer. Me corro. No deja de salir y le salpico en la cara, en la lengua. Escucho y veo cómo va tragando y lamiéndose con la lengua la cara mientras además le va cayendo en las manos. Cuando paro me la vuelve a chupar y me la relame, sin dejar que quede ni un resto de mi semen. Se traga todo lo que queda y me da unos lametones de regalo.

Los restos de su rostro se los quita con la mano. Se chupa los dedos llenos de semen mientras exhala aliento de forma muy sutil. Me la volvería a follar, pero me ha dejado seco. Se levanta, va a besarme. Empiezan a sonar los teléfonos y para.

A ella también le funciona el suyo, no me lo dijo.

Ambos cogemos los teléfonos y contestamos. Son mis amigos preguntado por mí.

Acabamos la conversación a la vez y nos miramos.

—Era el chico con el que había quedado.

—Lo mismo por mi parte.

—Al final vendrá a buscarme, aunque pienso enviarlo a la mierda en cuanto me cambie de ropa y me pague una buena cena.

—Yo me aprovechare de mis amigos. Van a llegar más tarde. Se estaban disculpando. Si supieran que iba a dejarles plantados…

—Al final resulta que si eres un perverso. Disfruta la noche.

—Ya lo he hecho.

—Pues hazlo más si puedes.

Me besa mientras me acaricia el pene y yo su coño. Tras unos segundos nos separamos, nos ponemos la ropa que nos hemos quitado y seguimos nuestro camino, bajando cada uno por las escaleras que había subido el otro.

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