Relato: Final Feliz.

¡Buenos húmedos días/tardes/noches!

¿Qué relato toca hoy? Pues si os he presentado los relatos portada de mis dos antologías ahora toca presentaros el primer relato narrado desde los ojos de una mujer: Final Feliz.

Último cliente del día, masaje completo.

Ves como se acomoda, como se calienta a causa de tus manos… como no le importa que le toques, que le hagas un masaje completo real… Espero que os gusté 😉

Final Feliz.

Ya solo me falta uno. Mi compañera le está haciendo los preparativos y la primera fase para que después vaya yo a hacer el trabajo duro.

Dos mujeres y un hombre me han tocado hoy, ahora creo que hay otro dentro.

Me encanta mi trabajo pero cada vez se me hace más cuesta arriba aguantar las ganas de tocar esos penes o esos sensibles senos. Encima no puedo esconder con la bata que llevamos. Los pezones se me endurecen y si se fijaran seguro que alguna vez verían como se me humedecen las piernas de vez en cuando. Escucharles como jadean de placer mientras les masajeo e incluso ver cómo, a veces, también se les endurecen los pezones, se le humedecen las bragas o, incluso, como se levanta el mástil por debajo de los calzoncillos… es demasiado.

Acabaré haciendo una locura y saltarán las alarmas. Encima sé que eso no quiere decir que ellos quieran hacer nada, solo que están nerviosos porque una chica les toquetee el cuerpo.

—¡Oye! — grita mi compañera, me asusto. Me giro  la veo cabreada. — Te he llamado cuatro veces, ¿Dónde estás?

—Perdón, perdón, me he perdido en mis pensamientos.

—Sí, en tus pensamientos… — dice mientras me mira los pechos, se me han empitonado. — La jefa me ha dicho que hoy vendrá más tarde. Que cierres sin ella.

—Oh, vale. Voy a por el chico. Acuérdate de echar la llave al salir.

—Sí, sí, y tú vete despertando.

Se marcha al vestidor y yo me voy a la sala donde está el chico.

Abro despacio, sin que la puerta suene, y cierro de la misma forma. Está tumbado, de espaldas arriba. Tiene unos hombros anchos y unos brazos firmes, es atlético. Encima no tiene mucho bello, pero no está depilado. Eso me encanta.

Me acerco a la barra que tenemos y me embadurno las manos de aceite especial. Inmediatamente pongo las manos en su espalda y las paseo por ella, embadurnándola toda con delicadeza, despacio. Se estremece un poco, por el cambio de temperatura, pero enseguida se acomoda otra vez. Llevo mis dedos a su cintura y acabo de untarle el aceite, pasando la punta de mis dedos por la franja de los calzoncillos. Me encanta hacerlo, sobretodo cuando están boca arriba y en ese momento a veces no pueden ocultar su miembro viril. Vuelve a estremecerse y mueve su cintura. Me muerdo el labio, puedo ver como intenta colocar su pene en una posición cómoda tras que le haya crecido un poco.

—¿Te habías quedado dormido?

—Oh, no, no que va. ¿Eres la que estaba en recepción?

—Sí, el masaje te lo doy yo. Mi amiga ya se ha marcado.

—Oh, qué bien.

—¿Qué bien?

—Nada, nada — me contesta nervioso y moviendo la cabeza. Suerte que no me ha mirado porque quizá se fuera asustado al ver como muerdo mi labio inferior mientras masajeo sus hombros sin poder parar de pensar en cómo será ese pene acomodándose.

Pasan los minutos y acabo de masajearle toda la espalda. Paso a las piernas, las cual embadurno también, y empiezo por el pie. Así, poco a poco, voy subiendo hasta las ingles, algo que me encanta y estoy seguro de que a él también ya que, a medida que subo, se va acomodando alguna que otra vez.

—¿Se siente bien? — pregunto mientras me acerco a sus ingles.

—Mucho, muy bien — me dice con voz relajada.

—Me alegro — añado justo cuando rozo sus ingles con la punta de mis dedos índice y corazón. Se estremece.

—Lo ha-haces muy bien — dice, ahora nervioso.

—Espero hacerlo mejor aún — rio disimuladamente mientras aprovecho para pasarme la lengua por los labios más que mordidos. Agarro sus muslos bien y les doy un último manoseo antes de pedirle que se dé la vuelta.

Se gira y mis ojos se abren como plato. Él está un poco retraído, parce que le avergüenza, pero yo no puedo evitar de mirar como su pene alza sus calzoncillos hasta tal punto que puedo ver parte de sus testículos.

—Di-disculpa, es que con el calor que hace aquí, la comodidad y el masaje…

—No te preocupes — digo mientras aprieto mis labios y paso mi mano por su brazo. — Eso es que estoy haciendo bien el masaje — añadió mientras le miro, con una sonrisa lasciva.

El respira fuerte. Se muerde levemente mientras muerde su firme labio y me mira con sus ojos castaños, profundos. Mueve la cabeza para quitarse el flequillo de delante de los ojos y se acomoda.

—¿Tienes más clientes después de mi? — Me pregunta mientras embadurno su tórax, con unas abdominales humildes debajo, seguramente hace poco que hace ejercicio, y unos pelos que adornan el perfecto torso.

—Eres mi último cliente, además hoy cierro yo.

No contesta, simplemente veo, de reojo, que me mira de arriba abajo, parándose en los puntos clave: mis senos y sus pezones endurecidos así como la raja de la bata por donde asoma mis piernas, más que húmeda tras ver ese mástil alzando la vela. Tras llenarle de aceite desde la cintura hasta el cuello empiezo a masajearlo por el pecho, lentamente, mientras no puedo evitar mirara cada cierto rato su palpitante pene que me provoca ilusiones infinitas llenas de sexo y lujuria.

Paso a sus abdominales, las palpo todas ellas y sin dejarme ningún rincón. Bajo los dedos, lentamente, hasta el borde de sus calzoncillos. Instintivamente se me meten por la parte levantada a causa del pene y rozo su tronco. Aparto los dedos enseguida al darme cuenta de lo que estoy haciendo.

—Disculpa, con el aceite se me resbalaron los dedos.

—Ah, tranquila. Pensaba que entraba en el masaje.

¿De verdad ha dicho eso? Le palpita más que antes e incluso diría que ha crecido. La jefa va a tardar en llegar hoy, quizá pueda estrenar un nuevo servicio especial.

—Claro, a fin de cuentas el masaje es completo.

—¿Ah, sí? — pregunta nervioso. Creo que en realidad lo está deseando. — Pe-perfecto entonces.

No puedo creer su nerviosismo. Su porte, su cara bien tallada y ese hoyuelo en la barbilla le dan un atractivo increíble. Quizá es que nunca ha estado en una situación así, pero yo tampoco y lo único que hago es pensar en las ganas que tengo de hacerlo con él pero vamos a tener que ir paso a paso si quiero que el servicio especial se estrene con éxito.

—Vamos a continuar — Dijo mientras meto mis manos por sus calzoncillos, agarrando suavemente el tronco del pene. Se estremece y suelta un pequeño gemido. El aceite hace que mis manos envuelvan rápidamente su pene casi por completo quedando solo el capullo por encima del dedo indicie de mi mano derecha. — Está un poco tenso — mentira. Un poco no. Noto como palpita en mis manos y no dejo de apretar. — Vamos  a relajarlo.

—¿Co-cómo?

—Como mejor se hacerlo — digo sin siquiera mirarle. Me muerdo el labio mientras empiezo a masajearle el pene, de arriba abajo, suavemente mientras oigo como él agarra las sabanas y ahoga un pequeño gemido que me pone mucho más caliente de lo que estaba. Voy acelerando un poco y mi mano izquierda la llevo hacía sus testículos, acariciándolos suavemente. Tras unos segundos masturbándole poso mi dedo índice sobre la punta de su capullo. Se estremece y gime. Su mano se pega a mi pierna por la raja de la bata, pego un pequeño bote del susto y me inclino hacía el. Su mano sube por mi muslo, está caliente, pero yo lo estoy más.

Me inclino un poco más y levanto el culo, para facilitarle el camino mientras mis labios se acercan a sus abdominales. Sus dedos suben por mi pierna y rozan mis bragas, estoy totalmente húmeda. Para en seco, pero yo sigo.

Su mano esta inmóvil y me muro de ganas de que me toque el culo. Me muerdo el labio y le miro, él está contemplándome.

—Es parte del servicio completo, puedes seguir — le digo, deseando que me haga caso… y lo hace. Pasa sus dedos por debajo de mis bragas y noto como me aprieta mi carnosa nalga izquierda. Uno de sus dedos sigue la viscosidad de mis flujos bajiales hasta la ingle, rozándome los labios inferiores. — Puedes seguir, yo voy a empezar el masaje a fondo — digo mientras abro mis piernas, bajando un poco, para que mi coño se pose sobre sus mano mientras le bajo los calzoncillos y su pene choca contra mi nariz — ya que esto requiere medidas a fondo… — añado antes de abrir la boca, sacar la lengua y empezar a lamer. Esta duro, rígido pero a la vez blando. Mi lengua presiona sobre su tronco y lame hacía arriba, saboreando la extraña mezcla entre el aceite y su piel así como oliendo un fuerte olor que viene del líquido pre seminal y que me extasía. Su mano aprieta mi muslo y dos de sus dedos presionan los labios inferiores de mi coño, humedeciéndoselos, pero creo que no se ha dado cuenta. Instintivamente ahogo un gemido y empiezo a lamer más rápido mientras le aguanto el pene con la mano y lo empujo hacía mi lengua. — Sigue muy tenso… pero yo también me estoy poniendo tensa. ¿Me podrás ayudar?

—Claro… — Su voz esta más calmada, más templada, no como la mía que es totalmente lasciva. Mi lengua sube hasta su capullo, al descubierto, pasando la punta por debajo y haciendo que se estremezca tanto que me agarra el culo con fuerza, poniéndome más. Subo la lengua hasta la punta del mástil y presiono con fuerza, notando como el líquido pre-seminal me la empapa y hace que saboreé un fuerte, amargo y delicioso sabor sucio. — Me encanta… — me dice y empieza a jugar con mis labios inferiores. Mis piernas tambalean por la sorpresa, no esperaba que fuera tan directo por cómo ha sido hasta ahora.

—Sí… masajéame los labios.

—Y masajéame tú con tus labios.

Me gusta cómo está siendo el rumbo. Esa aclaración me pone a cien me muerdo el labio y abro la boca lentamente cerca de su capullo a la vez que empujo su pene lentamente hacía mi boca. Saboreando el momento como si fuera el instante en que estás  a punto de probar caviar por primera vez. Le oigo respirar fuerte y vuelve a sorprenderme, me agarra la cola del pelo. Está claro que es lo que quiere. Me meto velozmente el capullo de su pene en mi boca. Retuerzo mi lengua en su palpitante pene y me la trago todo lo que puedo nada más empezar, para que sepa que es un buen masaje masturbador.

Gime y me estira del pelo mientras me empieza a acariciar el clítoris, le ha costado encontrarlo. Estoy empapada y me gusta mucho como me lo acaricia, me lo pellizca y me empieza a meter los dedos. Dos de golpe, apretados que empuja y mueve por mi interior. Me saco la polla inmediatamente de la boca y empiezo de nuevo a lamerla y saborear su tronco y esa vena ancha que tiene.

Lamo cada vez más rápido y se la cojo con ambas manos y hasta muerdo. Intercambio a ratos metiéndomela en la boca a la vez que se la masturbo. Me tiro varios segundos así, el cada vez gime más y me empieza a masturbar más eufóricamente. Sus dedos se vuelven loco en mi interior, tanto que mis piernas no dejan de tambaleare y tengo alguna arcada mientras se la chupo porque no controlo bien ni freno a tiempo, pero eso no me detiene. Succiono, mordisqueo, lamo y sorbo haciendo gran ruido mientras me tira del pelo cada vez más.

—Dios, si sigues así… — Me mete un dedo más y acelera. ¿Si sigo así que? ¿Se correrá? Quiero y a la vez no, sin embargo mis manos y mi boca van más deprisa que mis pensamientos, sobretodo porque por culpa de sus dedos tengo la mente en blanco.

Sus dedos empiezan a empujar mis paredes vaginales mientras chorreo y mi lengua no deja de retorcerse alrededor de su polla mientras succiono y voy de arriba abajo, metiéndomela todo lo que puedo y lo más rápido que sé junto a mis manos agarrándosela fuerte palpando sus movimientos, sus venas y notando como el flujo empieza a circular.

—Sí, sí, dios… — Me tira fuerte del cabello y sé que es la señal. Siempre he querido que esto me pasase en el trabajo y finalmente mi cuerpo caliente verá hecho realidad su sueño. No paro, sino que acelero. Empieza a fluir a borbotes su semen. Caliente, pringoso, amargo y delicioso. Sale muchísimo, pero no dejo escapar ni una gota. Me cuesta respirar pero mis dientes y mi lengua están gozando casi más que yo. Sigue emanando, a cada chupada, pero cada vez menos. —Dios, lo siento. No he podido pararlo. — Y ni lo ha intentado, a mí no me engaña. Intento decirle que no se preocupe, pero tengo la boca tan llena de carne que dudo que se haya enterado. Me saco el pene de la boca, ahora se lo digo bien, y acabo de limpiar su pene con mi lengua. Esta flácido, pero aún grande. Es como esos consoladores baratos que encuentras en cualquier expendedor. Me lo trago todo y me levanto, haciendo que sus dedos se deslicen hacía fuera de mi húmedo coño, algo que me fascina.

—No creas que esto acaba aquí — Le digo mientras le sonrió.

—Perfecto, aunque no sé cuándo podré volver — contesta, en clara referencia a su flácido pene.

—Para eso tengo una solución — una solución de aceites y hierbas vigorizantes, junto a un masaje. Me acerco al mueble donde hay varias cosas de las que me ha preparado mi compañera pero él me agarra desde atrás y me embiste contra él.

—Tú eres la solución — me dice mientras giro la cabeza. Su mirada se ha vuelto lasciva y me pone a mil mientras pasa su mano por debajo de mi bata, acariciándome el coño, así como noto su pene, endureciéndose de nuevo, empujándome las nalgas. Empieza a besarme el cuello y a introducirme sus dedos. Su otra mano esta desabrochándome la bata y yo empiezo a retorcerme mientras le empujo con mi culo y me agarro en el mueble. —¿Ves cómo funciona? — me dice mientras acelera con los dedos y gimo, mucho. No esperaba que me viniera por detrás y tampoco esperaba no tener el dominio de la situación. No me disgusta, me pone.

—Parece que la que tiene que ser relajada ahora soy yo — digo entre gemidos justo cuando me acaba de desabrochar la bata. Me saca los dedos de mi interior, brutamente, y ambas manos van directas a mis pechos, por debajo del sujetador. —¿Te gustan?

—Me encantan, están blandos y son grandes — dice mientras me los agarra bien y me los amasa, como si fuera pan, haciendo pasar mis pezones entre sus dedos y apretándolos constantemente. — Y ahora me toca masajearte a ti.

—¿Servició completo? — pregunto, con vos lasciva, mientras le miro de reojo.

—Servicio completo, señorita — Me muerde la oreja. Me estremezco y me muevo como puedo hasta tirar la bata al suelo. Estoy en ropa interior y con los zapatos del trabajo mientras él está con su pete entre mis nalgas. Mi mano derecha se va automáticamente a su pene mientras me aguanto con la izquierda. Empiezo a masturbarle, me inclino un poco y hago que choque contra mis húmedas bragas. Por su parte el sigue mordiéndome la oreja, el cuello, besándomelo y apretándome los pechos. —¿Quieres un poco de aceite natural en tus pechos, para mejorar el masaje?

—Por favor, sí… — Gimo, gimo mucho. Su mano derecha ha ido directamente a mi coño y mi cabeza se ha quedad en blanco. Me mete dos dedos, a una velocidad vertiginosa, mientras le agarro el pene y apenas puedo movérselo de lo que estoy sintiendo. Además de eso empieza a retorcerme los pezones con la otra mano y a lamerme, con toda su lengua, el cuello. Se tira así varios segundos, o minutos, no lo sé. Saca los dedos y ahora pasa toda su mano por mi coño, abriéndome los labios, pellizcándomelos y haciendo amagos de entrar que no hacen otra cosa que ponerme más y hacerme gemir. — Creo que ya está — dice mientras vuelve su mano a mis pechos, embadurnándolos de mi flujo vagina. — Este aceite es de muy buena calidad.

—Estoy segura… — digo mientras muevo mis ya débiles piernas para bajarme las bragas, o lo que queda de ellas. Su pene se escapa de mis manos y empieza a empujar mis nalgas, golpeándolas, vuelvo a cogérselo y se lo guio hacía mi coño, resbalándose por encima de mis labios a causa de lo húmedo que está. — También debemos lubricarlo a él, ¿No te parece?

No contesta, solo respira fuerte y ahoga gemidos. Empieza a acelerar su pene por mis labios y jugar más bruscamente con mis pechos. Me roza el clítoris y no puedo evitar gemir de nuevo. Me gusta, me gusta mucho. Muevo mis piernas y mi culo, para que vaya más rápido, para que me lo roce más. Chillo. Ha entrado, todo su pene ha entrado bruscamente y me ha empujado contra el mueble. Se queda quieto, con él dentro, sin decir nada. Empiezo a mover mis caderas, cada vez más rápido y enseguida lo entiende. Acelera él también, nos sincronizamenos, y empiezo a gemir.

—¡DIOS, SÍ, SÍ! — gritó mientras no deja de penetrarme.

—Vamos a ver… — dice el entre gemidos también.

Suelta mis pechos y me agarra suavemente de la barbilla y me ira para atrás, me levanta, mientras dirige su mano derecha a mi clítoris, a mis labios, acariciándomelo y pellizcándolo a la vez que me penetra. Mi mente está en blanco, solo noto como su pene empuja mis paredes vaginales y como mi clítoris no deja de recibir estímulos. Veo costosamente su mano que me sostiene la barbilla, entre empujón y empujón, y muevo la cabeza hasta llevarme sus dedos a la boca. Entran dos; el corazón y el índice, y mi lengua se pierde en ellos.

—Dios, como me pones — escucho decirle. Yo solo gimo, cada vez más y él, a cada gemido, acelera.

Pasamos unos minutos así y de golpe, sin aviso, me saca el pene de dentro y su mano de mi boca. Me da la vuelta y me agarra, me eleva y me sienta en el mueble.

—Vamos a finiquitarte esto — dice mientras acerca su boca a la mía. Me adelanto y le acerco la cabeza para besarlo. Nuestras lenguas no dejan de entrelazarse mientras mis piernas se enredan en su espalda y su pene empieza a penetrarme. Mi culo no deja de deslizarse por el mueble y éste no para de crujir mientras el capullo de su pene se estampa dentro de mí a una velocidad de vértigo. Mis pechos botan, sus manos me agarran el culo y no deja de empujar. Me muerde la lengua, el labio, la lengua otra vez. Aparto la boca y empezó a gemir.

—Sí, sí, dame más así — grito desesperada. — Más, más, — añado. Estoy a punto de correrme.

Él, sin decir anda, lleva una de las manos que agarra el culo a mi cintura y, con su pulgar, empieza a acariciarme el clítoris a la vez que acelera la penetración. Su boca me muerde el cuello, salvajemente, dejándome marcas casi seguro. Me da igual, ahora mismo me da igual todo, solo quiero que  me estampe contra el mueble. Falta poco, muy poco.

Se abre la puerta, veo a mi jefa. Se asombra, y mi cara no puede ser más de gozo. Él cliente parece haberse dado cuenta a causa de mis gritos, que no hacen más que aumentar. Veo como la jefa se lleva una de sus manos a la falda, a su entrepierna, mientras se muerde el labio. Mi mente se ha roto, ya no aguanto más. El que me pille, el verla ahí mirando como follo en su clínica, hacen que me corra.

—Sí, SÍ, SÍ ¡DIOS! ¡DIOS! — No paro de gritar y el no para de darme.

—Yo también me voy a correr, dios, dios.

Empieza a gemir. Noto como todo su semen, caliente, se mezcla con mis jugos vaginales dentro de mi coño y no para, no frena, cualquiera diría que lleva días sin correrse y tan solo hace unos minutos que me tragué, por arriba, todo su semen. Sigue empujando, sigue gimiendo y yo me agarro ferozmente a su espalda. Me levanta y sigue dándome, hasta que se queda sin fuerzas y, con cuidado, me deja otra vez en el mueble. Le sonrió, le beso y respiro.

Mi jefa tose, él cliente se asusta y se gira. Se queda paralizado mientras yo le abrazo por detrás, moviéndole el pene, a la vez que mi jefa, ya desnuda, se le acerca.

—Servicio completo, te lo dije… — le susurró en la oreja.

P.D: Pronto habrá nuevas noticias. No olvides visitarnos en: https://www.facebook.com/PerversoCaballero/

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